Rusia reescribe su plan de guerra: del cambio de régimen al repliegue en el Donbass
A finales de marzo de 2022, el Ministerio de Defensa ruso anunció un giro en sus objetivos militares en Ucrania: concentrarse en «liberar Donbas» y mantener Crimea, renunciando supuestamente al cambio de régimen y a la anexión del resto del país. La agencia Interfax difundió el cambio de guion, que algunos leyeron como una admisión del fracaso de las intenciones iniciales de capturar ciudades clave e instalar un gobierno afín en Kiev. El problema, según el material que circula, es que la hemeroteca no sostiene la nueva versión: la televisión estatal rusa y la prensa oficialista vendían en febrero una victoria rápida y contundente que nunca llegó.
De «capturaremos Kiev» a «no habrá solución rápida»
El contraste entre los mensajes de febrero y los de marzo es el mejor termómetro del batacazo. Un conocido propagandista ruso pasó de anunciar en febrero que «levantaremos la frente y Ucrania lo entenderá todo, capturaremos Kiev» a admitir en marzo que «no habrá ninguna solución rápida, porque nos enfrentamos al segundo ejército europeo más fuerte que ha sido entrenado durante 8 años». Otro colaborador habitual del mismo programa reconocía que en 29 días no se había logrado ningún objetivo establecido y que la contienda podía alargarse más de lo que la audiencia creía.
La prensa oficialista tampoco disimulaba. Un artículo firmado por Lyubov Stepushova y publicado el 24 de marzo de 2022 bajo el título «Rusia se encamina a la anexión de Ucrania» sostenía que el rumbo hacia la anexión estaba fijado y que la única duda era «dentro de qué fronteras». El texto se apoyaba en la declaración de la portavoz del Ministerio de Exteriores, Maria Zakharova, de que el liderazgo ucraniano «ya ha perdido» la oportunidad de un Estado soberano, y en las palabras del presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, advirtiendo de que si Kiev no se sentaba a negociar tendría que firmar «un acto de rendición en poco tiempo».
¿Qué ha conseguido Rusia con la invasión?
La respuesta corta que se impone en el análisis es: nada bueno para sus intereses. En lo territorial, deja todo como estaba, limitándose al Donbass y a Crimea. En lo económico, la ruptura con Occidente y con la economía global se antoja indefinida, con un régimen de sanciones que supera en alcance al aplicado a Irán y a Corea del Norte. Ese aislamiento tiene efectos concretos: la industria militar, la reparación de vehículos policiales, los ferrocarriles o las aerolíneas dependen de componentes importados que dejan de llegar.
El propio ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, habría admitido ante estudiantes rusos, según la prensa del país, que no se calcularon con precisión las consecuencias reales. El intento de compensar el golpe con oro tampoco encuentra compradores a la velocidad que la urgencia exige, con reservas valoradas en 140.000 millones de dólares que se quedan sin salida tras las prohibiciones de venta.
La censura y la movilización forzosa como síntomas
El relato de una Rusia como alternativa a la censura occidental se agrieta cuando se mira lo que ocurre dentro. Una exempleada de la televisión estatal fue detenida por protestar en directo contra la guerra, y en plena Plaza Roja la policía detuvo a manifestantes, incluida una mujer que hablaba con la prensa para apoyar a Putin. La marginación política, social y económica de quienes se pronuncian contra el conflicto es la otra cara de esa supuesta libertad.
En el plano militar, la falta de efectivos ha obligado a recurrir a mercenarios sirios y de Oriente Medio, a unidades africanas y, según informes de inteligencia citados, a más tropas de reemplazo y reservistas para cubrir las bajas. En Crimea se obliga a presentarse en el frente a cualquier hombre en edad militar, y hay rumores sin confirmar sobre el envío de adolescentes de organizaciones paramilitares juveniles. Todo apunta a un Kremlin que no dimensionó la resistencia que iba a encontrar.
El frente diplomático: quién paga el gas en rublos
El pulso energético añade otra capa. La exigencia rusa de cobrar el gas y el petróleo en rublos chocó con la respuesta del canciller alemán, Olaf Scholz: «Hay contratos rígidos en todas partes, en los que las monedas con las que se realiza el pago son parte del contrato», dijo, descartando el pago en rublos. La medida, presentada como un golpe, se topa con la rigidez de los contratos vigentes.
El punto donde el análisis se atasca
Queda por ver si el repliegue al Donbass es una retirada táctica para reorganizarse o el reconocimiento definitivo de que el plan inicial era inalcanzable. Lo que sí sostienen los datos disponibles es que la operación ha dejado a Rusia más aislada, más sancionada y con menos margen de maniobra que antes de empezar. La pregunta sobre qué gana Moscú con todo esto sigue sin respuesta convincente.