108 euros por una lubina de 1,8 kilos en la costa asturiana
Una lubina de 1,8 kilos a 60 euros el kilo. Ciento ocho euros solo en pescado. El ticket completo, con el resto de consumiciones, se va a 141,60 euros y por las bebidas que figuran en la cuenta se deduce una mesa de dos comensales. La escena ocurre en un restaurante de un pueblo costero asturiano y el desglose escuece: junto a precios que resultan normales, incluso baratos, aparece un único pescado que se come el presupuesto entero.
El desglose: 1,8 kilos, 60 euros el kilo, 108 euros
El cálculo no admite interpretación. 1,8 kilos por 60 euros el kilo son
108 euros. Un ejemplar de casi dos kilos, talla media-baja para la especie, que sobre una mesa de dos personas garantiza que va a sobrar comida. La cuenta final,
141,60 euros, deja en el pescado la mayor parte del gasto, algo que cuesta ver incluso en cartas de costa.
Lo llamativo no es solo la cifra. Es la asimetría de la carta: el resto de los artículos se mueven en precios que no llaman la atención, algunos directamente económicos, y todo el golpe se concentra en el pescado fresco. Un relato de viaje sitúa el local en Tapia de Casariego, aunque el ticket no identifica el establecimiento.
Lubina salvaje o de piscifactoría: la duda que el ticket no resuelve
El precio de 60 euros por kilo solo tiene una defensa sólida: que el ejemplar fuera salvaje. La de piscifactoría, criada y de talla controlada, se mueve en pescadería en horquillas mucho más bajas, entre 20 y 30 euros el kilo para piezas de ese tamaño, y hay quien sostiene que la diferencia de calidad con la salvaje no justifica el salto. Otros defienden lo contrario: la salvaje de ese peso es un producto caro de cojones en el mercado y el restaurante solo traslada el coste.
Las referencias de pescadería tensionan el argumento. Una lubina salvaje de Conil de más de un kilo se pagó a
29,90 euros el kilo en una pescadería de barrio de Madrid, y una lubina canaria de piscifactoría de un kilo salió a
28 euros el kilo en Zaragoza. Es decir: la mitad, o menos, de lo que costó el mismo pescado servido en mesa.
Salvaje es la palabra clave, y nadie puede comprobarla una vez el bicho está en el plato.
El agua a 3 euros y la caña a 2,80: ¿es caro el pescado o es caro sentarse?
El mismo ticket incluye 3 euros por un litro de agua y 2,80 euros por un cuarto de cerveza. Si esas cifras se han normalizado, la lubina deja de parecer una anomalía y pasa a ser una pieza más de la misma escalada. La botella de agua, al fin y al cabo, también es agua.
La comparación con lo que se pide en las mesas de barrio da la vuelta al relato. Hace años era impensable no pedir calamares o sepia; hoy esos platos han desaparecido de las comandas habituales por precio, y lo que domina son las patatas bravas y el morro de cerdo, lo más barato de la carta y lo que más llena. El ajuste no lo hace el restaurante. Lo hacen los clientes.
El fin del paraíso barato: los precios de la costa asturiana
Asturias arrastra la fama de destino económico y la fama ya no se sostiene, según quienes comparan la región con Portugal: la idea de que viajar al norte sale barato pertenece a otra década. La alternativa que se plantea es desplazarse a un pueblo que no sea costero, donde esa misma lubina puede costar menos de la mitad.
También hay quien añade un factor de oferta: el encarecimiento del combustible ha obligado a flotas pesqueras a quedarse en puerto, lo que estrecha la disponibilidad de pescado fresco y presiona los precios al alza. Sobre la transparencia, la advertencia es la de siempre: pedir a ciegas y quejarse después es un riesgo que se asume uno mismo.
Si el ejemplar era salvaje, la cuenta se sostiene. Si era de cría, alguien pagó el doble de lo que valía. Nadie podrá comprobarlo ya. ¿Cuánto de esos 108 euros era producto y cuánto era la vista al mar?