Llevábamos tres años esperando este movimiento y, cuando por fin ha llegado, lo ha hecho con la contundencia de quien quiere dejar claro que el mensaje anterior estaba equivocado. La Reserva Federal ha subido tipos por primera vez desde 2023, elevando el rango de referencia hasta el 3,75%-4%, y lo ha hecho por unanimidad. No es solo una subida: es una rectificación en toda regla de la política que la propia Fed aplicó hace apenas unos meses, cuando bajó tipos tres veces para blindar el mercado laboral. Ahora toca deshacer parte de ese camino, y la pregunta que de verdad importa a este lado del Atlántico es cuánto tiempo tardará el Banco Central Europeo en verse arrastrado por la misma corriente.
Warsh se ha cansado de fingir que la inflación es cosa del pasado
El nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, prometió en mayo, nada más tomar posesión, acabar con un desvío del objetivo del 2% de inflación que ya dura seis años. La subida de esta semana es la primera prueba de que iba en serio, y la mayoría de los miembros del comité ya ha dejado caer que habrá al menos otra subida antes de que termine el año. El giro tiene un componente político incómodo para la Casa Blanca: Trump colocó a Warsh en el cargo esperando un banquero central dócil con las bajadas de tipos, y lo que ha obtenido, de momento, es justo lo contrario. Cuando la realidad económica no encaja con el relato oficial, algo tiene que ceder, y esta vez ha cedido el relato.
Detrás de la subida hay dos motores que no han hecho más que intensificarse: la guerra de Irán ha disparado los precios de la energía, encareciendo todo lo que depende del petróleo y el gas, y el boom de inversión en inteligencia artificial ha inyectado tanto dinero en la economía y los mercados que ha terminado por sostener una demanda que, en teoría, ya debería estar enfriándose. Combinar una economía que no se enfría con una factura energética que no deja de subir es la receta perfecta para que la inflación se instale de forma permanente, y eso es precisamente lo que la Fed acaba de admitir en público.
El problema para el BCE: Lagarde no puede fingir que esto no le afecta
El Banco Central Europeo lleva meses navegando con una hoja de ruta relativamente cómoda: inflación contenida, crecimiento débil pero estable, y margen para seguir bajando tipos sin sobresaltos. Ese guion se acaba de complicar. Cuando la Fed sube tipos y el BCE mantiene su sesgo bajista, el diferencial de tipos entre ambas orillas del Atlántico se ensancha, lo que históricamente presiona al euro a la baja frente al dólar. Un euro más débil encarece las importaciones energéticas justo en el peor momento posible, con el petróleo y el diésel ya en máximos históricos por la propia guerra de Irán que ha empujado a la Fed a actuar. Es decir: el mismo shock energético que ha obligado a Washington a subir tipos amenaza con colarse también en la cesta de la compra europea, con el agravante de que un euro depreciado lo haría todavía más caro.
A esto se suma un problema de credibilidad. Si la inflación estadounidense resulta más resistente de lo previsto pese a la subida de tipos, será difícil sostener el argumento de que en la eurozona la batalla está ganada, sobre todo cuando buena parte de la inflación europea de los últimos años ha tenido un componente energético importado prácticamente idéntico al que ahora empuja a la Fed a actuar. El BCE podría verse obligado, no a subir tipos de inmediato, pero sí a frenar en seco cualquier tentación de seguir bajándolos, lo que en la práctica ya sería una sorpresa considerable para unos mercados que llevaban meses dando por hecho lo contrario.
Lo que esto significa para el Euríbor y las hipotecas en España
Y aquí es donde la historia deja de ser una cuestión de política monetaria abstracta y pasa a tocar directamente el bolsillo de millones de hipotecados españoles. El Euríbor lleva meses reflejando la expectativa de que el BCE seguiría relajando su política, y buena parte de esa expectativa está ya descontada en el índice. Si el mercado empieza a dudar de que esas bajadas vayan a producirse al ritmo previsto, o directamente empieza a temer un cambio de guion como el que acaba de protagonizar la Fed, el Euríbor tiene mucho más recorrido al alza que a la baja desde estos niveles. Para quien esté a punto de renovar una hipoteca variable, o valorando si fijar el tipo ahora o esperar, el mensaje de esta semana desde Washington debería pesar en la decisión: la era de las bajadas de tipos "sin sobresaltos" puede haber tocado a su fin antes de lo que casi nadie esperaba hace apenas un mes.
www.euribor.com.es
Warsh se ha cansado de fingir que la inflación es cosa del pasado
El nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, prometió en mayo, nada más tomar posesión, acabar con un desvío del objetivo del 2% de inflación que ya dura seis años. La subida de esta semana es la primera prueba de que iba en serio, y la mayoría de los miembros del comité ya ha dejado caer que habrá al menos otra subida antes de que termine el año. El giro tiene un componente político incómodo para la Casa Blanca: Trump colocó a Warsh en el cargo esperando un banquero central dócil con las bajadas de tipos, y lo que ha obtenido, de momento, es justo lo contrario. Cuando la realidad económica no encaja con el relato oficial, algo tiene que ceder, y esta vez ha cedido el relato.
Detrás de la subida hay dos motores que no han hecho más que intensificarse: la guerra de Irán ha disparado los precios de la energía, encareciendo todo lo que depende del petróleo y el gas, y el boom de inversión en inteligencia artificial ha inyectado tanto dinero en la economía y los mercados que ha terminado por sostener una demanda que, en teoría, ya debería estar enfriándose. Combinar una economía que no se enfría con una factura energética que no deja de subir es la receta perfecta para que la inflación se instale de forma permanente, y eso es precisamente lo que la Fed acaba de admitir en público.
El problema para el BCE: Lagarde no puede fingir que esto no le afecta
El Banco Central Europeo lleva meses navegando con una hoja de ruta relativamente cómoda: inflación contenida, crecimiento débil pero estable, y margen para seguir bajando tipos sin sobresaltos. Ese guion se acaba de complicar. Cuando la Fed sube tipos y el BCE mantiene su sesgo bajista, el diferencial de tipos entre ambas orillas del Atlántico se ensancha, lo que históricamente presiona al euro a la baja frente al dólar. Un euro más débil encarece las importaciones energéticas justo en el peor momento posible, con el petróleo y el diésel ya en máximos históricos por la propia guerra de Irán que ha empujado a la Fed a actuar. Es decir: el mismo shock energético que ha obligado a Washington a subir tipos amenaza con colarse también en la cesta de la compra europea, con el agravante de que un euro depreciado lo haría todavía más caro.
A esto se suma un problema de credibilidad. Si la inflación estadounidense resulta más resistente de lo previsto pese a la subida de tipos, será difícil sostener el argumento de que en la eurozona la batalla está ganada, sobre todo cuando buena parte de la inflación europea de los últimos años ha tenido un componente energético importado prácticamente idéntico al que ahora empuja a la Fed a actuar. El BCE podría verse obligado, no a subir tipos de inmediato, pero sí a frenar en seco cualquier tentación de seguir bajándolos, lo que en la práctica ya sería una sorpresa considerable para unos mercados que llevaban meses dando por hecho lo contrario.
Lo que esto significa para el Euríbor y las hipotecas en España
Y aquí es donde la historia deja de ser una cuestión de política monetaria abstracta y pasa a tocar directamente el bolsillo de millones de hipotecados españoles. El Euríbor lleva meses reflejando la expectativa de que el BCE seguiría relajando su política, y buena parte de esa expectativa está ya descontada en el índice. Si el mercado empieza a dudar de que esas bajadas vayan a producirse al ritmo previsto, o directamente empieza a temer un cambio de guion como el que acaba de protagonizar la Fed, el Euríbor tiene mucho más recorrido al alza que a la baja desde estos niveles. Para quien esté a punto de renovar una hipoteca variable, o valorando si fijar el tipo ahora o esperar, el mensaje de esta semana desde Washington debería pesar en la decisión: la era de las bajadas de tipos "sin sobresaltos" puede haber tocado a su fin antes de lo que casi nadie esperaba hace apenas un mes.
La Fed sube tipos por primera vez en tres años: por qué el Euríbor debería empezar a temblar
Llevábamos tres años esperando este movimiento y, cuando por fin ha llegado, lo ha hecho con la contundencia de quien quiere dejar claro que el mensaje