EEUU necesita 456.000 albañiles: hasta 75.000€ al año
Estados Unidos tiene un agujero de mano de obra en la construcción que el gremio y los empresarios del sector reconocen sin disimulo: faltan 456.000 trabajadores, y para cubrirlos se ofrecen sueldos que llegan hasta los 75.000 euros anuales. La cifra, publicada por
El Español, ha servido para reabrir una pregunta incómoda: si el salario es el problema, ¿por qué nadie de los que se quejan del mercado laboral español hace las maletas?
La respuesta que circula en los mentideros económicos tiene menos épica de la que parece. El déficit de albañiles estadounidense convive con una expulsión acelerada de trabajadores migrantes, con el ICE como protagonista, y con una realidad constructiva muy distinta a la europea: allí el ladrillo es casi un artículo de lujo y la casa media se levanta con madera, pladur y vinilo imitando madera. Un montador de casetas de jardín, sostienen los más críticos, es lo que aquí llamaríamos un apilatochos.
Qué se paga y qué se construye en EEUU
El sueldo de hasta 75.000 euros brutos anuales suena a golpe de efecto hasta que se pone en contexto. En las grandes ciudades estadounidenses esa cifra es un salario normalito, y no da para gran nivel de vida. Lo apuntaba un cálculo repetido en la conversación: el coste de la vida se come el diferencial. El metro cuadrado en EEUU ya está a precio de metro cuadrado español, pero con calidades de cobertizo de jardín, según la comparación más repetida.
La calidad constructiva es el otro frente. Frente a la casa de ladrillo y hormigón, la vivienda estadounidense media se resuelve con entramado de madera, pladur y plásticos. Hay quien va más lejos y compara los bloques de pisos recientes, construidos también en madera, con Pripiat: edificios soviéticos abandonados hace cuatro décadas que ahí siguen en pie. Cuando hasta los soviéticos construían mejor que tú, remata el argumento, has fracasado como civilización.
El problema no es el sueldo, es el seguro médico
Aquí aparece el dato que desmonta la fantasía migratoria. En EEUU, un accidente laboral con lesión permanente que requiera tratamiento de por vida o acabe en paraplejia deja al trabajador en una situación económica crítica: la protección social es mínima y los costes sanitarios, altísimos. Litigar contra la empresa es otro callejón: un abogado cobra desde 500 dólares la hora.
La presión sindical en el sector, lejos de traducirse en un blindaje, deja al trabajador expuesto. Ese es el cálculo que nadie hace cuando mira solo el bruto anual. El salario alto compensa el riesgo solo mientras el cuerpo aguante.
La paradoja española: sobran parados, faltan albañiles
En España faltan albañiles, se reconoce sin discusión. Pero los profesionales patrios se niegan a cobrar un salario que consideran demigrante, y el sector sigue sin cubrir plazas. Mientras tanto, hay quien se forma para oficios que se daban por muertos: más de la mitad de los alumnos de la escuela municipal de oficios de Empleo Verde logran empleo, con 315 alumnos en su primer año de actividad.
El contraste es el anzuelo del asunto. Los que sostienen que aquí no hay trabajo no se han manifestado en masa para aprovechar la oportunidad estadounidense. Ni los entusiastas del sueño americano que prometían exiliarse han dado el paso. La pregunta flota: ¿es el salario o es que nadie quiere levantar casas de madera a 8.000 kilómetros de la terracita?
El ladrillo español y su memoria química
La conversación derivó hacia el pasado reciente del sector en España. Durante la burbuja inmobiliaria, los salarios altos del ladrillo convivieron con adicciones: la cocaína circulaba en los parkings de las obras y el estallido dejó trabajadores con ingresos altos que lo perdieron todo en muy poco tiempo. Un informe sobre Murcia documentó esa combinación de adicción y paro tras el pinchazo.
La discusión sobre el alcance real de ese fenómeno sigue abierta. Hay quien sostiene que fue un problema localizado y hay quien defiende que atravesó todo el sector. Lo que nadie discute es que el dinero fácil del ladrillo dejó una resaca química y laboral que tardó años en metabolizarse.
Con 456.000 puestos vacantes y sueldos de hasta 75.000 euros, la migración laboral hacia EEUU debería ser masiva. Sigue siendo anecdótica. Y los que se quejan del mercado español siguen esperando, sofá mediante, a que alguien les explique por qué no cogen el vuelo.