El único alcalde de Vox en la Comunidad Valenciana se sube el sueldo a 45.000 euros
Un pueblo de 7.700 habitantes y un regidor que pasa de cobrar por media jornada a hacerlo por jornada completa. La subida, de unos 13.000 euros anuales, se aprobó diez días después de tomar posesión y deja al primer edil con una retribución de 45.000 euros brutos al año, según los datos que maneja el consistorio. La cifra, en un municipio de ese tamaño, es la que ha encendido el debate: no tanto el importe absoluto como el salto y el momento en que se produce.
La defensa oficial es técnica. El anterior alcalde tenía
dedicación parcial y compatibilizaba el cargo con su trabajo, de ahí que su salario fuera inferior. El nuevo regidor pasa a
dedicación exclusiva, lo que implica renunciar a cualquier otra actividad remunerada y dedicar la jornada entera al ayuntamiento. Con ese argumento, el sueldo resultante sería equivalente al que ya percibía el anterior primer edil cuando también estuvo en exclusividad, según la versión municipal.
Cuánto cobra un alcalde de un pueblo de 7.700 habitantes
La comparación es la clave de todo el asunto. Los tramos de retribución de los alcaldes se fijan en función de la población del municipio, y 7.700 vecinos sitúan al consistorio en un escalón intermedio. Hay quien sostiene que 45.000 euros brutos anuales para gestionar un ayuntamiento de ese tamaño es una cifra razonable si se exige exclusividad; en contra pesa el argumento de que el salto de 13.000 euros en diez días, sin apenas margen para evaluar la gestión, transmite una imagen difícil de defender.
El detalle que suele perderse: la dedicación exclusiva no es un adorno. Quien la asume no puede facturar por otra actividad, ni dar clases, ni llevar un despacho. Eso convierte la retribución en el único ingreso del cargo. El matiz importa porque cambia por completo la lectura de la cifra.
El caso de Durango que se usa como contraste
En la misma conversación pública ha aparecido otro ejemplo que sirve de espejo. Una alcaldesa vasca habría elevado su retribución hasta los
77.929 euros, una subida de unos 30.000 euros, con el argumento de mantener el mismo salario que percibía como directora del Gobierno Vasco. El contraste es inevitable: cifras más altas, menos ruido mediático.
De ahí sale la acusación de trato desigual. Se argumenta que el foco se pone sobre un regidor de un partido concreto mientras pasan desapercibidos aumentos mayores en ayuntamientos gobernados por otras formaciones. La objeción tiene recorrido, aunque no exime a nadie: si el criterio es la coherencia, el listón debería ser el mismo para todos.
El argumento de la coherencia contra el gasto público
Aquí está el punto más incómodo. Un partido que ha construido buena parte de su discurso sobre la contención del gasto público y las dietas de los cargos se enfrenta ahora a la prueba de sus propios criterios. Hay quien lo resume sin rodeos: si se critica el gasto ajeno, subirse el sueldo al llegar al sillón es exactamente lo que se censuraba.
La respuesta desde el otro lado es que la subida no es tal, sino un cambio de régimen de dedicación, y que el sueldo final equivale al de un alcalde en exclusiva. La discusión, en el fondo, no es sobre la cifra concreta sino sobre el momento y la forma.
Qué pasa con los sueldos de los alcaldes cada cuatro años
El asunto reaparece con cada ciclo electoral. Tras constituirse los ayuntamientos, los plenos aprueban los regímenes de dedicación y las retribuciones de los cargos, y ahí vuelven los titulares. En municipios pequeños, el detalle es fácil de comprobar: basta ver si el alcalde pasa la jornada en el consistorio o mantiene su empleo anterior.
La propuesta que sobrevuela el asunto es la fusión de ayuntamientos. Con 7.700 vecinos, sostener una estructura municipal completa con dedicación exclusiva para el primer edil resulta caro por habitante. La alternativa —mancomunar servicios o reducir el número de consistorios— choca siempre con la resistencia local.
Con estos mimbres, la pregunta no es si 45.000 euros son mucho o poco. Es por qué el mismo debate se enciende solo cuando el protagonista lleva una determinada sigla.