El G7 planta cara a Moscú y rechaza pagar el gas en rublos
¿Puede Europa permitirse decir no al gas ruso? El G7 ha acordado rechazar la exigencia de Moscú de cobrar en rublos las exportaciones de gas natural, según ha confirmado el ministro de Energía alemán y recoge la agencia AP. La decisión traslada la factura energética al terreno político y arranca un pulso con una fecha señalada en el hilo:
el 31 de marzo. A partir de ese día, según estas versiones, quien compre gas ruso deberá pagarlo en la moneda rusa o buscarse otro proveedor. Moscú ha respondido con la única arma que tiene a mano: un miembro del Consejo de la Federación ha advertido de que, si los países de la UE no compran en rublos,
el suministro se interrumpirá.
El chantaje tiene un reverso incómodo. El comprador, Alemania a la cabeza, lleva meses anunciando que buscará alternativas. Y Rusia lleva meses dependiendo del mismo cliente. Los dos saben dónde duele al otro.
¿Puede Alemania sustituir el gas ruso con carbón?
Para generar electricidad, los cálculos que circulan sostienen que sí, al menos sobre el papel. Alemania cerraba 2021 con un
29% de gas en su mix eléctrico y mantiene
40 GW de centrales de carbón operativas. Según esta lectura, el país podría llevar el carbón hasta un 43% de su generación y dejar el gas prácticamente a cero en el sector eléctrico, con unas renovables que ya aportan un 50% más un 7% de nuclear. Hay días de este invierno en los que el carbón ha cubierto cerca de la mitad de la demanda.
El problema no es la electricidad. Es la calefacción y la industria, que no cambian de combustible por decreto. Una red de gas no se sustituye con un interruptor, las reservas llegan al tramo final del invierno en mínimos y la ola de frío aprieta. El calendario juega contra las decisiones políticas.
El rublo como arma: el problema de conseguirlos
Aquí está el nudo del asunto. Pagar en rublos exige antes comprarlos, y eso significa acudir al mercado a cambio de euros o dólares: el flujo final cambia de moneda, no de dirección. El Banco Central ruso puede fijar un tipo oficial, pero quien vende la divisa sigue siendo el mercado. Y el rublo, se argumenta, ya se ha revalorizado frente al dólar desde el inicio del conflicto, hasta el punto de que Moscú estaría frenando su propia moneda para no asfixiar las exportaciones.
Sobre la mesa hay además un obstáculo jurídico que se apunta en el hilo: los contratos de gas ruso con Alemania son
a largo plazo y denominados en euros. Ninguna de las partes tiene incentivo para romperlos ahora. Una puede reafirmar que no pagará en rublos; la otra, que cobrará en rublos. Y las dos pueden esperar al vencimiento.
La alternativa no es gratis: GNL americano un 40% más caro
Si el grifo se cierra, el sustituto natural es el gas natural licuado que llega en metaneros, y el proveedor con capacidad de sobra es Estados Unidos. El precio es el problema: según la información difundida en el hilo,
el GNL americano se coloca en Europa un 40% por encima del gas ruso. De ahí sale el gran negocio del pulso y, según se sostiene, buena parte del interés de Washington en que el cliente europeo deje de comprarle a Moscú.
Rusia, mientras, busca otros compradores. India y Rusia estudian un gasoducto valorado en
25.000 millones de dólares para llevar gas desde Siberia hasta el país asiático. Es obra de años, no una solución de una semana: el comprador europeo seguirá siendo el más cercano y el más cómodo durante bastante tiempo.
Quién va de farol en el pulso del gas
En el papel, Moscú tiene el gas y Europa, la factura. Pero el gas atrapado bajo tierra no paga nóminas, y una tubería sin comprador es un activo muerto. Hay quien sostiene que cortar el suministro a Alemania durante dos semanas bastaría para saber quién aguanta. Nadie ha querido averiguarlo todavía.
Y llegará la primavera, con la calefacción apagada y las facturas guardadas en un cajón. Casi nunca se esperó una estación con tantas ganas.