La moda de decir «la España»: ¿procerismo o pueblerinismo?
Imaginen la escena: alguien dice en una sobremesa que es de «la Argentina». El interlocutor tarda un segundo en decidir si está ante un académico de la lengua o ante un personaje de Larra. Colocar el artículo delante de un país produce hoy el mismo efecto que la chistera en el metro: o impone, o da vergüenza ajena.
La costumbre tuvo defensores y tiene argumentos. Hubo quien propuso resucitar el artículo para países y regiones hasta en los casos en los que nunca se usó: «la España», «la Italia», «la Cantabria». Y no es capricho moderno. En italiano se hace con naturalidad —«la Spagna», «la Francia»—, también en catalán y, en parte, en portugués. La tesis del galicismo importado no se sostiene: el inglés, tan influido por el francés, no lo hace.
El lastre del afrancesamiento del siglo XVIII
La campaña por anteponer el artículo vino de los afrancesados de los siglos XVIII y XIX, calco directo del francés «la France», «le Pérou». Aquella moda no cuajó del todo, pero dejó huella en las gramáticas: la de la RAE de 1931 recogía como habituales usos como «el Perú» o «el Brasil».
Procerismo de salón
Hoy la norma académica manda omitirlo salvo en casos estructurales —«Estados Unidos», «El Salvador»— o de tradición consolidada. El resto suena a rancio o, peor, a pueblerino: como presentar a un amigo diciendo «he quedado con el Ramón». La lengua ha girado; la prosa del Siglo de Oro, que usaba «el Perú» sin complejos, se quedó en los libros. El dato que descoloca: la RAE de 1931 respaldaba a esos proceristas. La norma cambió antes que el oído.