Hacienda dispara las inspecciones tras comprar una IA israelí que analiza dispositivos
La Agencia Tributaria ha intensificado las inspecciones fiscales después de adquirir una inteligencia artificial de origen israelí capaz de analizar el contenido de dispositivos electrónicos. La herramienta, cuyo nombre no ha trascendido oficialmente, permite a Hacienda escanear discos duros, móviles y tablets en busca de pruebas de fraude. La compra, adelantada por The Objective, ha generado un debate sobre la privacidad y la efectividad del sistema en un país donde la lucha contra el fraude sigue siendo una asignatura pendiente.
Una apuesta tecnológica con tirón polémico
La decisión de Hacienda de invertir en esta IA israelí responde a la necesidad de modernizar sus métodos de investigación. Hasta ahora, el análisis de dispositivos requería largos procesos manuales y periciales informáticos. Con la nueva herramienta, los agentes pueden obtener información relevante en cuestión de horas, lo que ha permitido multiplicar el número de inspecciones in situ. Sin embargo, las dudas sobre la legalidad y el alcance de este tipo de análisis ya han llegado a los tribunales, con varias asociaciones de consumidores alertando sobre posibles vulneraciones de derechos fundamentales.
El descontento ciudadano, en aumento
Mientras Hacienda presume de eficiencia, los contribuyentes empiezan a mostrar su malestar. Las redes sociales y los foros económicos se llenan de quejas sobre la demora en las devoluciones del IRPF, que contrasta con la rapidez con la que se practican las inspecciones. «Llevo dos meses esperando mi devolución y ya me he cagado», escribe un usuario frustrado. Otros ironizan sobre la supuesta inmunidad de los políticos, sugiriendo que la nueva IA debería aplicarse a los círculos del poder. «Que analicen a Begoño y Zetaperro», se lee en alusión a quienes ocupan cargos públicos.
¿Más inspecciones o más acoso?
La sensación de persecución selectiva recorre el debate. Mientras algunos celebran que Hacienda por fin tome medidas serias contra el fraude, otros temen que la IA se use como herramienta de control masivo. Lo cierto es que el número de inspecciones se ha disparado desde la puesta en marcha del sistema, aunque Hacienda no ha publicado datos concretos sobre los resultados obtenidos. Los críticos sospechan que el aumento se debe más a un efecto disuasorio que a una verdadera capacidad de detección, y alertan de que sin garantías procesales, la innovación puede convertirse en simple acoso al contribuyente.
Con esta polémica sobre la mesa, la Agencia Tributaria sigue adelante con su apuesta por la IA israelí. La pregunta que queda en el aire es si la tecnología servirá para cazar a los grandes defraudadores o para asfixiar aún más al ciudadano de a pie. Y mientras llegan las respuestas, lo único seguro es que el próximo verano muchos españoles encontrarán en su buzón una carta de Hacienda junto a la publicidad del tapicero.