«Irán lanza 500 misiles y solo daña un aeródromo»
El resultado del ataque iraní contra Israel es, según un forero, un daño parcial a un aeródromo. Nada más, según su versión. Una operación preparada durante años, con oleadas de centenares de drones, misiles de crucero y misiles balísticos, y el balance material se reduce a eso según ese participante. La paradoja que plantea es contundente: el país que durante décadas se ha vendido como una fuerza militar imparable apenas ha arañado a su enemigo, que aún no ha respondido.
La sensación que traslada ese análisis es la de una
impotencia estructural. Israel elimina a generales iraníes donde y cuando quiere, con un esfuerzo mínimo, según esa lectura. Irán, en cambio, necesitaría movilizar todo su arsenal para tocar un objetivo periférico. La pregunta que sobrevuela, en ese marco, es cuántos misiles harían falta para causar un daño real y cuánto stock queda para intentarlo.
El coste de la defensa y el desgaste del atacante
El intercambio de golpes tiene una lectura económica que plantea un forero. Un misil de la cúpula defensiva israelí vale alrededor de
60.000 euros, mientras que un dron de ataque puede costar una décima parte, o menos, según ese cálculo. La asimetría de precios es brutal y jugaría a favor de quien ataca en masa, según esa opinión. Pero la asimetría de resultados sería aún mayor, según el mismo forero: el 90% de los proyectiles fue derribado y el 10% restante cayó en el desierto.
Hay quien sostiene que Irán no puso toda la carne en el asador. Que avisó con antelación, que eligió objetivos simbólicos y que buscaba una respuesta proporcionada, no una escalada total. Bajo esa lectura, el ataque cumplió sus objetivos: demostrar que ya no teme una confrontación directa y devolver el golpe tras la muerte de siete generales en Damasco. La otra lectura, la que domina el tono general, es que Irán simplemente no podía hacer más sin exponerse a una derrota humillante.
¿Por qué no despegaron los aviones de combate iraníes?
La respuesta que da un forero es sencilla: exponer aviones de combate a las defensas antiaéreas israelíes y a los F-35 estadounidenses habría sido un suicidio militar. Los cazas iraníes son, en el mejor de los casos, reliquias con décadas de servicio y repuestos de chatarrero, según ese participante. No hay una fuerza aérea capaz de sostener una campaña contra Israel, según su análisis.
Eso deja a Irán con una única herramienta real, según esa lectura: el misil y el dron. Y esa herramienta, a la vista de los resultados, tiene un techo. Si con 500 proyectiles no se toca nada relevante, la ecuación se rompe: para hacer daño de verdad harían falta miles, y a ese ritmo el stock se agota en una semana, según ese cálculo. La disuasión convencional iraní queda en entredicho, según esa opinión.
La respuesta israelí y el programa nuclear
El ataque iraní ha abierto la puerta a una represalia israelí que antes era políticamente más costosa, según se argumenta en el debate. La excusa perfecta, se sostiene, para bombardear las plantas de uranio iraníes. El programa nuclear recibiría un acelerón explosivo, paradójicamente, como consecuencia del propio ataque fallido, según esa lectura.
La incógnita que plantea un forero es si Israel tiene fuerza suficiente para una guerra prolongada contra Irán. No ha conseguido vencer a Hamás después de meses de operación, según su análisis. Irán, en cambio, soportó diez años de guerra contra Irak. La comparación de resistencias no favorece al bando israelí, aunque su superioridad tecnológica y su paraguas aliado sí lo hagan, según esa opinión.
El frente interno israelí y la cohesión del gobierno
El gobierno israelí que gestiona esta crisis es, según el análisis más crítico, una coalición de radicales que antes del 7 de octubre iba camino de la guerra civil. Las familias de los rehenes presionan con una amenaza explícita: si vuelven todos en una bolsa, habrá una guerra civil. Las manifestaciones piden el fin de la guerra en Gaza. Los ultraortodoxos dividen al país.
La paradoja que plantea un forero es que la guerra exterior cohesiona lo que la política interior rompe. A Israel le interesa perpetuar el conflicto porque es lo único que mantiene unido a su gobierno, según esa opinión. Y eso, a su vez, hace impredecible la respuesta: un gobierno acorralado internamente tiene menos incentivos para la moderación, según ese análisis.
¿Qué ha demostrado realmente el ataque iraní?
Ha demostrado que Irán puede lanzar una salva masiva y que Israel puede interceptarla casi por completo, según los datos que maneja el debate. Ha demostrado que el mensaje disuasorio iraní se queda corto, según una lectura. Y ha demostrado que la próxima vez que Israel ataque intereses iraníes en Siria, habrá respuesta directa, según otra. Lo que no ha demostrado es que Irán pueda ganar una guerra convencional.
La incógnita que queda abierta es la respuesta israelí. Si es tibia, muchos leerán que el ataque estaba pactado. Si es contundente, el programa nuclear iraní puede dejar de ser una amenaza latente para convertirse en un objetivo militar. Con estos mimbres, ¿alguien cree que la próxima salva será la última?