La jubilación se retrasa a 66 años y seis meses desde enero
¿Cuántos años vas a tener que trabajar antes de cobrar la pensión? La edad de jubilación se retrasa a
66 años y seis meses desde enero, y esa cifra no es la última parada: por delante quedan los 66 años y ocho meses, los 66 y diez, y finalmente los
67. El ajuste llega con compañía. El mecanismo de equidad suma una
subida extra de cotizaciones del 0,7% a cargo de empresas y trabajadores, mientras las bases máximas de cotización se dirigen a un incremento del
38%. Se trabaja más años y se paga más por cada uno de ellos.
Cuánto sube la edad de jubilación y qué viene después
El calendario está cerrado y las estaciones son conocidas: 66 años y seis meses desde enero, después 66 años y ocho meses, luego 66 años y diez, y el punto final, de momento, en los 67. El anuncio llega con meses de antelación y el tramo entra en vigor al inicio del año siguiente. La secuencia no es un capricho aislado, sino la prolongación de una reforma que arranca en
2011 y que nunca dejó de estirar la frontera.
A la vez que sube la edad, cambia la forma de calcular el importe. Cada vez se tienen en cuenta más años de la vida laboral para fijar la base reguladora, y en el debate se señala que eso golpea con especial dureza a los autónomos y a las carreras irregulares: quien encadenó paro, periodos como autónomo con bases bajas y empleos temporales arrastra un historial que no se puede maquillar en los últimos años.
Cotizar mucho y pronto ya no basta; hay que hacerlo de forma sostenida durante décadas.
El 0,7% de cotización extra y la subida del 38% en las bases máximas
El mecanismo de equidad intergeneracional es la otra pata del ajuste. Se trata de una sobrecotización que se añade cada mes, un
0,7% extra repartido entre empresa y trabajador, cuyo destino declarado es engrosar la hucha con la que se pagarán las pensiones futuras. En paralelo, las bases máximas de cotización afrontan un aumento del
38%, lo que eleva el techo de aportación de los salarios más altos.
El efecto combinado es lo que más irrita. Quien más aporta ve crecer su factura mensual y, al mismo tiempo, ve alejarse la fecha de cobro. Y quien menos aporta no gana nada: su pensión se calculará con las reglas nuevas, más exigentes, no con las que existían cuando firmó su primer contrato.
¿Por qué se repite que los menores de 55 años no se jubilarán?
La frase corre sin matices: los menores de 55 años no llegarán a jubilarse. Es una hipérbole, pero quienes la sostienen apuntan a un problema real. Sostienen que, si la edad legal sube cada pocos años, si las carreras se rompen a partir de los 50 —despido, paro prolongado, recolocación precaria— y si nadie garantiza que la hucha aguante, la aritmética no sale. Quien deja de cotizar con 52 años y no vuelve a encontrar empleo estable llega a los 67 con un agujero en su historial justo cuando más pesa.
Subyace otra discusión, más incómoda: la idea de que vivir más justifica trabajar más. Hay quien lo cuestiona de raíz, sosteniendo que el deterioro del entorno y de las condiciones de vida puede recortar esos años ganados a la esperanza de vida. Vivir más de media no equivale a vivir mejor.
¿Compensa cotizar o es mejor ahorrar por tu cuenta?
Cada vez más gente hace la cuenta en una servilleta: si cada mes me retienen una cantidad para la Seguridad Social, ¿qué rentabilidad me daría ese mismo dinero en un plan privado? En el debate hay quien apunta que, con las condiciones actuales, cotizar puede salir a perder, y quien plantea como alternativa un seguro médico privado y la compra periódica de acciones, sin que nadie lo presente como un refugio seguro.
Lo que sí se extiende es la sensación de que las reglas cambian antes de que te toque cobrar y de que el cálculo, hecho partida a partida, puede sorprender a quien nunca se ha parado a plantearlo.
Funcionarios, clases pasivas y una penalización de hasta el 35%
Las pensiones de las clases pasivas, las de los funcionarios, arrastran una penalización que puede alcanzar el
35%, y el colectivo presiona para equipararlas a las del Régimen General. El pulso mezcla agravios y cuentas: unos reclaman trato igualitario y otros advierten de que igualar hacia arriba tensiona todavía más un sistema que ya viene tensionado. Mientras tanto, un médico que interviene en el debate avisa de que operar a los 67 años no es lo mismo que hacerlo a los 45, ni para el pulso ni para la motivación.
Ahí está el nudo. El sistema promete que habrá pensión. Solo cambia la fecha, el importe y las condiciones.
Casi nada.