Los aviones que ya no dejan estela sobre el sureste
Hay un fenómeno que varios participantes de un foro dicen observar en varias zonas de España y que nadie ha explicado con datos: los cielos se han quedado limpios. Durante el verano, en zonas del sureste peninsular, donde en años anteriores se contaban varias decenas de estelas de condensación al día, la observación ha sido cero, según sus testimonios. No es una impresión aislada. El testimonio se repite en Murcia, Alicante, Valencia, Cádiz, Madrid y la meseta norte. Y no solo faltan las estelas: faltan los propios aviones. «Donde antes había rutas comerciales casi tropezando entre ellas sin parar, aviones seguidos cada cinco minutos, ahora hay nada», resume un observador de larga trayectoria.
¿Por qué han desaparecido los chemtrails en España?
La explicación más simple, la que apela a la humedad ambiental y a la temperatura, no encaja con el relato de los observadores. Las estelas de condensación dependen de condiciones atmosféricas concretas, cierto, pero quienes llevan años mirando al cielo insisten en que el cambio no es gradual: es un corte. «No es que no se vean estelas, es que ni se ven aviones», insiste otro observador de Madrid. La paradoja es doble: julio y agosto son meses de temporada alta aérea, con más vuelos programados que en cualquier otra época. Y sin embargo, el tráfico visible se ha desplomado.
Hay quien sostiene que la clave está en la ausencia de lluvia. En el sur peninsular no llueve en verano, así que la siembra de nubes —si es que se hace— no tendría sentido en estas fechas. La hipótesis, sin embargo, no explica por qué desaparecen también los aviones comerciales. Otros apuntan a una pausa táctica: «Las élites han visto que les han pillado con el carrito del helao y ahora están disimulando», ironiza un participante. La broma esconde una pregunta seria: si el fenómeno dependiera solo del clima, ¿por qué se ha cortado en seco y en zonas tan distintas a la vez?
La calima que no se va y el azul que ya no es azul
Aunque las estelas hayan desaparecido, la atmósfera no está limpia. Varios observadores describen una bruma persistente que no se corresponde con las condiciones meteorológicas. «La calima sigue estando ahí, con viento de poniente viniendo del mar, que se supone que no levanta polvo», señala un observador. En el sur de Madrid, otro describe «una especie de bruma asquerosa de fondo que no recuerdo que existiera antes». El azul del cielo, dicen, es menos azul.
La distinción importa. Con las estelas, el cielo se veía «pintarrajeado»: las nubes se disipaban, se expandían, había evolución. Con la calima, el cielo se vuelve gris de forma homogénea. Los observadores más veteranos distinguen ambos fenómenos sin dudar. Y hay un dato que refuerza la sospecha: varios afirman que la actividad se concentraba en fechas previas a tormentas, a veces para deshacerlas, a veces sin conseguirlo. Este año, esas fechas han pasado sin actividad visible.
El verano atípico: menos incendios y más lluvia
El fenómeno no se limita al cielo. Varios participantes han notado un verano anómalo en otros frentes. «¿Qué pasa, que este año no hay incendios?», pregunta con retintín un observador. Otro confirma desde el noroeste: «Ni chemtrails ni noticias de incendios. Un verano atípico con más días de lluvia que de sol». En Madrid, sin embargo, el calor no ha dado tregua: dos semanas sin bajar de 38 grados, con mínimas de 25. La contradicción entre zonas es real.
La comparación con años anteriores es constante. «El verano pasado no fue así, rallajos todos los días a todas horas», recuerda un observador. La memoria colectiva de quienes miran al cielo con regularidad se ha convertido en el principal instrumento de medida. No hay series oficiales de estelas de condensación accesibles al público, así que la observación directa es lo único que queda.
¿Han vuelto los chemtrails en agosto?
A mediados de agosto, la situación empezó a cambiar. «Han vuelto los rallajos y los aviones», confirma un observador. En el sureste, otro matiza: «Hace unos días volvieron a verse esporádicamente, pero el intento no ha cuajado». La vuelta coincide con el cambio de condiciones meteorológicas entre julio y agosto, lo que reabre el argumento de quienes defienden la explicación climática. Pero también hay quien sostiene que la vuelta es parcial y que la intensidad no se parece a la de años anteriores.
El punto exacto donde el análisis se atasca es este: si el fenómeno depende de la humedad y la temperatura, ¿por qué el corte fue tan brusco y simultáneo en zonas con climas muy distintos? Y si depende de decisiones humanas, ¿por qué volver justo cuando cambia el tiempo? Ninguna de las dos hipótesis cierra del todo. La observación sigue.