Petraeus critica la incompetencia rusa tras perder Irak y Afganistán
El general David Petraeus, excomandante de las fuerzas estadounidenses en Irak y Afganistán, sostiene que «la incompetencia rusa es pasmosa». La afirmación, recogida en una entrevista de media hora, ha reabierto el pulso sobre quién tiene autoridad para dar lecciones de estrategia militar. Porque Petraeus dirigió dos guerras que Estados Unidos ganó en el campo de batalla y perdió en el plano político.
Cero guerras ganadas, resume una parte del análisis. Otra responde con el mismo argumento invertido: si tan incompetente es el ejército ruso, por qué lleva dos años y medio sin doblegar a Ucrania.
Qué dijo Petraeus y por qué genera rechazo
La entrevista se presenta como una pieza de referencia:
media hora de contenido sobre doctrina militar, logística y liderazgo. El problema es el currículum. Petraeus supervisó la invasión de Irak en 2003, el aumento de tropas de 2007 y la retirada de Afganistán. En Irak, el gobierno de Sadam Husein cayó en semanas. En Afganistán, los talibanes fueron derrocados en meses. Y en ambos casos, dos décadas después, el resultado fue el mismo:
el ejército estadounidense se marchó y los gobiernos que dejó atrás se desmoronaron.
Hay quien sostiene que esa lectura confunde dos cosas distintas. La eficacia operativa —derrocar un régimen, ocupar un país, destruir un ejército convencional— es una cosa. La victoria política es otra. Y por ese rasero, Petraeus perdió las dos guerras que dirigió.
El consejero delegado de KKR, como se le llama con retintín, da lecciones desde un despacho de inversiones.
El argumento que desmonta la comparación
La defensa más repetida es la asimetría de escenarios. Petraeus solo se enfrentó a ejércitos tercermundistas, sometidos a sanciones durante décadas y sin apoyo militar externo.
No tiene experiencia en conflictos simétricos como el que libran Rusia y Ucrania. Su especialidad fue el control de insurgentes en territorios ocupados, un problema táctico que no se traslada a una guerra de artillería, drones y trincheras.
El contraargumento es demoledor por el otro lado. Estados Unidos invadió Irak al otro lado del mundo, eliminó su gobierno en pocas semanas y sufrió un número ridículamente bajo de bajas propias. Rusia lleva dos años y medio para conquistar una superficie equivalente a la de Portugal en un país vecino, con buenas comunicaciones, terreno llano y sin obstáculos geográficos más allá de algún río.
Cientos de miles de muertos y heridos entre ambas partes.
¿Ganó Estados Unidos la guerra de Irak?
Militarmente, sí. Arrasó el ejército iraquí, ocupó el país y se quedó el tiempo que quiso. Otra cosa es lo que vino después: el vacío de poder, la insurgencia, el auge del Estado Islámico y una retirada que dejó Irak en la órbita de Teherán. Quienes defienden esa tesis comparan el caso con la conquista de México: Hernán Cortés no perdió la guerra contra los mexicas porque México se independizara después.
Quienes la rebaten señalan que la victoria militar sin victoria política es una derrota diferida. Y que presentar la invasión de Irak como un éxito operativo exige ignorar que se basó en información falsa sobre armas de destrucción masiva.
La excusa la inventaron los propios servicios de inteligencia occidentales, no un traductor confundido.
El frente que sí importa: Kursk y el desgaste ruso
La conversación derivó pronto hacia el terreno. La incursión ucraniana en la región rusa de Kursk se lee de dos maneras. Para unos, es una operación de desgaste que obliga a Moscú a distraer efectivos. Para otros, es una invasión sin conquista: entrar no es asegurar. Rusia, en cambio, ha incorporado varias repúblicas antes ucranianas a la Federación y mantiene el control del territorio que ocupa.
El cálculo de bajas es un campo minado. Las cifras que circulan van desde
10.000 muertos en Kursk hasta un millón de bajas totales, pasando por los 100.000 que se atribuyen al lado ruso. Ninguna procede de una fuente verificable. Lo único que sostienen ambas partes es que el desgaste es enorme y que el tiempo juega en direcciones opuestas según a quién se pregunte.
La sombra de la OTAN y el desgaste de Ucrania
Aquí el análisis se parte en dos aguas. Una corriente sostiene que Ucrania no lucha sola: recibe armamento, inteligencia y asesoramiento de la OTAN, lo que convierte el conflicto en un pulso indirecto entre Rusia y la Alianza. Otra responde que eso no cambia el fondo: si el ejército ruso fuera tan competente como se le supone, dos años y medio después debería haber resuelto la papeleta.
El coste humano lo paga Ucrania. El material lo pagan los contribuyentes europeos. Y el desgaste estratégico lo paga Rusia, que ha visto cómo Suecia y Finlandia entraban en la OTAN y cómo su economía se reorientaba hacia China e India a precio de saldo.
La operación especial de tres días con destino Kiev cumple ya su tercer año.
El punto donde el análisis se atasca
Petraeus tiene razón en algo: la incompetencia rusa en la fase inicial de la invasión fue evidente. El asalto al aeropuerto de Hostomel, la columna de 40 kilómetros detenida a las puertas de Kiev, la falta de coordinación entre fuerzas. Todo eso ocurrió y está documentado. Lo que no se sostiene es la conclusión que se extrae: que Rusia vaya a perder la guerra.
Porque el mismo general que diagnosticó esa incompetencia también dirigió la retirada de Afganistán. Y ahí, el ejército más poderoso del mundo tardó veinte años en entender que no se puede ganar una guerra que no se sabe para qué se libra. Con Ucrania pasa algo parecido, solo que al revés: nadie sabe cuánto territorio basta para declarar una victoria, ni quién firma la paz, ni qué pasa con los millones de desplazados. El análisis se atasca exactamente ahí.