Gonzalo Rodríguez García no tiene hijos y el antiwokismo se mira al espejo
Gonzalo Rodríguez García, uno de los nombres más repetidos en la órbita antiwoke, no tiene hijos. Al menos, eso es lo que se da por cierto en el circuito de comentarios donde su figura se ha convertido en símbolo de una contradicción: predicar la familia y no practicarla.
La respuesta de sus defensores es simple: la paternidad no da licencia para opinar. La de sus críticos, también: quien exige a la izquierda valores tradicionales y a la vez no cumple el primero de ellos, queda retratado. Entre medias, el calificativo de «guerrero espiritual» ha hecho fortuna como resumen de una militancia sin coste biológico.
El argumento demográfico
La trifulca por la coherencia, sin embargo, esconde un fondo que admite números. Se ha citado el caso chino, con un 90% de población que ha tenido al menos un hijo, frente a una Europa donde la mitad no llega a tener ninguno. Si el porcentaje de adultos sin hijos no deja de crecer, el sistema de cuidados se queda sin relevo: quién atenderá a una generación de abuelos sin descendientes, con el alzhéimer como amenaza.
El dato personal de Gonzalo Rodríguez García queda así en lo anecdótico. Lo incómodo es la pregunta que deja abierta: si la batalla por la familia la libran quienes no forman una, ¿qué están defendiendo exactamente?