Damasco, el anticristo y el gasoducto que nadie menciona
¿Se puede fechar el fin del mundo con la misma precisión con la que se fecha una reunión del BCE? En este rincón de internet, sí. Un mensaje inicial abre el melón con una pregunta que no admite réplica: «casualidad que hicieran a la vez el rito satánico masónico en Notre-Dame??? NO». A partir de ahí, los mensajes construyen una cronología apocalíptica que mezcla la caída de Damasco, el Apocalipsis de Juan, el Foro Económico Mundial y, cómo no, el precio del bitcoin.
El disparadero es la caída de la capital siria, leída como el pistoletazo de salida de la llegada del anticristo. La cita bíblica que vertebra el asunto es la de Isaías: «Desaparecerá la fortaleza de Efraín y la soberanía de Damasco y del resto de Siria», con la puntilla de que, cuando Siria sea destruida, el propio Israel se quedará sin fuerzas y perderá todas sus riquezas. La profecía, según esta lectura, no admite metáfora: es un calendario.
El mes que viene, o el que viene después
El calendario, eso sí, tiene la flexibilidad de todo pronóstico que nunca se cumple. «Este mes respetarán Navidad, siempre lo hacen. Será en enero», sentencia uno de los participantes más prolíficos. Otro fija la siguiente estación del vía crucis: «el siguiente es España en 2027-2028, caída del R78 y justo entonces invasión marroquí/argelina». La precisión numérica convive con la ausencia total de fuentes, y ahí está buena parte del encanto del género.
El reparto de papeles también tiene su gracia. Trump aparece como el anticristo para unos —«ese cerdo solo miente y miente sin cesar», se lee— y como el exorcista del diablo woke para otros: «nos trajo cuatro años de paz y volver a decir Merry Christmas en vez de Happy Holidays». La disputa teológica sobre quién encarna la bestia es, probablemente, lo más entretenido del asunto.
Qué dice la Biblia sobre Damasco y por qué se usa como reloj
El argumento recurrente es que la Escritura ya avisó. El pasaje de Isaías 17 sobre la pérdida de soberanía de Damasco se lee aquí como un marcador temporal, no como una advertencia histórica. La puntilla la pone otro mensaje: «cuando Siria sea destruida, también el pueblo de Israel se quedará sin fuerzas y perderá todas sus riquezas».
Frente a esa lectura, aparece la objeción más obvia, y también la más demoledora: Damasco lleva siglos siendo conquistada. «Desde Cristo hasta hoy Damasco ha sido conquistada, que yo recuerde, por los romanos, por los palmirenos, por los romanos otra vez, los sasánidas, los bizantinos, el califato Omeya, el califato Abasí, fatimíes, selyúcidas, ayubíes, mongoles, mamelucos, otomanos y franceses», recita un escéptico. «No hay ninguna razón por la que esta vez deba ser distinta de las decenas de veces anteriores». Y remata: «otro apocalipsis al que he sobrevivido».
La respuesta a esa objeción no llega. Lo que llega es la ampliación del marco: el Apocalipsis 13, la bestia que sube de la tierra con dos cuernos como de cordero y habla como dragón, el falso profeta. «El jefe aún no ha dado la cara. Cuando lo haga, los fieles lo reconocerán como la abominación que es», se apunta. La identidad del susodicho queda abierta, aunque hay quien lanza una hipótesis onomástica: «¿no será Alejandro?».
El gasoducto que explica la guerra (y que no sale en las profecías)
Aquí el asunto se pone interesante, porque aparece el análisis geoeconómico. Frente a la lectura escatológica, un participante sostiene que «toda la basura desinformativa habitual es para despistar de las verdaderas razones de la guerra de Siria y quienes financian a los mercenarios disfrazados de terroristas ad hoc». Su tesis: «lo que hay detrás de esta cruenta guerra es la lucha por conseguir el paso del gasoducto occidental e impedir que pase el de Irán, lo cual fortalecería todavía más a los BRICS». Nada de conflictos étnicos ni religiosos, dice, sino hegemonía energética.
Es la única aportación del hilo que se puede contrastar con algo parecido a un dato. El resto es fe, sospecha o directamente cachondeo. Porque el hilo también tiene su vena humorística: «el anticristo nos trae el día de los ojetes rojos», «a llorar a la llorería», «pillo sitio en hilo apocalíptico del mes». Y una mención al
Kagaplayas Times —léase el Economic Times— como fuente de autoridad apocalíptica.
El 666 de la Quinta Avenida y otras casualidades inmobiliarias
El hilo tiene un momento de investigación inmobiliaria que merece párrafo aparte. Alguien asegura haber leído que en 2007 se compró el edificio situado en el número 666 de la Quinta Avenida de Nueva York «después de pagar una fortuna por el mismo», con enlace al
New York Times. La coincidencia numérica se presenta como prueba circunstancial, que es exactamente lo que es.
La pregunta que sobrevuela todo el asunto es por qué este tipo de relatos encuentran audiencia precisamente en un subforo de economía. La respuesta, probablemente, es que comparten la misma materia prima: la sensación de que algo se rompe y de que quienes mandan saben más de lo que cuentan. La diferencia es que unos lo llaman ciclo y otros lo llaman Apocalipsis.
Hay incluso quien recomienda volver a la eucaristía, «previa confesión, por los tiempos tan particulares que nos va a tocar vivir», y quien cita a Benedicto XVI para definir al anticristo: «las dos características fundamentales del anticristo son el falso humanismo y el socialismo». La cita, conviene recordarlo, no está verificada en el material.
El mapa de las ciudades condenadas y la broma de León
Uno de los momentos más celebrados llega cuando alguien confiesa su mala suerte geográfica: «me fui de Barcelona para venirme a un pueblo de León» y resulta que un libro profético sitúa ambas ciudades en el mapa de las destrucciones. «Que León desaparezca me importa una soberana mierda, no así Barcelona, que es mi ciudad natal», zanja. La respuesta no se hace esperar: «desde el siglo XIII no levantamos cabeza».
El hilo cierra, como no podía ser de otra manera, con una nota de escepticismo cansado: «moriremos cienes y cienes de veces». Y con la constatación de que llevamos varias décadas de apocalipsis pendientes de confirmación. La caída de Damasco es el último de una lista que ya va por la enésima entrega.
Lo cual plantea una duda razonable: si el anticristo lleva tanto tiempo llegando, quizá el problema no sea el calendario, sino el relojero.