Asalto a la prisión de Fresnes y 146 agentes heridos en Francia
Un Mercedes amarillo de alquiler, un control de tráfico en Nanterre y un joven de 17 años que arranca para no quedarse. Un disparo. Ese es el punto de partida del estallido que ha sacudido
Francia, y la mecha fue corta: la madrugada siguiente, el olor a plástico quemado se había instalado sobre los barrios satélite de París y de varias ciudades más. La noche se saldó con al menos
150 detenidos y
146 agentes heridos. Ni las llamadas a la calma ni el despliegue preventivo de
2.000 policías fueron suficientes para contener unos disturbios que ya no se circunscriben a la periferia de la capital.
Qué ha pasado en Francia tras la muerte de un joven en Nanterre
Los incidentes saltaron de los suburbios parisinos a Toulouse, Lille, Niza, Saint-Étienne, Lyon, Dijon o Clermont-Ferrand, aparte de localidades menores. Los objetivos no fueron solo coches particulares y patrullas: también comisarías, alcaldías, escuelas, supermercados, autobuses urbanos y un tranvía. Hubo pillaje de comercios y, según el relato recogido por
La Vanguardia, hasta un intento de asalto a la prisión de Fresnes, en el Valle del Marne, para liberar a detenidos. En Villerbaune, a las afueras de Lyon, hubo que evacuar un edificio de viviendas que había prendido y varios vecinos recibieron tratamiento por intoxicación.
El portavoz del Gobierno, Olivier Véran, lamentó que se atacaran «símbolos de la República» como alcaldías y escuelas, con el argumento de que eso impide a los ciudadanos hacer trámites y a los niños ir a clase, y calificó los hechos de acciones «organizadas». Sobre el caso de Nanterre fue explícito: «no es la República la que está detenida, es un hombre —el agente implicado— que debe ser juzgado si ha cometido un error».
La ley de 2017 que permite disparar a un vehículo que no respeta un control
El drama de Nanterre ha reabierto la controversia sobre la norma aprobada en
2017 que autoriza a la policía a disparar contra un vehículo que no respeta un control, siempre que esté en peligro la vida de los agentes o de otras personas. El punto conflictivo es la percepción de la amenaza: subjetiva, difícil de acotar y, según las críticas, generadora de abusos. El joven falleció por el disparo de un agente cuando conducía un Mercedes amarillo de alquiler y pretendía huir del control. Para este jueves está convocada una manifestación frente al Ayuntamiento de Nanterre para expresar el rechazo a su muerte.
Del Elíseo al estado de emergencia: el pulso político
Macron convocó a las 8 de la mañana una célula interministerial en el Elíseo para estudiar la situación, con los titulares de Interior, Justicia y Transición Ecológica más el prefecto de policía de la capital. La primera ministra, Elisabeth Borne, anuló un desplazamiento previsto a La Vendée por «las tensiones de los últimos días». Y el presidente de Los Republicanos, Éric Ciotti, reclamó declarar el estado de emergencia en todas las zonas afectadas: «Bandas armadas han intentado matar a policías, han atacado viviendas y han intentado liberar a presos en Fresnes. Es intolerable», sostuvo, antes de añadir que la República no puede recular.
El temor que sobrevuela en el Ejecutivo es una ola de violencia duradera, una
revuelta de los banlieues comparable a la de 2005, cuando Chirac era presidente y Nicolas Sarkozy ocupaba Interior. La época del año, con calor y luz hasta muy tarde, juega a favor de las protestas en los barrios de bloques de viviendas, muy castigados por el tráfico de droga.
Inmigración, integración y el relato de la violencia
Buena parte de los mensajes del hilo han convertido los disturbios en un plebiscito sobre la inmigración y las políticas de integración, con la tesis de que lo ocurrido es la factura de años de permisividad. Frente a ese marco, el relato periodístico subraya la indignación de sectores de población de origen inmigrante que leen lo de Nanterre como un episodio más de una pauta de conducta policial, y el equilibrio delicado en que se mueve el Gobierno entre la firmeza en defensa del orden y la sensibilidad ante esa indignación.
Por debajo de todo eso queda la cuenta de quién paga los destrozos, como apuntan algunos comentarios del hilo: coches, contenedores de basura, comercios saqueados y equipamientos públicos calcinados. Con los Juegos Olímpicos de París en el calendario próximo, según señalan, la factura —material y de imagen— se convierte en un asunto de primer orden.
Con estos mimbres, el despliegue anunciado —2.000 agentes para una noche en todo un país— aparece en el relato como una cifra insuficiente antes que como una respuesta operativa. Los 150 detenidos, los 146 heridos y un intento de asalto a una prisión dibujan una aritmética difícil de encajar. Y nadie ha explicado todavía cómo se apaga una mecha que ya prendió en media Francia.