Guía para fumar un puro: del humidor al Macallan 21
Un puro Hoyo de Monterrey sale del humidor al 70% de humedad. Se corta la tapa con cortapuros de doble hoja de acero quirúrgico, apenas 2 milímetros, no 2 centímetros. Se cata en crudo para comprobar la curación del tabaco y el tiro. Después, el pie se tuesta con llama blanda hasta que adquiere tonalidad negruzca y se enciende con llama dura en movimientos circulares. Quien use cerillas, velas o un Zippo, según el manual, merece un castigo ejemplar. Así arranca la guía más detallada que se ha escrito en mucho tiempo sobre el arte de fumar un cigarro puro, un texto que empieza como manual de iniciación y acaba como termómetro de una afición que se ha vuelto, dicen,
contracultural.
Cuánto cuesta fumar un puro en España
Los precios que aparecen en la conversación no son de catálogo oficial, sino de experiencia de compra. Unos Epicure del 2 se citan a
910 dólares la caja de 50 unidades. Las perlitas de Vegafina, recomendadas para quien empieza, andan entre
3,50 y 4 euros la unidad y ofrecen entre media hora y tres cuartos de fumada. Un Cohiba Siglo VI se sitúa en torno a
100 euros por puro. La horquilla es enorme y explica por qué la afición se divide entre quien busca relación calidad-precio y quien directamente paga la marca.
El consejo más repetido para un novato no es el más caro. Meterle a un principiante un puro de dos horas, con mucha madera, picante y pimienta, es la forma más rápida de que no quiera volver a oler uno en su vida. Las perlitas pequeñas, de sabor floral y duración corta, aparecen como la puerta de entrada sensata. Los Cohiba y los Davidoff, en cambio, se comparan con los coches de lujo: pagas el escudo, no necesariamente la hoja.
Cómo se enciende un puro y por qué no vale cualquier método
El encendedor de gas con doble llama es el estándar. Primero se tuesta el pie con la llama blanda hasta que la superficie ennegrece; después se aplica la llama dura en círculos para que toda la circunferencia prenda por igual. El puro no se sopla nunca para avivar la brasa: se agita con movimientos circulares o alternativos, aunque el gesto, admiten, puede parecer otra cosa. Las cerillas quedan descartadas, y más aún las enceradas. Las velas, también. El Zippo recibe el desprecio más rotundo del manual por el sabor que impregna la capa.
Hay un método alternativo que aparece en la conversación:
encender el puro con una lámina de cedro. Es la forma tradicional, la que evita cualquier contaminación química del tabaco y aprovecha el propio aroma de la madera. No sustituye al soplete, pero compite con él en elegancia y en resultados.
Maridaje: del Macallan 21 al agua del grifo
El manual propone tres onzas de
Macallan 21 en copa sherry con unas gotas de agua natural, o una taza de café negro arábica de tueste natural. Para una cata profunda, un vaso de agua. La elección no es casual: el alcohol de alta graduación y el café compiten con el puro, mientras el agua lo aísla y permite captar los matices sin interferencias. La conversación añade el queso curado como postre, con nueces, pasas o membrillo, aunque el consenso es que cada cual mande en su paladar.
El sorbete de limón que sirven entre platos recibe una crítica sin matices. Se describe como una costumbre importada que deja sabor a caramelo en lugar de limpiar el paladar. La explicación técnica que aparece en la conversación es que
el frío acelera el vaciado del estómago y permite seguir comiendo en banquetes largos, lo que tiene utilidad en un bufé libre pero poca en una sobremesa tranquila.
La adicción: el puro no engancha, el cigarrillo sí
La distinción se repite con insistencia. El puro y la pipa no causan adicción porque el humo no se inhala; el cigarrillo, sí, y de forma muy dura. La adicción más chunga, se afirma, la producen el rapé, el tabaco de mascar y las bolsitas escandinavas de nicotina. La advertencia para quien no fuma es clara: mejor no empezar. El mono de quedarse sin tabaco a medianoche y salir a una gasolinera a comprar se describe como una experiencia que nadie debería probar.
Quien fuma 30 cigarrillos en 60 o 90 días es un fumador esporádico y el impacto pulmonar es mínimo comparado con caminar una hora por una ciudad con tráfico. La capacidad pulmonar, se asegura, se mantiene intacta con revisiones periódicas. La sinusitis y la rinitis alérgica, en cambio, aparecen como problemas reales de temporada, y para la sinusitis fúngica se propone un tratamiento casero a base de aceite de coco, yodo y aceite esencial de orégano, siempre bajo supervisión médica.
Dónde fumar un puro hoy
La queja se repite: casi no quedan espacios públicos donde hacerlo. La respuesta es la casa propia, el sofá, la introspección. El acto de fumar un puro se ha convertido, según esta conversación, en un gesto
contracultural, una resistencia silenciosa contra la prohibición ambiental y el juicio ajeno. El estanco abre a las dos los domingos, salvo que uno viva en un pueblo perdido de Teruel.
La conversación deriva hacia el tabaco de pipa, los aromas de musgo fresco de ciertas mezclas, los limpiadores, los reposapipas y las cazoletas. Y hacia el tabaco propio: quien siembra, seca a la sombra y lía sus propias hojas presume de producto artesanal sin aditivos ni fertilizantes. El debate sobre el puro acaba siendo un debate sobre el control del propio placer, sobre lo que uno se permite y lo que la sociedad le deja.
El dato que descoloca: un puro de 100 euros y una caja de 50 a 910 dólares conviven en la misma conversación con la recomendación de empezar por una perlita de 3,50. La afición no se mide por lo que se gasta, sino por lo que se aprende a no estropear.