Calígula, César y el médico checo que leyó la historia con ojos de neurólogo
Cuando Calígula pasó de ser la gran promesa del imperio a tirano sanguinario en cuestión de meses, los historiadores romanos lo despacharon con un diagnóstico simple: locura. El médico y divulgador checo Iván Lesny no se conformó con esa respuesta. En su célebre Informe sobre las enfermedades de los poderosos, publicado en 1984, utilizó la neurología moderna para reinterpretar las dolencias de grandes figuras históricas y el modo en que condicionaron sus decisiones.
Lesny, nacido en Praga, construyó una obra de divulgación que trascendió el ámbito médico. Su tesis es provocadora: una fiebre, un desmayo o un ataque epiléptico en un líder pueden alterar el rumbo de una batalla o de un reinado. El libro analiza a César, Calígula y otros líderes bajo la lupa de la neurología, y se convirtió en un éxito entre lectores no especializados.
El enigma de la salud de César
Plutarco y Suetonio dejan testimonios contradictorios sobre los achaques de Julio César. Se mencionan fiebres, desmayos y pesadillas. Plutarco describe la huida de César de Sila con fiebre, mientras que Suetonio, más proclive al chisme, acumula detalles sobre su vida sexual. Algunos análisis apuntan a la epilepsia, pero no todos encajan: las crisis y las pesadillas podrían corresponder a narcolepsia u otros trastornos del sistema nervioso. La falta de tratamientos eficaces hasta el siglo XX complica cualquier diagnóstico retrospectivo.
Calígula: ¿locura o enfermedad orgánica?
El caso de Calígula es el que más ha explotado la literatura y la medicina. Su cambio de conducta se atribuyó a una locura latente que estalló con el poder, como reflejó Albert Camus en su drama de 1945. Los estudios modernos no descartan una encefalitis o un trastorno neurológico. La serie televisiva Yo, Claudio, basada en Robert Graves, popularizó la versión clásica, pero el expediente sigue abierto.
Hay algo que descoloca en esta revisión: la epilepsia, hoy controlable con fenobarbital desde 1912, no tuvo tratamiento eficaz hasta entonces. Antes, el bromo aliviaba pero hundía el ánimo. La historia de la medicina de los poderosos demuestra que el estigma de una enfermedad mal comprendida a menudo pesa más que la enfermedad misma.