Del anuncio de 18.000 € a los 200.000 € de una prefabricada real
El hilo ha encontrado su espejo y no está en Japón. Está a un par de horas de Madrid: una prefabricada de verdad, de gama alta, en un terreno de León, con una factura que arranca por encima de
200.000 €. Al lado, el módulo de Amazon se queda en lo que un forero llama sin rodeos: chapa. Y un anuncio pegado al hilo remata la faena: en el catálogo, el precio que se ve no es el precio.
Qué se ha sabido
Titomadrid trae la cifra que reordena la conversación. Unos colegas han comprado una prefabricada para un terreno en León, la mejor o de las mejores del mercado, y les ha costado
más de 200.000 €. Cuenta que las paredes tienen grosor, que aíslan la temperatura y que las ventanas son de triple cristal. En León, dice, si no aíslas vas jodido. Pero suelta el matiz que lo desarma todo: a esos les sobra la pasta.
Atún en lonchas pega un anuncio de Amazon de otra liga: una vivienda modular de hormigón de
98 m² con baño, cocina y sistemas completos de agua y electricidad. Y debajo, el aviso que vale más que el precio:
lo que ves en pantalla es el 30 % del importe total, en concepto de señal.
farero_interino pone el contrapeso geográfico. En la España vaciada, dice, hay solares urbanos dentro de poblaciones a
50 € el metro cuadrado. Y añade que la losa de hormigón se puede evitar: levantas la construcción sobre pilares pequeños y cortas la humedad por capilaridad.
Klaus María reparte el precio de la vivienda: un
25 % son impuestos y un
32 % es suelo. djun pega su propio desglose: suelo
25-35 %, construcción
35-45 %, impuestos
15-25 %, margen del promotor
10-17 %. Cae un vídeo al hilo:
Dónde está la bronca
La pelea ya no es por el suelo. Es por la palabra casa. Antiparras se rebela contra llamar casa a un contenedor chapado en madera. Avulense64 le sigue por el lado de la seguridad: esas cristaleras invitan a entrar, harían falta rejas. LuismarpIe pregunta directamente por el calor que puede hacer ahí dentro en verano.
Enfrente está Titomadrid con su caso de León y, sobre todo, racalmatt, que reprocha al hilo haberse vuelto exquisito y recuerda que de chaval vivía con sus padres y su hermano en un piso de una habitación. Su tesis:
no se necesita mucha casa para vivir bien, solo hay que ser ordenados y cívicos.
Luego salta la bronca fiscal. aron01 huele impuestazos inmobiliarios por todas partes, incluso los que aún no conoce. Klaus María le responde que el gobierno podría bajar el precio de la vivienda mañana si quisiera, y que es viable recortarlo un 30 % o más cuando hay voluntad. Añade que el problema es precisamente que no la hay.
unapompo lo compara con el coche chino: barato en la fábrica, inflado al llegar al mercado. duro negociador cuenta su experiencia: hace unos años se planteó una prefabricada y el papeleo le quitó las ganas. Hasta para una caseta de herramientas, dice, te piden permisos. JizzJazz lo resume: le parece buena iniciativa, pero al final te vas a 200k fácil para una casa muy limitada.
Otra parte del hilo se va por la vía política. Hay quien mete estas viviendas en el debate migratorio y sostiene que el gobierno acabaría comprando módulos para otros fines mientras los jóvenes no acceden a un piso. Es la esquina más ruidosa y la menos técnica.
Qué cambia respecto a antes
Se caen dos ideas de golpe. La primera, que existiera una prefabricada buena y barata: el hilo separa ahora el módulo de chapa de 18.000 del producto serio de más de 200.000. La segunda, que el anuncio fuera lo que parecía: el 30 % de señal lo desmiente.
Entra un dato nuevo que nadie había movido: suelo urbanizable dentro de pueblos a 50 € el metro cuadrado en la España vaciada. Y entra una discusión que ya no va del producto, sino de si merece la pena discutirlo: cuánta casa hace falta para vivir, y cuánta de esa cuenta la pone el Estado.
El desglose que reparten
Dos tablas compiten en el hilo. La de Klaus María suma concepto a concepto hasta llegar a una vivienda que no tiene nada que ver con el escaparate. La de djun reparte el precio final por franjas: el suelo se lleva entre un cuarto y un tercio; la construcción, entre un tercio y casi la mitad; los impuestos, hasta otro cuarto. La casa del anuncio ocupa la franja más pequeña de la tarta. El resto no lo vende Amazon.