La noche madrileña pierde sus iconos: adiós a Pachá, Joy y compañía
Madrid no ha dejado de salir. Lo que ha dejado de ser es un buen negocio para los templos históricos de la noche. El último órdago lo ha dado Joy Eslava, reconvertida en Teatro Eslava, y el comprador –un grupo de ocio de fuera de Madrid cuya identidad no ha trascendido– ha disparado todas las especulaciones. No es un caso aislado: Pachá, Opium, Oh My Club y Fortuny asisten al mismo fenómeno.
Copa a 10 euros y ligoteo por app
Quienes vivieron la edad dorada de estos locales manejan una explicación doble. Primero, el precio: un combinado costaba alrededor de 300 pesetas –menos de dos euros– y hoy se paga entre 10 y 20 euros en los sitios normales. Segundo, el cortejo ha cambiado de plataforma. Las aplicaciones de citas han reconfigurado el rito de acercarse a alguien en una barra, y el endurecimiento de las normas de los locales ha convertido cualquier torpeza en riesgo de expulsión o comisaría. La suma es demoledora: menos incentivo económico y menos recompensa social.
Del palacio al supermercado
La nostalgia juega, pero hay quien ve el futuro en la ironía: si los supermercados abren sus comedores como alternativa de ocio nocturno, quizá el país que presume de crear empleo haya encontrado el sucedáneo definitivo de la fiesta. Mientras tanto, la vieja Joy –un conjunto de palacetes decimonónicos conectados por dentro– es ya el símbolo de una época que se apaga. Con la identidad del comprador sin desvelar, las teorías conspirativas campan a sus anchas. Lo único seguro es que la noche madrileña de postal ya no es lo que era, y no está claro qué será.