Comer carne humana a la barbacoa: un tabú que invita a la burla
¿Alguna vez has fantaseado con probar carne humana? La pregunta, formulada con toda la seriedad de quien especifica «sal, pimienta recién molida y un buen costillar», funciona como test de Rorschach: unos responden con escándalo, otros con la carcajada, y unos pocos con referencias a casos reales que desmontan la broma. La antropología lo llama endocanibalismo o exocanibalismo, según el grado de parentesco con el menú; la ética lo despacha en una frase: no se come a las personas.
En esa tensión entre morbo y repulsa se mueve toda la conversación. Hay quien invoca el pasado carnívoro de la especie y quien cita al periodista Jaime Peñafiel, que llegó a contar que probó carne humana sin saberlo en un banquete nupcial de un emperador africano, con destino a las páginas de La Voz de Galicia. La anécdota, verídica o no, demuestra que el tabú no impide la curiosidad: solo la empuja hacia la leyenda urbana.
El rechazo social, sin embargo, es abrumador. Las respuestas oscilan entre la repugnancia y el chiste fácil, y rara vez alguien se toma en serio el argumento nutricional o antropológico. Tampoco hay que rasgarse las vestiduras: la civilización se construyó, entre otras cosas, sobre la idea de que el vecino no es un plato. Preguntar no es delito. Cenárselo, sí.