El golpe de Estado en China que se probó con un artículo sobre la Guerra del Opio
Un golpe de Estado en China, Xi Jinping depuesto, un gobierno militar dispuesto a la «guerra total» contra los «demonios occidentales» y llamadas entre Moscú y Pekín para sellar una alianza contra Europa y Estados Unidos. Ese fue el relato que se movió con la etiqueta de rumor «muy potente» y que cuatro años después sigue sin un solo elemento verificable. La prueba más elaborada que llegó a ofrecerse no era un parte militar: era un texto publicado en la web del diario del Ejército Popular de Liberación sobre la Guerra del Opio y los más de
750 tratados desiguales impuestos a la China antigua.
Qué decía el relato del golpe de Estado en China
El guion era de manual. El Ejército habría depuesto al presidente chino; el nuevo gobierno militar sería partidario de una guerra total contra Occidente; Moscú y Pekín habrían multiplicado las llamadas para dejar clara su alianza; y la
guerra nuclear podría desencadenarse en cualquier momento. Ni un nombre, ni una fuente, ni una confirmación. Solo la advertencia de que el rumor era potente.
El detalle tampoco ayudaba. Uno de los mensajes añadía que las cancelaciones masivas de vuelos del día anterior encajaban con el golpe y lo ilustraba con un enlace a un medio que ha hecho de las filtraciones sin contraste su línea editorial. La conclusión que se extraía era que todo cuadraba.
Cómo no.
El día 14, el día 16 y una columna de 80 kilómetros
Con los días apareció la versión más trabajada. Según ese relato, Pekín se sorprendió al saber que el día 14 Xi Jinping había visitado Asia Central; esa misma tarde, un veterano del Comité Permanente habría convencido a otro cuadro histórico y habría tomado el control de la Oficina de Seguridad Central esa noche. Xi regresó a Pekín la noche del día 16 y habría quedado bajo control en el aeropuerto, con arresto domiciliario en su residencia de
Zhongnanhai. El propio mensaje cerraba con un reconocimiento incómodo: no es posible buscar una confirmación.
A partir de ahí, el relato se pobló. Una columna de
80 kilómetros de equipo militar avanzando hacia Pekín y los líderes del país arrestados. Un mensaje difundido por un canal de televisión indio asegurando que el presidente chino había sido apartado como jefe del Ejército Popular de Liberación y puesto bajo arresto domiciliario. Y, como remate de autoridad, ese artículo del diario militar sobre la humillación de la China antigua a manos de las potencias extranjeras. Es decir, un texto de historia.
¿Por qué se descartó el golpe? Los tanques y el congreso del partido
La explicación más sobria llegó desde dentro del propio asunto: los tanques estaban en la calle porque el presidente chino había convocado un congreso del partido, con votación incluida para reelegirle, y el despliegue era una operación de seguridad. El paralelismo con las cumbres occidentales —donde, además de perros detectores, se despliegan efectivos— resulta bastante más plausible que una asonada silenciosa.
Había más. El Ejército Popular responde ante el partido, no ante el Estado, de modo que la idea de una cúpula militar actuando por libre choca con la arquitectura del sistema. Y el país más estable del planeta, con una organización interna que causa asombro incluso entre sus críticos, no se juega su posición por una aventura bélica que no le reporta nada. El cálculo de fondo es otro: planes económicos de largo plazo, rearme nuclear y tecnológico, y Taiwán por presión económica y social en lugar de por desembarco. Con Europa copiando el modelo chino y Washington relegado,
¿para qué la bomba?
Añádase un detalle que el relato prefería ignorar: el gigante asiático mantenía su posición sobre Ucrania sin subirse al carro de Moscú.
¿A quién le sirve el relato de la guerra total?
Aquí el análisis se vuelve menos amable. La tesis que circula con más fuerza sostiene que detrás de todo está el interés por los recursos rusos —agua, hidrocarburos, cereales, minerales— y que Europa se está desangrando con la colaboración entusiasta de sus élites atlantistas. Un golpe en Pekín justificaría el rearme, la ruptura de cadenas de suministro y el aumento del gasto militar sin pasar por el parlamento. La amenaza nuclear, como horizonte permanente, es el mejor argumento comercial que existe.
No todos compran el marco. También hubo quien se limitó a preguntar dónde había sido el golpe, si en el lado oculto de la Luna, y quien señaló que el pronóstico estrella —octubre, según la versión más repetida— había pasado sin novedad. Cuatro años después, el asunto ha envejecido regular: los enlaces que iban a demostrarlo llevan a la portada de un medio generalista y a nada más.
Queda la pregunta incómoda. Si el golpe nunca existió, ¿por qué un relato tan frágil se sostuvo con tanta fe? Puede que la demanda de explicaciones simples para un mundo que se reorganiza supere siempre a la oferta de datos. O puede que a alguien le convenga exactamente eso.