El ERE de Heineken: 127 salidas y dudas sobre Cruzcampo
¿Se está cayendo Heineken en España? La compañía holandesa, propietaria también de Cruzcampo y El Águila, ha acordado con los sindicatos un ERE para 127 trabajadores en España, en su gran mayoría prejubilaciones, y lo justifica con la necesidad de adaptarse a un entorno
volátil e incierto. La fórmula sirve igual para una cervecera que para una aerolínea. Lo llamativo no es el número, es el momento: el ajuste se anuncia mientras la marca insignia del grupo en Andalucía arrastra entre sus propios clientes históricos una reputación que empieza a resquebrajarse.
El ERE de 127 salidas y el relato del entorno volátil
Heineken no habla de crisis. Habla de adaptación. Las
127 salidas, casi todas prejubilaciones, se presentan como una salida ordenada y no como un despido colectivo al uso, y eso permite a la empresa mantener el tono institucional. El problema de ese relato es que es intercambiable. Lo mismo dice una acería, una aseguradora o una cadena de gimnasios. Cuando una compañía afirma que el entorno es volátil e incierto, casi nunca describe el mercado: describe su posición dentro de él. Y la posición de Heineken en España, a juzgar por lo que se comenta en la barra, hace tiempo que no se amplía.
¿Por qué se dice que Cruzcampo pierde bebedores en Sevilla?
La sensación que más se repite es la de un goteo silencioso hacia Estrella Galicia. Se describe un cambio de hábito en bares y supermercados, con clientes de toda la vida pasándose a otras marcas por moda, por sabor o por simple curiosidad. Frente a eso, el contragolpe es sólido: Cruzcampo
es barata, sabe bien y da empleo en la provincia, tres argumentos que pesan más de lo que parece cuando el precio manda. Varios testimonios señalan además que la variedad especial rinde mejor en barril que en lata o botella, y que la marca vive un vaivén: hay quien la deja, hay quien vuelve y hay quien sospecha que parte del entusiasmo por la competencia gallega es
marketing bien colocado.
La Heineken que se bebe en España no es la que se embotella fuera
Aquí aparece uno de los argumentos más repetidos: la cerveza que se vende en España no se produce igual que la que se encuentra en Reino Unido o Estados Unidos. Según esta versión, lo que hay aquí es una planta de bebidas y refrescos con licencia para embotellar, con ingredientes y producción locales, y ese sería el origen de la diferencia de sabor. El mismo razonamiento se extiende, con retintín, a los refrescos: lo que se bebe aquí no sería el original. La tesis no viene acompañada de documentación, pero explica por qué mucha gente que aprecia el producto fuera no lo reconoce dentro.
¿Está sobrevalorada Estrella Galicia?
El supuesto favorito tiene detractores. Se la califica de cerveza corriente, comparable a latas de
30 céntimos, y se la acusa de vivir de una imagen mejor que su contenido. Quienes defienden alternativas mencionan Mahou, Amstel, Ámbar, Turia, Damm, Alhambra, Paulaner o Budweiser, y hay quien sostiene que la mejor de Andalucía es Alhambra, aunque solo sea porque su competencia local es Cruzcampo. También aparecen quejas de calidad irregular por lotes: cervezas sin gas, sabores extraños y cambios de marca doméstica como consecuencia directa.
El Águila vuelve y Amstel se fabrica aquí
Otra pata del negocio es El Águila, resucitada por el grupo. Se comenta que aparece por todas partes y que no convence, pero se reconoce la jugada industrial. Amstel, por su parte, se produce en Quart de Poblet y se coloca a menudo de oferta, lo que algunos leen como señal de que sufre presión competitiva. Hay un detalle revelador: compradores habituales de Heineken admiten que solo la cogen cuando está rebajada, y últimamente siempre lo está. En Valencia el pulso es con Estrella Galicia, Ámbar, Damm, Turia y Victoria. En Andalucía, con la propia Cruzcampo y con Alhambra.
Pasteurización, barril y el factor bar
El debate técnico gira en torno a la pasteurización, un proceso industrial que garantiza estabilidad y sabor homogéneo a cambio de quemar parte del aroma. Del lado artesanal se presume de no pasteurizar, aunque el proceso no tiene relación con la seguridad alimentaria como sí ocurre con los lácteos. Conviene separar eso de las afirmaciones sobre salud que se cuelan en la conversación —testosterona, problemas digestivos, riesgo de cáncer—, que no van acompañadas de ninguna evidencia. En lo que sí coincide casi todo el mundo es en el grifo: una cerveza de barril en un bar con mucha rotación es una cosa, y en uno vacío es otra. La brecha entre producto de
hostelería y producto de supermercado se agranda.
Queda la pregunta incómoda: si el producto es tan mediocre y la competencia tan superior, ¿por qué Cruzcampo sigue llenando barras en su tierra? Porque la cerveza no se compra en una cata. Se compra en el bar de abajo, a las dos de la tarde, con la tele puesta. Y ahí el
precio y la costumbre ganan casi siempre. Los 127 que se van no estaban en esa barra.