Cataluña 4,6% de ascendencia norteafricana; el País Vasco, 0%
¿Cuánto de bereber, cuánto de romano y cuánto de celta lleva el ADN medio de un español según la región en la que nació? Un desglose de ascendencia por medias regionales responde con dos cifras que se citan solas:
Cataluña aparece con un 4,6% de componente norteafricano y el
País Vasco, según la lectura que hizo un participante, con un 0,0%, más otro 0,0% de romano y un 80% de ibérico. Quien firma el cálculo avisa de que esto no debería servir para dividir a nadie: un componente compensa al otro y deja a todas las comunidades casi en el mismo punto del gráfico de distancias genéticas. Los rasgos físicos, dice, son los mismos en toda la península.
Qué significan West Euro, Iberian, Roman y North African
El desglose se apoya en cuatro etiquetas.
West Euro agrupa lo celto-germánico;
Iberian recoge el componente ibérico de la edad del hierro, la España prerromana;
Roman se reserva al mediterráneo oriental, con lo grecorromano y lo fenicio-púnico metidos en el mismo saco; y
North African designa el norteafricano puro de la Antigüedad y la Alta Edad Media, antes de las mezclas con árabes y subsaharianos.
Las medias se calculan, según el autor, sobre españoles nativos sin mezcla extranjera reciente. Canarias queda fuera: la población de las islas obliga a aislar el componente guanche del norteafricano que ya traían los colonos peninsulares llegados en los siglos XV y XVI. Eso, dice, va aparte.
De la muestra de saliva a las coordenadas: cómo se calcula
El método convierte las muestras de ADN en coordenadas numéricas y las cruza con referencias antiguas. Cuando aparece un esqueleto de época y se le extrae ADN, esa muestra acaba también traducida a coordenadas y sirve de fuente en calculadoras de ascendencia como las que usan
Vahaduo o Global25. Con muestras modernas y antiguas en la misma escala se estima qué proporción de cada población actual procede de cada bloque antiguo.
Quien publicó el trabajo sostiene que lo ha montado junto a un colaborador de Países Bajos y que no es un copia-pega de internet, pero no ofrece enlace ni los datos de partida. Las réplicas más duras han insistido exactamente en eso: sin proceso de cálculo ni fuente original, el resultado no es verificable. El detalle de las coordenadas y las medias ya cerradas por zona queda en el material de origen, no en el resumen.
Cataluña, el País Vasco y las medias por provincias
El 4,6% catalán y el 0,0% vasco son las cifras más citadas, pero el cálculo baja al detalle provincial. En Aragón no se comporta igual el norte, el centro y el sur; en la Comunidad Valenciana, tampoco Castellón, Valencia y Alicante. Castilla y León se parte en dos: la zona occidental se parecería a Asturias o Extremadura y la oriental a Cantabria o La Rioja.
León igual a Asturias, Castilla igual a Cantabria, resumido a toda velocidad. Cataluña acumula más medias porque concentra más muestras de test, lo que permite separar zonas; en otras comunidades eso todavía no es posible.
De ahí sale una consecuencia incómoda para más de un relato: tras casi
700 años de presencia musulmana en la península, el peso atribuido al componente norteafricano puro es bajo o directamente nulo en varias medias. Y de ahí también se extrae que la población vasca sería la más cercana a los iberos prerromanos, una lectura que en el mismo intercambio se discute.
Las grietas del método que se discuten
Las objeciones no son menores. ¿Cómo se juntan celtas y germanos, que llegaron con la misma migración indoeuropea, y se deja a los romanos en un bloque aparte? ¿Por qué griegos clásicos y fenicios comparten etiqueta? La respuesta del autor es que el gráfico
da masticado el resultado usando poblaciones modernas, y que celtas y germanos tenían perfiles parecidos porque ambos acumulaban mucha ascendencia esteparia.
Hay quien recuerda, además, que muchos marcadores del norte de África son tan europeos como los de un polaco. Y una advertencia técnica que suele caer en saco roto: los haplogrupos no miden la mezcla; el ADN autosómico sí. En palabras del propio cálculo, un haplogrupo típicamente asociado a poblaciones subsaharianas no convierte a nadie en otra cosa.
Los godos, los belgas y el componente iberomauritano
Entre los cálculos secundarios aparecen curiosidades genéticas. Los godos originales, se sostiene, eran próximos a suecos y escandinavos; los visigodos que entraron en la península se parecerían más a
belgas y alsacianos tras siglos de contacto balcánico como federados. El componente paleonorteafricano, el iberomauritano —Taforalt, Mechta-Afalou—, se identifica con un cazador-recolector aborigen del noroeste de África.
El autor deja además una puerta abierta: quien tenga el fichero
raw data de su test puede subirlo a una herramienta de simulación, obtener sus coordenadas y pedirle el desglose personal. Las coordenadas, insiste, no permiten localizar a nadie.
Del ADN al padrón municipal
La conversación derivó pronto a terreno demográfico. Circuló un mensaje del político Alejo Vidal-Quadras en el que se afirmaba que
más de la mitad de los residentes de 20 a 39 años en Barcelona son extranjeros nativos, dato con el que parte del intercambio quiso cerrar el argumento sobre el futuro de la población.
El 4,6% catalán y el 0,0% vasco seguirán dando conversación mucho después de que nadie recuerde qué es una coordenada de Global25. Un componente compensa al otro, insiste el cálculo.