Ayudar en Ceuta se convierte en una conducta reprobable
En un país normal, dar de comer a un recién llegado agotado en una frontera sería un gesto de humanidad incuestionable. En el actual clima social español, esa misma acción -la que realiza cada día la Cruz Roja en Ceuta- ha pasado a ser reprochada por una corriente de opinión que pide consecuencias. La paradoja alcanza su extremo cuando se compara a las voluntarias con las doncellas de palacio que en la Odisea se relacionaban con los pretendientes. El símil, llevado al límite, sugiere que las mujeres que atienden a los migrantes en la ciudad autónoma deberán rendir cuentas cuando llegue ese «Ulises» simbólico que restaurará el orden.
El símil de la Odisea como argumento contra la ayuda
La controversia se sitúa en la frontera sur, donde la presión migratoria es constante. Los mensajes críticos describen a las voluntarias como personas que «alimentan al invasor», término que en el debate público se usa para referirse a los migrantes que cruzan irregularmente. Frente a esta postura, queda el argumento de que la asistencia humanitaria no solo es legal, sino un deber de cualquier sociedad civilizada. La propia evolución de la organización -que «antes se dedicaba a vestir santos» y ahora reparte comida- refleja el cambio de contexto: la solidaridad tradicional ya no se ejerce en la sacristía, sino en la valla.
El resbaladizo límite entre solidaridad y delito
Ni el derecho español ni la jurisprudencia europea han convertido en delito la ayuda humanitaria básica, aunque la tensión entre el Código Penal y la asistencia en frontera sigue sin cerrarse por completo. Lo que sí ha cambiado es el clima: articular la legitimidad de esa ayuda se ha vuelto un ejercicio de equilibrios.
En los próximos meses, cada patera que llegue a Ceuta reactivará el pulso. La predicción más razonable es que la polémica se sostendrá, aunque la vía penal rara vez llegará a materializarse. Mientras tanto, quienes atienden a los recién llegados han aprendido a convivir con una sospecha que no aparecía en ningún manual de voluntariado: la de estar cometiendo un acto reprobable.