De la escasez al torrente: la guerra de Ucrania en imágenes
Cuando empezaron a cruzar las columnas rusas, el problema no fue el exceso de propaganda sino la falta de material gráfico. Los primeros compases de la invasión se siguieron casi a ciegas, con un goteo de clips que había que rastrear uno a uno. «Existen muy pocas imágenes», resumía el punto de partida de la recopilación, y ese fue el encargo: levantar entre todos un archivo de imágenes de la
guerra de Ucrania. La obsesión por reunir esas piezas y por separar el vídeo auténtico del reciclado atraviesa todo el seguimiento. Documentar un conflicto a base de archivos sueltos tiene un problema de base: cada clip es una hipótesis, no un dato.
Por qué al principio apenas había imágenes verificables
La primera respuesta a la penuria de material fue organizativa. Se compartieron canales de seguimiento de conflictos internacionales, algunos con un bot para enviar contenido de forma anónima, y recopilaciones que mezclaban material propio con ajeno. La adscripción era la duda permanente: había cuentas de las que no quedaba claro si eran rusas o ucranianas. En medio de ese ruido, los ministerios de Defensa entraron a publicar su propia versión. El Ministerio de Defensa ruso difundió imágenes del asalto aerotransportado al aeropuerto de Hostomel, en la región de Kiev.
Ese movimiento fijó el patrón de todo lo que vino después: cada bando cuenta lo que quiere con vídeo propio. Y obligó a una disciplina nueva para el lector, la de fechar cada pieza antes de creérsela. Sin esa fecha, una imagen vale lo mismo que un rumor con buena fotografía.
Tanques abandonados, BMP-3 y lanzacohetes: qué revelaban los vídeos
A medida que avanzaban los días, el material cambió de textura. Empezaron a aparecer lanzacohetes múltiples, artillería pesada y los primeros tanques abandonados y vehículos
BMP-3, los que emplean las tropas de élite. La lectura era clara: el combate se estaba recrudeciendo y las bajas se acumulaban del lado ruso. No es que los vídeos demostraran una derrota, pero sí mostraban un frente más sucio y más lento de lo que vendía cualquiera de las dos partes.
En paralelo llegaba la versión logística, menos épica y más reveladora. Se pedían imágenes de tanques rusos parados sin gasolina, y lo que se documentaba era algo más prosaico: la dependencia de
camiones civiles para mover suministros tras las pérdidas de vehículos de transporte en el frente norte. Un ejército que improvisa con camiones de reparto tiene un problema de previsión, no de valentía.
Quedaba una variable sin resolver: el impacto del material militar que los socios occidentales empezaban a entregar. Nadie sabía cuánto tardaría en notarse sobre el terreno.
La pinza sobre Kiev: dos escenarios sobre la mesa
Con los mapas de situación —Kiev, el este de Kiev, Járkov y el Dombás, el sur— empezó el ejercicio de estrategia de sofá, pero con geometría seria detrás. Si las fuerzas del norte tomaban Kirovogrado y las del sur Cherkasy, quedaba una
bolsa de tropas ucranianas atrapada en el centro. La comparación con la operación Barbarroja apareció varias veces, y no precisamente como elogio al mando ruso.
Los escenarios se dividían en dos. Uno sostenía que el objetivo era el
cerco a Kiev con ganancias territoriales limitadas en el este y el sur. El otro, más maximalista, apostaba por la ocupación total. Entre ambos quedaba el ferrocarril, la vía por la que se suponía que llegarían los refuerzos rusos, con la duda de si la capacidad logística daba para tanto.
El otro mapa, el de las intenciones, dibujaba un plan bastante explícito: unir Crimea por tierra con Rusia tomando toda la costa del Azov, tomar Járkov, tomar Odesa y dejar a Ucrania sin salida al mar. Con Kiev como guinda. Ese era el dibujo que circulaba, no el resultado.
Bajmut y Avdiivka: cuando las imágenes dejaron de ser novedad
Con el tiempo el flujo se saturó. La batalla de Bajmut se describió como el «Passchendaele del siglo XXI», y las imágenes de trincheras con bajas de los dos bandos dejaron de ser un hallazgo para convertirse en rutina. La ofensiva rusa sobre Avdiivka añadió otra capa: explosiones de
ODAB-500 y secuencias de asalto ordenadas para verse de arriba abajo.
También llegaron los episodios incómodos. El caso de un grupo de soldados que se rindieron y habrían sido ejecutados después se difundió con un titular que, según las comprobaciones que circularon, no se correspondía con lo que mostraba el vídeo. La distancia entre lo que enseña una imagen y lo que dice el titular es, en este conflicto, casi siempre abismal.
Ya no hacía falta buscar material: hacía falta tiempo para verlo y estómago para clasificarlo. Las imágenes habían dejado de ser prueba y se habían convertido en archivo.
Con los objetivos sin cumplir y las bajas creciendo, el análisis se queda atascado en la misma pregunta de los primeros días: si el cerco se consuma o si el desgaste puede con él. Nadie tiene todavía la respuesta.