El PP propone un servicio militar voluntario que compute en la vida laboral
Según informaciones publicadas por
El Confidencial Digital, el Partido Popular estudia recuperar un servicio militar voluntario de pocos meses si vuelve a La Moncloa. La fórmula incluiría créditos universitarios y computaría en la vida laboral, y exigiría una modificación de la Constitución. Es el mismo camino que han explorado Francia y Suecia, que reabrieron el debate sobre la vuelta del servicio obligatorio. La noticia no es nueva: el propio medio la actualizó por última vez en 2019.
Qué propone exactamente el PP
El planteamiento que circula es un servicio
voluntario de pocos meses, con dos ganchos para captar jóvenes: que compute en la vida laboral y que otorgue créditos a los universitarios. Para encajarlo haría falta tocar la Constitución, un detalle que conviene no perder de vista porque marca la diferencia entre un anuncio de campaña y una reforma real.
El modelo no es original.
Francia y Suecia han reabierto sus propios debates sobre el servicio militar, y el PP se apoya en ese espejo europeo para presentar la medida como algo moderno y no como una vuelta al pasado. La mili obligatoria española se extinguió en 2001, después de que el PP la suprimiera en 1992.
Por qué se duda de que sea voluntaria mucho tiempo
El recelo dominante es que lo de «voluntario» dure poco. La secuencia que muchos anticipan es la clásica: primero se aprueba como opcional, luego se convierte en obligatoria y al final acaban buscando reclutas por la calle. La comparación con la vacuna del COVID aparece varias veces: también era voluntaria, recuerdan, y acabó con multas para quien no se pinchaba.
Hay quien sostiene que un servicio de pocos meses no sirve para nada, porque la formación militar exige dedicación plena, como cualquier oficio. El contraargumento es que Suiza mantiene un sistema de formación continua con ejercicios cada pocos años, algo que un cursillo de verano no reproduce.
El argumento económico: quién paga y quién cobra
La objeción más repetida es que la mili antigua no compensaba el sacrificio de quien tenía que interrumpir su vida. Para unos era una pérdida de meses; para otros, un mundo de posibilidades que nunca habrían tenido. Ese doble filo sigue vivo: computar en la vida laboral suena bien hasta que se recuerda que a los que hicieron la mili obligatoria no les computó casi nada.
El coste también aparece. Un servicio voluntario remunerado implica gasto público, y con la deuda que arrastra el sistema de pensiones, la pregunta es de dónde sale el dinero. Hay quien apunta que el gasto militar debería ir a industria de armamento tecnológico propia en vez de a formación básica.
El contexto geopolítico que nadie ignora
La medida encaja en un clima de rearme europeo. Hay quien sostiene que la OTAN necesita efectivos y que la guerra de Ucrania ha reactivado la conversación sobre la «carne de cañón». La sospecha de que la propuesta responde a una orden aliada y no a una necesidad española recorre buena parte de las reacciones.
El PP, mientras tanto, queda retratado por algunos como un partido que no quiere comerse el marrón: si la medida es impopular, el desgaste lo paga quien la ejecute. La coincidencia PP-PSOE en política de
defensa, que muchos dan por hecha, refuerza la idea de que esto no es una propuesta de un partido, sino de un bloque.
¿Y si al final la mili vuelve antes que el PP a La Moncloa?