El hilo salta de las dos Españas a la bronca personal
Arranca con dos mensajes que piden quemar las dos películas y a partir de ahí sube. En cuarenta mensajes, la conversación deja de discutir taquilla y pasa a discutir quién paga, quién vive mejor y quién es cada forero. A mitad de tramo, un intercambio de descalificaciones se lleva por delante el asunto de las películas y el hilo ya no vuelve.
Qué se ha sabido
Poco dato y mucha anécdota. El más concreto llega el 3 de octubre: un participante cuenta que
"hoy mismo me dica una izquierdista que fue a ver la bola negra y dice que es un rollazo de pelicula, mala, mala". Es el primer testimonio de alguien ajeno al foro que aparece en el tramo, y se usa como prueba de que la película no convence ni en su propio terreno.
Otro forero dice haber mirado el argumento por curiosidad y asegura que le han saltado todas las alarmas de wokismo. Un tercero zanja que
"torrente es de risa y es historia de españa". Un cuarto avisa de que no la vería ni gratis.
También hay una defensa sin ironía:
"Buena película, incluso los heteros podemos llegar a emocionarnos, se llama empatía...". Nadie le contesta.
Y un repaso al catálogo:
"En vez de hacer cine épico con el descubrimiento de medio mundo, con los tercios, con las nuevas rutas comerciales, etc, hay miles de temas para elegir", se queja un participante, que lamenta que se siga rodando sobre la guerra civil y que a ese tema se le sume ahora otro que, a su juicio, ya tenía su propio nicho. Otro cierra la idea con una cuenta de tres pasos: había miles de títulos de un tipo, miles del otro, y ahora hay títulos que juntan los dos.
Cierra el bloque un mensaje que recuerda que el cine de parejas convencionales se ve desde siempre sin queja:
"Nosotros llevamos toda la vida viendo peliculas de heteros y nunca nos habran visto criticarlas".
Dónde está la bronca
En el reparto del mapa. Un lado sostiene que no hay dos Españas que valgan:
"En primer lugar no existe eso de las dos españas, ergo el resto se cae por su peso", escribe uno, que reduce todo a españoles y a lo que él llama lo contrario de español. Otro pide directamente cerrar el hilo y descalifica al autor del primer mensaje.
No llega ni a la primera página del tramo.
El golpe más incómodo para unos y otros lo da quien afirma que Torrente es
"progresismo en vena" y pregunta si su director es ahora de derechas. Es la vuelta de tuerca al argumento que ya circulaba: si las dos películas cargan contra el mismo lado, la bandera se queda sin palo. Nadie le discute el fondo; le contestan por otro lado.
Ahí entra el dinero. Un participante da la vuelta a la jerarquía cultural y la convierte en jerarquía de clase:
"Y curiosamente los que dices que son la derecha son los que viven bien y tienen el dinero...mientras que los del alto IQ están acampados en sol por qué no pueden ni alquilar una casa". La respuesta llega en dos mensajes:
"Los que tienen dinero, son los que tienen dinero, sean de derechas o izquierdas", contesta otro, que añade que no tiene vivienda en propiedad y que quienes gobiernan tienen muchas. El hilo se pierde durante páginas en pisos, sueldos y méritos, con las películas de fondo.
Qué cambia respecto a antes
Que la discusión se muda del cine a la cartera.
"El verdadero problema es que estoy pagando ambas sin haber visto ninguna", resume uno. A partir de ahí, casi nadie vuelve a hablar del argumento de las películas: se habla de quién financia a quién, de quién tiene casa y de quién no.
Cambia también el tono. Lo que empezó como cruce de argumentos acaba en pelea personal. Un participante responde a un comentario sobre su familia con una fila de insultos y el intercambio se queda ahí, en primera plana del tramo. Otro mensaje, ya al final, plantea pasar de las palabras a algo más y no recibe respuesta. Nadie recoge el guante.
El cálculo de clase
El tramo deja una paradoja sin resolver, y es la que engancha a más gente. Si los que defienden la película con respaldo institucional son los que peor viven, y los que defienden la otra son los que tienen el dinero, la etiqueta de derechas y de izquierdas deja de servir para nada. Uno lo intenta ordenar separando dinero de ideología. Otro responde que el problema no son las creencias sino quién tiene el poder y quién la casa.
Dos caminos, mismo laberinto.
El hilo no se cierra. Se apaga, que es distinto: alguien da por terminada la conversación, se le ignora y la conversación sigue sin las películas.