Segunda lectura

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RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La idea de que Grecia clásica es la fuente original del conocimiento occidental podría ser una simplificación. Hay indicios de saberes muy anteriores, preservados y retransmitidos, que desafían nuestra comprensión de la historia.

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La idea de que Grecia clásica es la fuente original del conocimiento occidental podría ser una simplificación. Hay indicios de saberes muy anteriores, preservados y retransmitidos, que desafían nuestra comprensión de la historia.

La sombra de lo que fue

Dicen que Roma fue una copia de la Grecia clásica, una versión algo deslucida. Y que Grecia, a su vez, bebió de fuentes aún más antiguas. Solón, ese padre de la democracia ateniense, supuestamente viajó a Sais para empaparse de saberes que no encontraba en casa. Y Pitágoras, el de los acordes musicales, también se dice que hizo sus maletas hacia Egipto. Las escalas de doce "peldaños" con siete notas, con sus cinco tonos y dos semitonos, que aún llamamos "modos griegos", ya estaban inscritas en tablillas cuneiformes en Acadio, encontradas en Nippur (Irak), con al menos 3600 años de antigüedad. Eso es un milenio antes de los griegos. Y quién sabe de dónde venían esas tablillas, si a su vez eran copias de otras aún más viejas.

Es como si la historia funcionara a través de ciclos, con civilizaciones que suben y bajan, y en esos vaivenes, el conocimiento se va salvaguardando, a veces casi por milagro. Los monjes copistas de la Edad Media, guardando manuscritos en sus monasterios, son un buen ejemplo. La preservación de lo antiguo va de la mano con la creación de lo nuevo, siempre que haya recursos y estructuras que lo permitan. Pensar en Grecia como el punto de partida absoluto del conocimiento nos da una base sólida para nuestro paradigma, pero si somos honestos con las limitaciones de nuestro saber, quizás deberíamos dejar unos prudentes puntos suspensivos en lugar de fijar un único origen.

Ecos de un saber olvidado

Ya hace tiempo se habló de Göbekli Tepe, de ese calendario solar de hace unos 11000 años. Un conocimiento que, al parecer, ni griegos ni romanos llegaron a conocer. Y no nos olvidemos de la serpiente de Kukulcán en Chichén Itzá, descendiendo por la escalera en cada equinoccio. Con sus 91 peldaños por lado, suma 364, más uno en la cima, un total de 365. Un fenómeno similar ocurre en la Gran Pirámide de Giza. Esto contrasta con el cómputo de lunas, que da unas 354 días, un desfase considerable que, antes de que Julio César nos trajera su reforma, era motivo de burla.

El conocimiento que impulsó la reforma de ese calendario, el que usamos hoy con una pequeña corrección del Vaticano, proviene del calendario solar egipcio, pasado por Alejandría. Y Alejandría es el ejemplo perfecto: el saber no solo se crea, también se pierde. Siempre es más fácil destruir que construir. Lo que vengo diciendo hace tiempo: nuestra herencia "greco-romana" es más bien poética; nosotros somos más herederos de aquellos a quienes llamaron bárbaros y que, precisamente, destruyeron esos imperios.

El ciclo imparable del cambio

Parece una constante histórica, aunque nuestro lapso de observación sea breve. Todos los sistemas, si no están en perfecto equilibrio, llevan la semilla de su propia destrucción. El orden de hoy es, inevitablemente, el desorden de mañana. Esta idea, vista desde la perspectiva político-económica, adquiere la fuerza de una ley física. En general, quienes conocen el pasado no necesitan prever el futuro.

Y esta otra idea, algo soberbia y enigmática a la vez, apunta al eje de una nueva forma de entender las cosas: hay una segunda lectura de la historia, cada vez más sólida, que señala una fuente de conocimiento perdido. Y viene de muchos sitios: del legado atlántico de Platón, de las construcciones megalíticas repartidas por el mundo con patrones similares como muros poligonales y pirámides, de las teorías geológicas que hablan de cambios drásticos hace 12000 años, de los textos sagrados y mitos que han llegado hasta nosotros, de la teoría musical que ya estaba en tablillas cuneiformes, del conocimiento exacto de los equinoccios en Egipto y México mucho antes de Roma, de la evidencia del uso de electricidad más allá de su redescubrimiento moderno con la Pila de Bagdad, y de la noción de estructuras de poder que operan con cierto secretismo, elitismo y nepotismo.

Es imposible no llegar a la conclusión de que la historia es, en realidad, al revés de como nos la cuentan. No somos los faros de la civilización, sino quizás aquellos que quemaron el faro y ahora nos maravillamos con trozos de vidrio que apenas entendemos. Bueno, quizás no el faro, pero sí la biblioteca. Hablo de Alejandría. O quizás ese "nosotros" debería ser revisado, preguntándonos si no hay otras fuerzas actuando, moviendo a los humanos a través de redes, con intereses que les son ajenos.

La evidencia, vista con la óptica correcta, está en todas partes. Se filtra desde la estructura económica hacia la política. Al final, tenemos un sistema de élites extractivas que moldea la enseñanza a su conveniencia, y la ignorancia también, bajo un sistema de leyes que promueve su perpetuidad e impunidad a través del monopolio de la violencia. El conocimiento nace fragmentado desde su base, no solo por especialización, sino para limitar cualquier visión de conjunto. No hay donde se enseñe formalmente nada sobre "ufología" o "conspiraciones"; suelen ser objeto de desprestigio, ya sea por errores propios, inducidos o forzados. El ser humano parece ser ayudado por su peor enemigo. Quizás él mismo.

Lo que a estas alturas es innegable es que cada vez es más difícil desprenderse de la noción de una civilización previa con conocimientos que apenas empezamos a descifrar, y que colapsó a causa de algún tipo de cataclismo. A veces, desperdigando ese conocimiento entre sociedades que apenas fueron capaces de preservarlo; otras, usándolo para relacionarse con ellas con ventaja y, finalmente, para dominarlas. Bienvenido al mundo post-atlántico.

Datos clave
  • *3600 años**: Antigüedad de las tablillas cuneiformes con teoría musical.
  • *11000 años**: Edad estimada del calendario solar de Göbekli Tepe.
  • *Grecia**: Civilización a menudo considerada cuna del saber occidental.
  • *Roma**: Imperio que, según se dice, imitó a la Grecia clásica.
  • *Alejandría**: Centro de conocimiento y ejemplo de pérdida de saber.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

drojadisto

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Una de las ideas más útiles para comprender la historia de occidente, siempre a vuelo de pájaro, grosso modo, es que Roma es una reedición en muchos aspecto de la Grecia clásica. Que recibe de ahí su inspiración, una imitación, incluso una copia barata dirían algunos. Del mismo modo en que a veces se hace alusión al imperio romano para describir al poder hegemónico de nuestros días.

En cualquier caso, Grecia es la fuente de conocimiento original, en esa lectura. Pero tal vez podamos dar un paso más y aplicarle la misma óptica a la posición de Grecia. Solón, padre de la democracia ateniense y aquel que según Platón viajara a Sais a recibir conocimientos no hallados en Grecia, podría ser un buen punto de partida. También de Pitágoras se dice que viajó a Egipto.

Pitágoras, el de la teoría musical. No en vano, las combinaciones de una escala musical de doce “peldaños” con escalas de siete notas (o grados), que incluyen 5 tonos y dos semitonos, aún las llamamos “modos griegos”.

En el artículo anterior demostraba como esos modos griegos ya eran conocidos hace por lo menos 3600 años, lo que viene a ser un milenio antes. Están inscritos en una tablilla cuneiforme, en acadio, hallada en Nippur (Irak) que se piensa que es copia de otra del periodo paleobabilónico. Y supongo que sin saber de cuál anterior sería copia esa última o del origen de ese conocimiento.

Porque al final lo que estamos viendo una y otra vez reproducido en la historia es el papel de los monjes copistas en los monasterios medievales. La civilizaciones presentarían auges y declives, en los grandes intervalos de tiempo. Y la preservación de ese conocimiento anterior suele ir en paralelo a su investigación y la generación de “nuevo” conocimiento. Siempre en función de los recursos y de la pervivencia de las estructuras que los generan.

Lo de Grecia como fuente creadora del conocimiento nos funciona muy bien como base del paradigma que nos creamos, y dado que el conocimiento tiene sus límites, en algún lugar se ha de establecer el punto de origen. O no. Si somos conscientes de esas limitaciones (epistemológicas) tal vez en lugar de establecer un punto debiéramos fijar unos prudentes puntos suspensivos.

Y aquí enlazo con un trabajo anterior, referente a Gobekli Tepe, en el que se repara en la existencia de un calendario solar hace unos 11000 años del que, al parecer, ya no llegaron a tener conocimiento ni griegos ni romanos.

Sin embargo la serpiente de Kukulcán desciende puntualmente la escalera en cada equinoccio. Con su base cuadrangular y 91 peldaños por lado: 364. Mismo fenómeno equinoccial que sucede en la Gran Pirámide de Giza. Mucho mejor que el mero cómputo de lunas que da 354, poco más o menos lo que tenían griegos y romanos. Un severo desajuste que antes de que César cruzara el Rubicón (Julio es por él) era causa de mofa.

El conocimiento del que se vale la reforma del calendario que propugnó, a la postre es el que tenemos hoy, (salvo la pequeña revisión incorporada por el Vaticano) y procede del calendario solar egipcio, vía Alejandría.

Y Alejandría es sin duda el mejor ejemplo: El conocimiento no sólo se genera, se puede perder. Todos saben que es mucho más fácil destruir que construir.

Lo vengo diciendo hace tiempo: nuestra herencia “greco-romana”, es más bien poética, nosotros somos más parte de aquellos que llamaban bárbaros y destruyeron esos imperios.

Se dibuja casi como una constante en la historia, sólo con el, en realidad, breve lapso que podemos observar. Todos los sistemas (que no están en equilibrio, añado yo) llevan la semilla de su propia destrucción. O: el orden de hoy es el desorden de mañana.

La afirmación, correspondiente al ámbito político-económico, vista a través de la historia, adquiere atribuciones de ley física. En general, parece que quienes conocen el pasado no necesitan conocer el futuro.

Y esta otra afirmación, tal vez entre algo soberbia y algo enigmática, refleja un poco el eje de la nueva articulación que se está proponiendo: hay una segunda lectura de la historia cada vez más sólida que apunta a una fuente de conocimiento perdido. Desde ámbitos muy diversos, volvamos a enumerar:




Desde el legado Atlántico de Platón (1, Historia).

Pasando por la diversidad de construcciones megalíticas con patrones característicos: muros poligonales, pirámides, presentes alrededor de todo el globo (2, Arqueología).

Sumado a los escenarios de glaciaciones que proponen un cambio drástico hace 12000 años (3, Geología).

Teniendo en cuenta los “textos sagrados” o relato mítico y religioso que han llegado hasta nuestros días (4, Teología).
Sabiendo que la teoría musical vigente ya procedía de tablillas escritas en cuneiforme (5, Matemáticas)

Si además mucho antes de Roma ya existía un conocimiento exacto en Egipto de lo equinoccios, también en México (6, Atronomía)

Y existe evidencia del uso de electricidad más allá del redescubrimiento moderno: la desaparecida Pila de Bagdad (8, Ingeniería)

Así como se desprende la noción de las estructuras de poder del mundo que se procede con un cierto secretismo, elitismo y nepotismo (9, Geopolítica).

Y esto por citar sólo unas pocas, es imposible no llegar a la conclusión de que la historia es en realidad al revés de como se cuenta. No somos los faros de la civilización llevando la luz del conocimiento hacia las fronteras del infinito. Somos los que quemaron el faro y aún nos maravillamos con pedazos de vidrio que ni siquiera comprendemos. Bueno, tal vez el faro no. Pero la biblioteca sí. (Hablando de Alejandría).

O quizás ese “nosotros” deba ponerse bajo revisión y preguntarse si no hay otras fuerzas actuando en el mundo. Seguramente, mediante redes de humanos pero con intereses que en principio les serían impropios.

La evidencia, vista con la óptica adecuada, está en cualquier lugar: permea desde la estructura económica hacia la política. Al final lo que tenemos es un sistema de élites extractivas (10, Economía) que termina modelando la enseñanza a su conveniencia, y la ignorancia igual (11, Pedagogía), bajo un sistema de leyes que a la postre promueve su perpetuidad e impunidad (12, Derecho) a través del monopolio de la violencia que enseña a los demás a no ejercer (13, Militar).

Así, el conocimiento nace fragmentado desde su base, no sólo como estrategia de especialización si no limitando desde el principio cualquier posible visión de conjunto. No hay donde se enseñe formalmente nada acerca de “ufología” ni “conspiraciones”, en realidad suelen ser objeto de desprestigio, ya sea por errores propios, inducidos o directamente forzados. En resumen, el ser humano parece ser ayudado por su peor enemigo. Tal vez él mismo, está por ver.

Lo que a estas alturas resulta innegable es que cada vez es más difícil desprenderse de la noción de una civilización previa con conocimientos que apenas empezamos a descifrar y que colapsó a causa de algún tipo de cataclismo. A veces desperdigando ese conocimiento entre sociedades que apenas fueron capaces de preservarlo, otras usándolo para relacionarse con ellas con ventaja, y finalmente para dominarlas. Bienvenido al mundo post-atlántico.

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Una de las ideas más útiles para comprender la historia de occidente, siempre a vuelo de pájaro, grosso modo, es que Roma es una reedición en muchos aspecto de la Grecia clásica. Que recibe de ahí su inspiración, una imitación, incluso una copia barata dirían algunos. Del mismo modo en que a veces se hace alusión al imperio romano para describir al poder hegemónico de nuestros días.

En cualquier caso, Grecia es la fuente de conocimiento original, en esa lectura. Pero tal vez podamos dar un paso más y aplicarle la misma óptica a la posición de Grecia. Solón, padre de la democracia ateniense y aquel que según Platón viajara a Sais a recibir conocimientos no hallados en Grecia, podría ser un buen punto de partida. También de Pitágoras se dice que viajó a Egipto.

Pitágoras, el de la teoría musical. No en vano, las combinaciones de una escala musical de doce “peldaños” con escalas de siete notas (o grados), que incluyen 5 tonos y dos semitonos, aún las llamamos “modos griegos”.

En el artículo anterior demostraba como esos modos griegos ya eran conocidos hace por lo menos 3600 años, lo que viene a ser un milenio antes. Están inscritos en una tablilla cuneiforme, en acadio, hallada en Nippur (Irak) que se piensa que es copia de otra del periodo paleobabilónico. Y supongo que sin saber de cuál anterior sería copia esa última o del origen de ese conocimiento.

Porque al final lo que estamos viendo una y otra vez reproducido en la historia es el papel de los monjes copistas en los monasterios medievales. La civilizaciones presentarían auges y declives, en los grandes intervalos de tiempo. Y la preservación de ese conocimiento anterior suele ir en paralelo a su investigación y la generación de “nuevo” conocimiento. Siempre en función de los recursos y de la pervivencia de las estructuras que los generan.

Lo de Grecia como fuente creadora del conocimiento nos funciona muy bien como base del paradigma que nos creamos, y dado que el conocimiento tiene sus límites, en algún lugar se ha de establecer el punto de origen. O no. Si somos conscientes de esas limitaciones (epistemológicas) tal vez en lugar de establecer un punto debiéramos fijar unos prudentes puntos suspensivos.

Y aquí enlazo con un trabajo anterior, referente a Gobekli Tepe, en el que se repara en la existencia de un calendario solar hace unos 11000 años del que, al parecer, ya no llegaron a tener conocimiento ni griegos ni romanos.

Sin embargo la serpiente de Kukulcán desciende puntualmente la escalera en cada equinoccio. Con su base cuadrangular y 91 peldaños por lado: 364. Mismo fenómeno equinoccial que sucede en la Gran Pirámide de Giza. Mucho mejor que el mero cómputo de lunas que da 354, poco más o menos lo que tenían griegos y romanos. Un severo desajuste que antes de que César cruzara el Rubicón (Julio es por él) era causa de mofa.

El conocimiento del que se vale la reforma del calendario que propugnó, a la postre es el que tenemos hoy, (salvo la pequeña revisión incorporada por el Vaticano) y procede del calendario solar egipcio, vía Alejandría.

Y Alejandría es sin duda el mejor ejemplo: El conocimiento no sólo se genera, se puede perder. Todos saben que es mucho más fácil destruir que construir.

Lo vengo diciendo hace tiempo: nuestra herencia “greco-romana”, es más bien poética, nosotros somos más parte de aquellos que llamaban bárbaros y destruyeron esos imperios.

Se dibuja casi como una constante en la historia, sólo con el, en realidad, breve lapso que podemos observar. Todos los sistemas (que no están en equilibrio, añado yo) llevan la semilla de su propia destrucción. O: el orden de hoy es el desorden de mañana.

La afirmación, correspondiente al ámbito político-económico, vista a través de la historia, adquiere atribuciones de ley física. En general, parece que quienes conocen el pasado no necesitan conocer el futuro.

Y esta otra afirmación, tal vez entre algo soberbia y algo enigmática, refleja un poco el eje de la nueva articulación que se está proponiendo: hay una segunda lectura de la historia cada vez más sólida que apunta a una fuente de conocimiento perdido. Desde ámbitos muy diversos, volvamos a enumerar:




Desde el legado Atlántico de Platón (1, Historia).

Pasando por la diversidad de construcciones megalíticas con patrones característicos: muros poligonales, pirámides, presentes alrededor de todo el globo (2, Arqueología).

Sumado a los escenarios de glaciaciones que proponen un cambio drástico hace 12000 años (3, Geología).

Teniendo en cuenta los “textos sagrados” o relato mítico y religioso que han llegado hasta nuestros días (4, Teología).
Sabiendo que la teoría musical vigente ya procedía de tablillas escritas en cuneiforme (5, Matemáticas)

Si además mucho antes de Roma ya existía un conocimiento exacto en Egipto de lo equinoccios, también en México (6, Atronomía)

Y existe evidencia del uso de electricidad más allá del redescubrimiento moderno: la desaparecida Pila de Bagdad (8, Ingeniería)

Así como se desprende la noción de las estructuras de poder del mundo que se procede con un cierto secretismo, elitismo y nepotismo (9, Geopolítica).

Y esto por citar sólo unas pocas, es imposible no llegar a la conclusión de que la historia es en realidad al revés de como se cuenta. No somos los faros de la civilización llevando la luz del conocimiento hacia las fronteras del infinito. Somos los que quemaron el faro y aún nos maravillamos con pedazos de vidrio que ni siquiera comprendemos. Bueno, tal vez el faro no. Pero la biblioteca sí. (Hablando de Alejandría).

O quizás ese “nosotros” deba ponerse bajo revisión y preguntarse si no hay otras fuerzas actuando en el mundo. Seguramente, mediante redes de humanos pero con intereses que en principio les serían impropios.

La evidencia, vista con la óptica adecuada, está en cualquier lugar: permea desde la estructura económica hacia la política. Al final lo que tenemos es un sistema de élites extractivas (10, Economía) que termina modelando la enseñanza a su conveniencia, y la ignorancia igual (11, Pedagogía), bajo un sistema de leyes que a la postre promueve su perpetuidad e impunidad (12, Derecho) a través del monopolio de la violencia que enseña a los demás a no ejercer (13, Militar).

Así, el conocimiento nace fragmentado desde su base, no sólo como estrategia de especialización si no limitando desde el principio cualquier posible visión de conjunto. No hay donde se enseñe formalmente nada acerca de “ufología” ni “conspiraciones”, en realidad suelen ser objeto de desprestigio, ya sea por errores propios, inducidos o directamente forzados. En resumen, el ser humano parece ser ayudado por su peor enemigo. Tal vez él mismo, está por ver.

Lo que a estas alturas resulta innegable es que cada vez es más difícil desprenderse de la noción de una civilización previa con conocimientos que apenas empezamos a descifrar y que colapsó a causa de algún tipo de cataclismo. A veces desperdigando ese conocimiento entre sociedades que apenas fueron capaces de preservarlo, otras usándolo para relacionarse con ellas con ventaja, y finalmente para dominarlas. Bienvenido al mundo post-atlántico.

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No entiendo este punto. Somos herederos del Catolicismo romano, alfabeto latino, lenguaje romance, filosofía griega, derecho romano, dieta mediterránea...

No veo por qué íbamos a ser más bárbaros que greco-romanos
 
No entiendo este punto. Somos herederos del Catolicismo romano, alfabeto latino, lenguaje romance, filosofía griega, derecho romano, dieta mediterránea...

No veo por qué íbamos a ser más bárbaros que greco-romanos

Por la caída del imperio romano de occidente.
 

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