La vivienda española se vende fuera: 3.123 compras polacas en 2023
¿Por qué sube la casa en barrios donde no ha nacido nadie nuevo? Porque cada vez más compraventas las firman personas que no residen aquí y que llegan con la nómina de otro país. La vivienda española lleva años en el catálogo internacional, y ese catálogo se ha profesionalizado:
portales en varios idiomas, agencias especializadas y guías de retirada que colocan desde un ático en la costa hasta un piso en una cuenca minera. El asunto ya se discute con cifras oficiales encima de la mesa, no solo con agravios.
El escaparate: portales que venden España en el extranjero
Basta teclear
buy property in Spain para que aparezcan portales como BuscoMasía o WTG Spain, plataformas de alquiler de temporada como HousingAnywhere y webs de inversión que preguntan al visitante si la casa la quiere para vivir o para rentabilizar. La web Invest in Spain añade filtros de restaurantes, playa y tenis. La oferta no se queda en el litoral: portales franceses listan núcleos pequeños, como
Tuilla, en Langreo, a unos cinco kilómetros del casco urbano y con el tren de la zona fuera de servicio. El detalle no frena el anuncio.
La promoción va más allá de los portales. Las revistas de viajes dedican reportajes a lo agradable que resulta instalarse aquí y la prensa internacional repite un mismo gancho: el coste de vida. Es el argumento que sostiene todo el embudo comercial.
¿Cuánta vivienda compran los compradores polacos en España?
Los datos más citados son los de la Asociación de Registradores:
3.123 compras de vivienda por parte de compradores polacos en 2023, un volumen que los situó entre los diez primeros puestos del ranking de compradores extranjeros. «Cualquiera que pueda permitirse comprar una propiedad en Polonia puede permitirse comprar una en España», resumía el responsable de una agencia española especializada en ese mercado.
El razonamiento tiene una vuelta de tuerca: hay quien sostiene que el residencial polaco es más caro que el español, de modo que el atractivo no estaría en el precio de origen, sino en el destino. Los informes recogidos por la prensa económica apuntan a centroeuropeos, norteamericanos y latinoamericanos como protagonistas del mercado, sobre todo en segunda y tercera residencia.
Del litoral al interior: Zamora y Oviedo en el escaparate
El foco ha saltado de la costa al interior. La prensa argentina ha publicitado
Zamora para jubilados extranjeros con un argumento simple:
todo más barato. También se promociona Oviedo como destino para la retirada, y el reclamo incluye siempre la misma tríada: tranquilidad, servicios sanitarios y precio.
Ahí empieza el conflicto de intereses. Para quien llega con una pensión o un salario de fuera, la comparación es ventajosa; para quien vive de un sueldo local, la referencia de precios se ha movido sin que su nómina lo hiciera. Una corriente del análisis sostiene que el problema no es la nacionalidad del comprador, sino el capital financiero que convierte la vivienda en activo. La otra responde que el comprador final también cuenta, y que el efecto acumulado en barrios concretos es el mismo.
2.600 apartamentos turísticos y 2.599 familias sin vivienda
Uno de los mensajes más difundidos en redes lo resume sin adornos: para que dos inversores reúnan
2.600 apartamentos turísticos, 2.599 familias se quedan con cero viviendas. La comparación funciona como eslogan, pero el fenómeno que señala no es un eslogan: la conversión de residencia en alojamiento turístico reduce la oferta disponible para el alquiler de larga duración.
Ese trasvase explica por qué la queja ya no es exclusiva del litoral. La presión de precios se extiende al supermercado, la hostelería y el alquiler, y golpea a quien compite por la misma casa con la renta de fuera. El turismo ya estaba ahí; lo nuevo es el volumen de compra residencial con dinero de otro país.
¿Qué medidas se plantean contra la compra de vivienda por no residentes?
Las propuestas que circulan son incómodas y ninguna está aprobada. La más repetida es un
gravamen anual del 10% sobre el valor catastral revisado para propietarios no residentes, con el argumento de que quien mantiene la casa vacía 350 días al año pague por el privilegio de tenerla. La segunda es una revisión catastral real, que alinee el valor fiscal con el precio de mercado.
En el extremo más duro hay quien defiende la expropiación de viviendas en manos extranjeras y reservar la propiedad a quien acredite años de cotización. El problema no es diseñarlas: es que chocan de frente con un modelo económico que depende del ladrillo y del turismo, y con la falta de mayoría para tocar cualquiera de los dos.
Con este escaparate, lo llamativo no es que alguien quiera comprar aquí. Lo llamativo es que en el pueblo sigan creyendo que el cartel de «se vende» del balcón de enfrente estaba puesto para ellos.