Italia encadena emergencias y ya suma 34 meses sin pasar por el Parlamento
¿Cuánto tiempo puede un Gobierno gobernar por decreto antes de que eso tenga otro nombre? Italia acaba de cerrar el estado de emergencia por la covid y, sin solución de continuidad, ha aprobado otro para gestionar la acogida de refugiados ucranianos. La medida se aprobó el lunes, el mismo día en que media Europa competía por ver quién enviaba más material militar a Kiev. El texto, colado entre un paquete de medidas más amplio, incluye la transferencia de medios, materiales y equipos militares a las autoridades ucranianas. Es decir: la emergencia humanitaria sirve de envoltorio para el envío de armamento.
El detalle constitucional
La Constitución italiana fija en dos años el máximo de un estado de emergencia. Con esta prórroga, el país acumula
34 meses de gobierno por decreto, según un cálculo que circula en el debate. La cifra no es un tecnicismo: cada mes de emergencia es un mes en que el Ejecutivo legisla sin pasar por el Parlamento. Hay quien lo llama gestión ágil. Hay quien lo llama otra cosa. El cálculo completo, con el encadenado de prórrogas desde el inicio de la pandemia, da una cifra que sorprende a quien no haya seguido la letra pequeña.
¿Por qué se declara la emergencia justo ahora?
El calendario no es casual. El estado de emergencia por la covid expiraba y el nuevo se aprueba en el mismo movimiento. La justificación oficial es la acogida de refugiados ucranianos, pero Italia está a dos países de distancia de Ucrania. La logística no cuadra con la urgencia. Lo que sí cuadra es la coincidencia con la ventana en que los gobiernos europeos cerraban sus paquetes de ayuda militar. La parte importante del decreto, la que se coló entre el resto de medidas, es la transferencia de equipos militares. Aprobar eso por decreto y bajo paraguas de emergencia ahorra el debate parlamentario que un envío de armas exigiría en condiciones normales.
El precedente que nadie quiere repetir
La secuencia italiana se lee en clave española con incomodidad. Primero Italia, después nosotros, es el patrón que se repitió en la primavera de 2020. La pregunta que sobrevuela es si el estado de emergencia se ha convertido en una herramienta de gobierno ordinaria, no en una excepción. Un estado de emergencia puede degenerar en uno de excepción con relativa facilidad, y las implicaciones legislativas de ese salto son notables. La sospecha de que la emergencia se prorroga porque conviene, no porque haga falta, es difícil de rebatir cuando el país vecino encadena 34 meses.
El paquete militar que viaja en el mismo decreto
La transferencia de medios y equipos militares a Ucrania se aprobó el lunes, cuando varios gobiernos europeos competían por quién contribuía con más armamento. Meter eso en un decreto de emergencia por acogida humanitaria es una forma de esquivar el escrutinio. No hay debate parlamentario, no hay votación nominal, no hay rastro de quién aprobó qué. La emergencia hace las veces de alfombra bajo la que se barre lo incómodo.
Lo que queda por ver
El estado de emergencia italiano tiene fecha de caducidad, pero la historia reciente enseña que las prórrogas llegan solas. La pregunta no es cuándo termina, sino qué se habrá legislado por decreto cuando termine. Con estos precedentes, la tentación de encadenar emergencias es evidente. Y el coste democrático de cada eslabón, difícil de cuantificar hasta que ya no hay marcha atrás.