Dos torres de Campanar ardieron como una falla 20 años después
El incendio de Campanar devoró dos bloques de viviendas unidos por un ascensor panorámico. Y por algo más: dos décadas antes, el barrio de Nou Campanar se promocionó plantando la falla que ganó la Sección Especial seis años seguidos. La coincidencia convierte un suceso trágico en un caso con muchas capas: la del
bum inmobiliario, la del revestimiento de la fachada y la de las teorías que buscan un significado oculto en la fecha.
El barrio que se vendió con una falla ganadora
Nou Campanar debutó en la categoría Especial de las Fallas en 2004 y se llevó el primer premio, tanto en la categoría mayor como en la infantil. El titular del momento, recogido por
El País, lo resumía así: «Es la más alta, la más cara, la más nueva». Detrás estaba el constructor Juan Armiñana, que presidía la recién creada comisión fallera y que dejó las cosas claras, según el relato que se repite: «Que no falte de nada, porque yo lo pondré».
La operación inmobiliaria se acordó entonces. Paco Roig —hermano de Juan Roig, presidente de Mercadona, y de Fernando Roig, al frente de Pamesa— acordó el 16 de marzo de 2004 la venta a Juan Armiñana de unos solares junto a la falla. Hay una versión que no ha dejado de circular: que sobre la mesa había dos sobres, uno con un precio más bajo por si la falla no ganaba y otro más alto por si se alzaba con el premio. Y aquello ocurrió.
Entre 2004 y 2009, miles de personas caminaban hasta aquel barrio alejado del centro para ver la falla campeona, y cada año aparecía una promoción nueva a la venta. El público ponía el interés y los pies; los promotores, los futuros compradores.
FBEX, el revestimiento y la normativa que cambió
Los dos edificios se construyeron después de un cambio de normativa y se terminaron en 2009. De su revestimiento se ha hablado mucho: circula un vídeo de la promotora FBEX, difundido diecisiete años atrás, en el que se aludía a un material de fachada bastante inflamable. Conviene ser prudentes. La causa exacta del incendio no queda aclarada en la información disponible, y la relación entre el fuego y el aislamiento es una hipótesis que gana peso, no un hecho confirmado.
Bajo los edificios quedaba el último gran local del
bum sin estrenar, que después ocupó un concesionario de coches eléctricos BYD. La última pieza de un ciclo que arrancó con una falla.
¿Dónde empezó el fuego y qué había en el edificio?
Una de las preguntas que más circuló fue la del origen concreto: dónde se inició el fuego y si había alguien viviendo ahí. El incendio se declaró a media tarde y la cifra de 22 dotaciones de bomberos da la medida del despliegue. También se repitió el dato de las 17 toneladas de polietileno en el entorno del edificio, aunque como interrogante y no como cifra verificada.
En el bloque vivían residentes de distintas procedencias, entre ellos un grupo de personas que habían huido de la guerra. El suceso dejó víctimas mortales, y los testimonios de quienes quedaron atrapados se han convertido en material que algunos leen como guion y otros como simple desesperación humana.
La numerología del 22 de febrero
El suceso cayó en una fecha redonda para los aficionados a los números. El 22 del 2. La planta 8, puerta 86. FBEX sumaría 313. Campanar, según una conocida calculadora de gematría, daría 216 (6×6×6). Y el incendio se produjo, según los cálculos que circulan, 3×3×911 días después de los atentados del 11-S.
Ninguna de esas coincidencias demuestra nada, y ese es justo el problema. Son el tipo de juego que aparece en cada desgracia y que aquí se refuerza con un detalle llamativo: visto desde el aire y con simetría horizontal, el plano de las calles permite dibujar una cara con cuernos en la que las dos torres incendiadas hacen de ojos. Un ejercicio de pareidolia, cero valor probatorio.
El conserje, los rescatados y el relato del milagro
A la hora de contar lo ocurrido, hay un personaje que se repite: el conserje que, puerta por puerta, avisó a los vecinos para que salieran. Quienes le hicieron caso, según ese relato, se salvaron. Ese relato del aviso casa mal con la idea de una tragedia sin remedio, y ha servido tanto para elogiar la reacción humana como para alimentar las lecturas más conspirativas sobre lo preparado que estaba todo.
Con el tiempo, lo más probable es que la investigación se centre en el revestimiento y en el origen material del fuego, y que las teorías simbólicas queden en el terreno de las redes. Pero mientras la huella de los dos bloques siga presente, la lectura más incómoda seguirá siendo la económica: un barrio que se vendió a sí mismo con una falla y veinte años después se convirtió en otra.