Asad recibe asilo en Moscú mientras Siria se desmorona
Bashar al-Asad y su familia están en Moscú y han recibido asilo, según informaciones que circulan en redes. La noticia cierra la huida del hombre que gobernó Siria durante décadas y abre un escenario que nadie controla: grupos armados disparando en el centro de Damasco, prisiones vaciadas, minorías señaladas y una campaña de bombardeos israelí que está desmantelando lo que queda del aparato militar sirio. El régimen que empezó en 1963 se apaga en la práctica.
La pregunta que sobrevuela cualquier análisis no es quién ha ganado, sino quién paga la reconstrucción de un país troceado entre milicias, vecinos oportunistas y potencias que llevan años jugando a la geopolítica con el gasoducto como excusa y el crudo como premio.
Qué está pasando en Damasco tras la salida de Asad
Los testimonios que circulan por redes describen una capital sin autoridad clara. Grupos armados disparan de forma indiscriminada en el centro de Damasco, según reportes que se difunden junto a la noticia del asilo. No es una transición ordenada: es un vacío que cada facción intenta ocupar antes de que otro lo haga.
Las prisiones han sido vaciadas, incluida la de Sednaya, al norte de la capital, una táctica que ya usó el ISIS en su día para ganarse a parte de la población y sembrar el caos. Quien abre las puertas de una cárcel no busca justicia: busca reclutas, ruido y miedo.
A eso se suma la destrucción de comercios de alcohol en el paso fronterizo de Jdeidet Yabous, entre Líbano y Siria, por milicias que imponen su interpretación de la ley. Las minorías religiosas y los laicos que sostenían el Estado tienen motivos para temblar. El patrón se repite: primero se desmantela la autoridad, después se impone la norma del que tiene el fusil.
Israel bombardea la infraestructura militar siria
Mientras Damasco se descompone, Israel está destruyendo bases aéreas, sistemas de defensa, estructuras de inteligencia y edificios gubernamentales. El objetivo declarado por analistas que siguen la operación es desmilitarizar Siria. Traducido: dejar el país sin capacidad de respuesta durante una generación.
Lo que no se recupera en décadas es exactamente lo que se está volando ahora, y el precedente de Irak pesa como una losa en cualquier conversación sobre reconstrucción.
Hay quien sostiene que esta operación es una maniobra coordinada entre Turquía e Israel con el aval de Washington antes del relevo en la Casa Blanca. Turquía controlaría el noroeste para contener a los kurdos y seguir extrayendo crudo; Israel anexionaría de facto los Altos del Golán. Los alauíes, los cristianos y los laicos quedarían expuestos a la represión de los grupos salafistas. La balcanización del territorio no es un efecto colateral: es el objetivo.
El gasoducto que explica la guerra
Más allá del relato de rebeldes democráticos contra dictador, hay una lectura económica que gana peso en cada conversación. Siria es el territorio por el que debe pasar el gasoducto occidental y el punto donde se bloquea el corredor iraní que reforzaría al bloque de los BRICS. Quien controla el paso controla el precio. Los mercenarios disfrazados de islamistas, sostienen algunos análisis, trabajan para ejércitos privados y su función es aterrorizar lo suficiente para que la población acepte cualquier cosa.
La caída de Asad no debilita a Rusia tanto como parece: Siria era un sumidero de recursos para Moscú, y esos recursos quedan libres para Ucrania. La telurocracia rusa no puede permitirse proyectar poder a miles de kilómetros de sus fronteras terrestres. El asilo concedido a Asad es, en ese sentido, una operación de imagen: proteger a un aliado para que los demás aliados vean que no se les deja tirados.
Quién gana y quién pierde con el nuevo mapa sirio
Turquía se queda Alepo y aprieta el acelerador. Los kurdos negocian su trozo. Damasco se convierte en una república yihadista de facto. Líbano se desestabiliza aún más. Europa recibe más refugiados y mira hacia otro lado.
El sirio medio que no está afiliado a ningún grupo armado es el que está jodido, mientras los que se hagan con el poder tendrán la vida resuelta, igual que la tenía Asad y su familia.
El precedente de Irak, Libia y ahora Siria dibuja un patrón que nadie quiere nombrar en voz alta. Argelia aparece en las quinielas de los que llevan años viendo esta película. La comunidad internacional, esa que cataloga a unos de terroristas y a otros de rebeldes según convenga, ha vuelto a cambiar de etiqueta sin cambiar de método.
Qué pasa con Wikipedia y el relato oficial
La enciclopedia ya ha retirado la bandera oficial siria a la espera de sustituirla por la que represente al nuevo poder. El Estado que existía la semana anterior ha quedado relegado a una página secundaria. Los símbolos cambian antes que los hechos, y eso dice mucho de cómo se construye el relato.
Queda por ver si el nuevo régimen sirio consolida un Estado o si el país se convierte en un archipiélago de milicias con banderas distintas. La predicción más honesta es que ni los que han ganado saben todavía qué han ganado. Y los que han perdido, ya lo saben.