El Madrid de Mourinho, a seis puntos del Barça en septiembre
El Real Madrid cerró una nueva derrota humillante con la escena ya conocida: el equipo empezó a jugar en el minuto 89, cuando el partido estaba decidido. La temporada 2026/27, la del regreso de José Mourinho al banquillo y la que gira en torno al último baile de Florentino Pérez, no lleva ni dos meses de competición y ya acumula seis puntos de desventaja respecto al FC Barcelona. El diagnóstico se cerró antes que el partido.
¿Cuántos puntos saca el Barça al Real Madrid en septiembre?
Seis. Es la cifra que ordena todo el análisis posterior a la derrota y la que sostiene la tesis más repetida: la liga ya está perdida en septiembre. El reproche no es solo la distancia, sino la manera de llegar. Al equipo se le acusa de no competir, de no disputar los duelos y de depender de destellos individuales. El ritmo de puntuación del banquillo, comparado con el del rival directo, se describe como camino de un récord a favor del Barcelona. Quienes defendían el regreso del entrenador portugués como solución de autoridad tienen ahora el argumento contrario.
Rodillazo de Mbappé a Giuliano y un penalti que no se revisó
El derbi contra el Atlético dejó dos jugadas que concentran la indignación. Por un lado, el penalti señalado contra el Madrid: una parte del seguimiento lo califica de acción clara y se queja de que, en su versión, ese tipo de señalizaciones no se revisan cuando van en contra. Por otro, el contacto de Kylian Mbappé con Giuliano, descrito por los más críticos como un rodillazo deliberado en la cabeza que habría merecido roja directa y varios partidos de sanción. La lectura contraria sostiene que fue un gesto involuntario tras un forcejeo previo. No consta resolución arbitral alguna en los datos disponibles. El resultado, en todo caso, fue una superioridad reconocida del Atlético: se recordó que un solo jugador rival dio más pases que todo el equipo blanco junto.
Un vestuario sin mando y dos estrellas señaladas
Vinícius Júnior y Mbappé aparecen en casi todos los reproches, aunque por motivos distintos. Sobre el brasileño pesa la sospecha de que su presencia en el campo sirve de coartada para tapar el mal momento del resto: hay quien pide una suplencia prolongada —o una lesión que le obligue a parar— para que vuelva en enero al cien por cien. Sobre el francés, la acusación es de desidia y de haber reventado un vestuario que antes funcionaba. Detrás está el problema de fondo: la falta de autoridad del entrenador, con jugadores que acuden al palco cada vez que se les contraria. La comparación histórica que se saca a relucir es la de Santiago Solari, el único técnico reciente al que se atribuye haber plantado cara al grupo, y que acabó en la calle.
Cucurella por 60 millones y Espí por 25: la política de fichajes
El mercado de verano deja un balance de dos velocidades. El fichaje de Cucurella, por unos 60 millones, y el de Espí, por 25, se valoran de forma opuesta: el segundo se presenta como el acierto sensato —joven, con características que no había en plantilla y a precio moderado—, mientras el primero genera dudas por coste y encaje. En el debe aparecen el central Konaté, señalado como fracaso, y un Huijsen al que se reprocha lentitud y falta de oficio en la acción del gol del Atlético. Circula un desglose del gasto que suma 140 millones en un delantero y 50 en otro jugador, sobre un total que nadie defiende.
El último baile de Florentino y el finiquito sin excusas
La presidencia y la planificación se llevan la peor parte. La crítica apunta a un dirigente alejado de la realidad y a años de decisiones deportivas discutibles: sin centrales de garantías, con contratos renovados por motivos que no son deportivos y con una limpia que lleva tres temporadas de retraso. A la pregunta de si habrá reacción, la respuesta que se repite es que apenas un puñado de personas cumple los requisitos estatutarios para presentarse a unas elecciones del club. El nombre que suena como alternativa es el de Enrique Riquelme, según las versiones que se manejan.
Queda un dato que descoloca. Los cálculos que circulan sostienen que, hace medio año, dos de cada tres aficionados rechazaron una salida ordenada de la dirección actual. La liga se da por perdida en septiembre. Y el debate ya no es cómo se arregla, sino quién paga el finiquito.