Tres hijos muertos y una marea rosa que pide absolver a la madre
El padre regresó de una noche con amigos y encontró a su mujer herida en el patio, y a sus tres hijos sin vida. La escena, en cualquier otro contexto, sería un caso de criminalística al uso. Pero las concentraciones de apoyo a la acusada han convertido este suceso en un frente político: la protesta reclama el reconocimiento del “aborto posparto” como un derecho pendiente para la libertad de la mujer.
El debate: ¿víctima o victimaria?
La defensa despliega el argumentario completo: depresión, fármacos mal prescritos, negligencia de servicios sociales, desatención del marido. El lema “el sistema la ha fallado” se repite como un mantra. Frente a ello, la otra corriente recuerda que los menores tampoco tuvieron ayuda, y que el “caso Bretón” —un padre condenado por matar a sus dos hijos— no mereció un ápice de esa comprensión.
El contraste alimenta la sospecha de que la justicia usa dos varas. Pero también abre una pregunta incómoda: si la enfermedad mental exime, ¿por qué solo cuando la acusada es mujer? El lema “ninguna mujer culpable, ninguna mujer responsable” agita las pancartas. La justicia, de momento, no se ha pronunciado. Pero el eco de esa protesta ha dejado una pregunta que descoloca: ¿dónde termina la comprensión del trastorno mental y empieza la impunidad de género?