Inflación: el 15% real que algunos ven tras el IPC oficial
Mientras el IPC oficial se sitúa en torno al 6%, hay quienes sostienen que la
inflación real alcanza el 12% o el 15%. La brecha entre el dato que publican los institutos de estadística y lo que se paga en la cesta de la compra se ha convertido en el centro de un debate que lleva años gestándose y que ahora, con los tipos de interés en el aire, cobra una urgencia nueva. La pregunta que se repite ya no es cuánto sube todo, sino cuánto tiempo más se puede sostener esta situación.
El IPC que no cuadra con la cesta de la compra
El dato oficial de inflación ronda el 6%, pero hay quien eleva la cifra hasta el 12% o el 15% real. La referencia a los gráficos de inflación alternativa (Alternate Inflation Charts) se ha convertido en un lugar común para medir la brecha. El argumento que se repite es que, si el IPC fuera cierto, el precio de los alimentos, la energía y los alquileres no habría experimentado subidas tan violentas. Solo el combustible se ha encarecido un 40% en el último año, según algunos de los datos que se manejan en el debate. La conclusión que se repite es que el dato oficial está cocinado.
La regla de Taylor y el tipo imposible
Un cálculo que aplica la regla de Taylor —una fórmula que los bancos centrales usan para fijar tipos de interés— concluye que, con una inflación anualizada y corregida estacionalmente del 15,4%, la Reserva Federal debería subir los tipos hasta el 24,1% para bajarla al 2%. La cifra es tan elevada que nadie la discute en serio. El problema es que, si no se suben, la economía queda destruida por la inflación; si se suben, la economía queda destruida por el coste del dinero. Es el dilema que resume la trampa: hagan lo que hagan, Estados Unidos y Europa están jodidos.
Oro, plata y el refugio que no paga impuestos
Frente a este escenario, la receta que se repite es la de los metales preciosos. El oro replica el crecimiento de la masa monetaria (M2), lo que significa que no genera ganancias reales, pero conserva poder adquisitivo. La plata, más volátil, se presenta como la opción para pequeños ahorradores: con 50 euros, dos onzas de plata física del 999. La advertencia es clara: al comprar se paga un 5% de prima y al vender otro 5%, por lo que hay que calcular un horizonte de tres años para recuperar la inversión. El oro no paga impuestos, solo transporte y comisión. La vivienda en alquiler genera renta, pero exige 50.000 o 60.000 euros de entrada y capacidad para responder a una hipoteca.
Criptomonedas: el refugio que sube un 500% o se despeña
La otra pata del debate son las criptomonedas. Hay quien sostiene que HEX, una moneda que reparte su inflación del 3% anual entre quienes hacen staking, ha subido un 20% en 24 horas y acumula un 500% de beneficios en seis meses. El argumento es que, a diferencia del sistema fiat, donde las monedas nuevas se las llevan bancos y gobiernos, aquí la inflación trabaja para el usuario. La réplica no se hace esperar: eso obliga a operar en intradía y no es una reserva de valor. La discusión sobre si las criptos son el presente y el futuro o una bomba de relojería sigue abierta.
Ebro Foods y la tesis de la alimentación
Entre las empresas españolas, hay un nombre que se repite: Ebro Foods. Líder mundial en arroz y segundo en pasta, con demanda inelástica (nadie deja de comer), muy internacionalizada (España solo supone el 8% de su mercado) y con capacidad para repercutir la inflación al cliente final. Su negocio es fácil de automatizar, acaba de abrir una planta automatizada y reparte dividendos constantes. Los propietarios están comprando acciones. Es la tesis del valor refugio dentro del Ibex, aunque no exenta de riesgos: la agenda 2030 y la presión sobre el consumo de carne podrían afectar a su negocio.
El punto exacto donde el análisis se atasca es el mismo que al principio: nadie sabe si los tipos subirán lo suficiente para contener la inflación sin llevarse por delante la economía. Con la regla de Taylor marcando un 24,1% imposible, la única certeza es que el que acierte con el refugio correcto habrá ganado la partida. El resto, a esperar.