DANA de Valencia: el recuento no cuadra con lo que hay bajo el agua
El recuento de la DANA no cuadra. Con
211 cuerpos localizados —y apenas cuatro recuperados en una jornada—, la cifra que manejan las administraciones choca de frente con las estimaciones que circulan por todas partes. Hay quien da por hechos
800 fallecidos; hay quien habla de miles. La catástrofe de Valencia ha dejado un problema incómodo: buena parte de la gente no se cree el número, y no existe manera de comprobarlo. Mientras el agua sigue bajando en garajes y bajos, la pregunta ya no es cuántos muertos hay, sino por qué nadie coincide.
¿Cuántos muertos ha dejado la DANA de Valencia?
El último recuento oficial de la DANA de Valencia hablaba de 211 fallecidos, con solo cuatro cuerpos recuperados en una jornada. Ese goteo, lento y desesperante, es lo que ha encendido todas las alarmas. Frente a él, las cifras que se manejan en la calle y en la conversación pública son mucho más altas. Los
800 fallecidos aparecen como el listón mínimo para quien mira los coches apilados y los garajes anegados, y no falta quien directamente se va a cifras de cuatro dígitos: 3.000, 5.000 o, en el escenario más catastrofista, 20.000.
Ninguna de esas estimaciones cuenta con respaldo verificable. Y ahí está el nudo. Según se insiste en el hilo, no se ha publicado una cifra oficial de desaparecidos, algo que en cualquier emergencia de esta escala suele acompañar al recuento de víctimas, y ese hueco lo llena la especulación. La ausencia de un dato certificado convierte cada garaje inundado y cada coche sin dueño en un argumento.
La suma no sale, repiten: que la cuenta avance a cuatro cuerpos por día mientras hay bloques enteros con los bajos bajo el agua es, para muchos, prueba suficiente de que el recuento se cocina a fuego lento.
Bonaire: 700 tickets que no habrían salido del parking
El centro comercial de Bonaire se ha convertido en el símbolo de lo que todavía no se ha contado. Sus dos plantas de aparcamiento subterráneo quedaron anegadas, y circula la cifra de
700 tickets que no han salido del recinto. Es un dato sin confirmar oficialmente, y hay quien lo pone en duda abiertamente: con el sistema informático inundado, cualquier cifra es papel mojado. Sobre el terreno, los equipos de rescate siguen trabajando en dos plantas de agua sin despejar.
Lo que no admite discusión es que esa tarde aquel aparcamiento estaba lleno. Mal tiempo anunciado —la gente aparca abajo para no mojarse a la salida—, víspera de una celebración con disfraces y un centro con tiendas, restaurantes y cines. Un cóctel perfecto para una tragedia. Bajo esas plantas de agua hay una incógnita que nadie ha podido medir todavía y que ha disparado todo tipo de elucubraciones.
Hay otro debate, más incómodo. ¿Por qué mucha gente bajó a por su coche con el agua subiendo? Porque, según se sostiene, el seguro no cubre la catástrofe natural y la compensación del Estado tarda. Para quien solo tiene un vehículo en propiedad y vive de alquiler, perderlo es perderlo todo.
Eso también forma parte del relato, y explica por qué se arriesgó tanta gente.
El cauce del Turia y los 6.000 millones de pesetas de 1958
La comparación histórica ha reaparecido con fuerza. Tras la riada de 1957 se acometió el llamado Plan Sur: desviar el cauce del Turia por un trazado nuevo, al sur de la ciudad, con capacidad para absorber más del doble del caudal de aquella riada. Costó
6.000 millones de pesetas de la época, equivalentes a
1.880 millones de euros actuales —unos 312.727 millones de pesetas—, para un tramo de solo ocho kilómetros y con el terreno todavía sin urbanizar.
De ahí sale el argumento que recorre la conversación: si hubo voluntad para hacer aquello, ¿por qué no se ha hecho algo parecido con el barranco del Poyo? El problema, responden quienes conocen el terreno, es la escala. Replicar el cauce del Turia a lo largo de ochenta kilómetros, desde Utiel hasta la desembocadura, es otro orden de magnitud. Y habría que ver dónde se desagua: acabaría en la Albufera, con El Saler, El Perelló, Pinedo o El Palmar en el punto de mira.
- 6.000 millones de pesetas costó el cauce nuevo del Turia en 1958
- 1.880 millones de euros es su equivalente actual
- 50 episodios de riada registrados en 2.200 años en la zona
¿Se puede canalizar el agua que bajó del Poyo?
Aquí las posturas se parten en dos. Hay quien sostiene que los muertos eran evitables con infraestructuras adecuadas, con zonas urbanizadas que no deberían serlo y con viviendas diseñadas para aguantar episodios extremos. La idea tiene precedentes: países sísmicos como Japón llevan medio siglo con normas de edificación pensadas para terremotos.
En contra pesa un argumento físico difícil de rebatir. Quienes lo defienden recuerdan que esa cantidad de agua no se puede controlar, que si el mismo volumen hubiera caído en otra cuenca ni el propio Ebro lo habría soportado, y que ninguna obra faraónica canaliza una riada capaz de arrasar veinte poblaciones, puentes y autovías. También relativizan el factor sorpresa: la zona acumula decenas de episodios registrados en los estratos a lo largo de más de dos mil años, aunque con siglos de diferencia entre uno y otro.
Bulos, censura y el pulso por el relato
En medio del desastre, la desinformación corre más rápido que el agua. Circulan supuestas exclusivas sobre el parking, bulos sobre un buzo que habría salido porque no aguantaba la presión y teorías conspirativas sin ninguna prueba, del tipo de las antenas que provocarían lluvias. Conviene decirlo sin rodeos: nada de eso está respaldado por evidencia alguna.
También hay sitio para acusaciones cruzadas contra los medios. Se han difundido vídeos en los que supuestos reporteros de televisión habrían reconocido que les obligaban a contar que la UME limpiaba las calles, cuando habrían sido los propios vecinos. Y se acusa al Gobierno de cortar accesos a la zona cero mientras los voluntarios entraban por las vías del tren para llevar suministros. Son afirmaciones grabadas en vídeo, difíciles de verificar y perfectas para alimentar la desconfianza. Con ese material, la credibilidad se evapora: da igual quién mienta, porque el resultado es que nadie se cree a nadie.
Quién paga políticamente la catástrofe
La DANA ha entrado de lleno en el terreno político. Se reclama que rindan cuentas las administraciones implicadas, la autonómica y la central, y ya hay vídeos —como el de un militar de la UME entrevistado antes de entrar a buscar cuerpos— que señalan directamente a La Moncloa y al Ministerio de Defensa. La gestión de la emergencia se ha convertido en el eje del reproche.
En paralelo, sobrevuela un cinismo que también tiene su reflejo: la idea de que, pase lo que pase, los votantes castigados seguirán votando a los mismos partidos y que la indignación se diluirá cuando lleguen las siguientes elecciones. Es una corazonada que se repite en muchas conversaciones y que nadie ha medido con datos. Se sabrá con las urnas.
Cuando el agua se retire y se abran los garajes, sabremos si las cifras que circulan eran exageración o el avance de lo que nadie quiso contar. Lo más probable es que el número final quede por debajo del escenario más catastrofista y por encima del oficial. Con cada jornada a cuatro cuerpos, la paciencia se agota antes que la incógnita.