Vidal dice pagar un 9% de impuestos en EEUU frente al 50% español
César Vidal, el locutor y escritor que lleva años residiendo en Estados Unidos, ha dejado una frase que ha incendiado cualquier conversación sobre fiscalidad: «Acabo de pagar mis impuestos en Estados Unidos. Si tuviera esos ingresos en España se me llevarían el 50 %. Aquí anda en torno al 9». La afirmación, lanzada en redes, ha generado un debate que va mucho más allá de su caso personal: ¿es posible tributar tan poco en la primera economía del mundo? ¿O se trata de una simplificación interesada?
El asunto tiene miga porque toca dos nervios sensibles: la presión fiscal española y la credibilidad de quienes se marchan. Vidal no es un ciudadano anónimo. Es una figura pública que ha construido parte de su relato en torno a la libertad económica y la crítica al «latrocinio» fiscal español. Su cifra, sin embargo, no cuadra con los tipos federales estadounidenses que maneja cualquier contribuyente.
Los tramos del IRPF americano que contradicen el 9%
El sistema fiscal estadounidense es escalonado. Para 2023, un contribuyente individual paga un 10% por los primeros 11.000 dólares, un 12% hasta 44.725, un 22% hasta 95.375 y un 24% hasta 182.100. Es decir, para que alguien con ingresos altos acabe pagando un tipo efectivo del 9%, tendría que haber estructurado sus ingresos de una forma muy concreta: a través de una sociedad, con gastos deducibles, o con pérdidas declaradas.
Ese es el argumento que esgrimen quienes dudan del dato. Un tipo efectivo del 9% no es imposible, pero exige una ingeniería fiscal que no está al alcance del asalariado medio. Vidal, que tiene empresa y patrimonio, podría haberse acogido a estructuras societarias. En ese caso, la comparación con España no sería «50% frente a 9%», sino sociedades frente a sociedades.
El impuesto de sociedades y la letra pequeña que se olvida
En Estados Unidos, el impuesto federal de sociedades se sitúa en el 21%, al que hay que sumar el estatal, que en algunos estados es cero y en otros no. En España, el tipo general es del 25%. La diferencia existe, pero no es la abismal distancia que sugiere el tuit. Y hay más: los ciudadanos estadounidenses están obligados a declarar y tributar por sus rentas mundiales, vivan donde vivan, algo que no ocurre en casi ningún otro país.
Esa obligación vitalicia es una peculiaridad que conviene recordar cuando se idealiza el sistema americano. No es solo que pagues menos: es que el fisco te persigue por todo el planeta mientras mantengas la nacionalidad. Renunciar a ella es posible, pero tiene costes y trámites.
El coste real de vivir en Estados Unidos
La fiscalidad no termina en el IRPF. En Estados Unidos, el impuesto sobre la propiedad inmobiliaria puede llevarse 10.000 dólares anuales por una casa de medio millón. A eso se suman seguros médicos, cuotas de comunidad, basura, agua y electricidad. Quien haya vivido allí sabe que la factura mensual de servicios básicos supera con holgura la española.
El propio Vidal reconoció en una ocasión que en Estados Unidos se pagan «muy pocos» impuestos. Demasiado pocos, apostilló. Es una admisión que matiza su propio entusiasmo fiscal y que sus críticos utilizan para señalar la contradicción: si son tan bajos, ¿por qué el sistema público español es insostenible y el americano no?
La comparación con España y el tipo marginal del 50%
En España, el tramo más alto del IRPF ronda el 50% en algunas comunidades. Ese es el tipo marginal, no el efectivo. Un contribuyente que gane 100.000 euros no paga la mitad a Hacienda: paga un porcentaje menor sobre el conjunto. La confusión entre marginal y efectivo es habitual en este tipo de comparaciones, y conviene tenerla presente.
La discusión de fondo no es si Vidal paga mucho o poco, sino si el sistema español castiga el esfuerzo y la inversión. Los datos de presión fiscal comparada sitúan a España por encima de la media de la OCDE en impuestos sobre la renta, pero por debajo en impuestos sobre el consumo. El debate es más complejo que un tuit.
El éxodo fiscal de los ricos y sus consecuencias
Casos como el de Gérard Depardieu, que se marchó a Rusia cuando Francia aprobó un impuesto del 75% para las rentas altas, alimentan la narrativa de que Europa expulsa a los productivos. En Rusia, el IRPF es del 13%, y los autónomos tributan al 6%. Son cifras que se citan para reforzar la tesis del expolio.
Pero la emigración fiscal de los ricos tiene un coste para los países que la sufren: menos base tributaria, más presión sobre los que se quedan. Y no está claro que los que se van representen la élite productiva o simplemente la élite que puede permitirse optimizar.
La cifra del 9% sigue sin cuadrar para la mayoría de analistas. Vidal no ha detallado su estructura fiscal, y sin esa letra pequeña la comparación queda coja. Lo que sí es cierto es que la presión fiscal española sobre las rentas altas es alta, y que eso genera incentivos para moverse. El resto es interpretación.