La noche madrileña pierde sus iconos: qué pasa con Opium, Oh My Club, Pachá, Joy y Fortuny

RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

Madrid no ha dejado de salir. Lo que ha dejado de ser es un buen negocio para los templos históricos de la noche. El último órdago lo ha dado Joy Eslava, reconvertida en Teatro Eslava, y el comprador –un grupo de ocio de fuera de Madrid cuya identidad no ha trascendido– ha disparado todas las especulaciones. No es un caso aislado: Pachá, Opium, Oh My Club y Fortuny asisten al mismo fenómeno.

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El Pionero

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Marbella de tal y tal
Hubo un tiempo en Madrid en el que no hacía falta explicar dónde estaba Pachá, qué significaba acabar la noche en Joy Eslava o qué clase de público frecuentaba Fortuny. Tampoco hace tanto. Pero la noche madrileña está cambiando a una velocidad endiablada y algunos de los nombres que parecían escritos con neón permanente sobre el mapa de la capital empiezan a apagarse.

Lo curioso es que no sucede porque Madrid haya dejado de salir. Más bien al contrario. Nuevos clubes, dinner shows, tardeo, restauración convertida en antesala de la copa y grandes grupos empresariales han multiplicado la oferta. Hay más noche que nunca. Quizá demasiada para que todos encuentren su sitio.

El último movimiento afecta a Joy Eslava, hoy Teatro Eslava. La histórica sala de la calle Arenal, por la que han pasado varias generaciones de madrileños desde su apertura como discoteca en 1981, estrena nueva gestión. ALMA Corp., grupo empresarial propietario de la cadena Marco Aldany y con intereses también en hospitality, entra ahora en el negocio. No supone su cierre: la programación continúa. Pero sí otro cambio de manos en uno de los grandes símbolos de la noche de Madrid.

Oh My Club y Opium también cambian de manos
Más definitivo ha sido lo ocurrido con Oh My Club, que no volverá a abrir después del parón veraniego. La espectacular sala de la calle Rosario Pino, uno de los grandes nombres del ocio madrileño de los últimos años, ha sido vendida.

Una sesión de tardeo en Oh My Club
EStendencia

Madrid se queda sin dos templos de la noche: después de Opium cierra Oh My Club
Miguel Queipo de Llano

Según ha podido saber ESdiario, el comprador es otro grupo de ocio nocturno de fuera de Madrid, cuya identidad no ha trascendido. Un movimiento que se produce apenas unas semanas después de que otro gigante de la capital siguiera un camino parecido.

Opium Madrid cerró a finales de julio después de ser adquirido por Grupo Mosh, el potente conglomerado marbellí encabezado por Albert Beniflah. Uno de los templos de la noche madrileña pasaba así a manos de uno de esos nuevos actores que combinan restauración, espectáculo y club y que están transformando el negocio.

Entrada, hasta ayer, de la mítica sala Opium de Madrid. Hoy, ya no existe
EStendencia

El grupo de Vinicius y Mbappé compra Opium y revoluciona la noche de Madrid
Miguel Queipo de Llano

Y todavía queda un nombre que para generaciones jamás necesitará actualización: Pachá. Hoy Teatro Barceló, la histórica sala está precintada desde noviembre después de que el Ayuntamiento impusiera un año de cierre por dos infracciones graves de exceso de aforo. Su gestión había pasado poco antes de la familia Trapote a Grupo Sounds, responsable de nombres como Fitz, Vandido, Bonded o Castellana 8.

De Fortuny a Morris y el fin de otro clásico​

El quinto cayó en marzo. El histórico palacete de Fortuny, cuya última etapa nocturna tuvo a Morris Club como protagonista, cerró definitivamente después de un procedimiento judicial de ejecución hipotecaria que terminó con la entrega del inmueble a un nuevo propietario. Nada tuvo que ver ese cierre con la crisis de aforos: fueron problemas empresariales y de propiedad los que pusieron el punto final.

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EStendencia

Adiós a Opium Madrid: la discoteca de los futbolistas echa el cierre este jueves tras años de declive​

Sandra Sánchez
Cinco historias diferentes, por tanto, pero una fotografía común. Joy cambia de gestor; Oh My Club y Opium, de manos; Barceló permanece precintado y Fortuny desapareció. Mientras tanto, los nuevos conceptos se multiplican y el tardeo le roba horas a la madrugada. No es el fin de la fiesta, sino una transformación acelerada de quién la organiza, dónde empieza y hasta qué hora la gente sigue en la calle.

Y quizá ahí esté la verdadera historia detrás de todos estos movimientos. Los clásicos no están cayendo porque Madrid haya decidido quedarse en casa. Están cambiando o desapareciendo mientras una nueva generación de empresarios, locales y formas de salir pelea por una clientela que ahora tiene muchas más puertas donde llamar.

Madrid no se ha quedado sin noche. Todo lo contrario: probablemente nunca tuvo tanta. Lo que empieza a quedarse sin sitio es la noche que conocíamos.

 
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Hubo un tiempo en Madrid en el que no hacía falta explicar dónde estaba Pachá, qué significaba acabar la noche en Joy Eslava o qué clase de público frecuentaba Fortuny. Tampoco hace tanto. Pero la noche madrileña está cambiando a una velocidad endiablada y algunos de los nombres que parecían escritos con neón permanente sobre el mapa de la capital empiezan a apagarse.

Lo curioso es que no sucede porque Madrid haya dejado de salir. Más bien al contrario. Nuevos clubes, dinner shows, tardeo, restauración convertida en antesala de la copa y grandes grupos empresariales han multiplicado la oferta. Hay más noche que nunca. Quizá demasiada para que todos encuentren su sitio.

El último movimiento afecta a Joy Eslava, hoy Teatro Eslava. La histórica sala de la calle Arenal, por la que han pasado varias generaciones de madrileños desde su apertura como discoteca en 1981, estrena nueva gestión. ALMA Corp., grupo empresarial propietario de la cadena Marco Aldany y con intereses también en hospitality, entra ahora en el negocio. No supone su cierre: la programación continúa. Pero sí otro cambio de manos en uno de los grandes símbolos de la noche de Madrid.

Oh My Club y Opium también cambian de manos
Más definitivo ha sido lo ocurrido con Oh My Club, que no volverá a abrir después del parón veraniego. La espectacular sala de la calle Rosario Pino, uno de los grandes nombres del ocio madrileño de los últimos años, ha sido vendida.

Una sesión de tardeo en Oh My Club
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Madrid se queda sin dos templos de la noche: después de Opium cierra Oh My Club
Miguel Queipo de Llano

Según ha podido saber ESdiario, el comprador es otro grupo de ocio nocturno de fuera de Madrid, cuya identidad no ha trascendido. Un movimiento que se produce apenas unas semanas después de que otro gigante de la capital siguiera un camino parecido.

Opium Madrid cerró a finales de julio después de ser adquirido por Grupo Mosh, el potente conglomerado marbellí encabezado por Albert Beniflah. Uno de los templos de la noche madrileña pasaba así a manos de uno de esos nuevos actores que combinan restauración, espectáculo y club y que están transformando el negocio.

Entrada, hasta ayer, de la mítica sala Opium de Madrid. Hoy, ya no existe
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Y todavía queda un nombre que para generaciones jamás necesitará actualización: Pachá. Hoy Teatro Barceló, la histórica sala está precintada desde noviembre después de que el Ayuntamiento impusiera un año de cierre por dos infracciones graves de exceso de aforo. Su gestión había pasado poco antes de la familia Trapote a Grupo Sounds, responsable de nombres como Fitz, Vandido, Bonded o Castellana 8.

De Fortuny a Morris y el fin de otro clásico​

El quinto cayó en marzo. El histórico palacete de Fortuny, cuya última etapa nocturna tuvo a Morris Club como protagonista, cerró definitivamente después de un procedimiento judicial de ejecución hipotecaria que terminó con la entrega del inmueble a un nuevo propietario. Nada tuvo que ver ese cierre con la crisis de aforos: fueron problemas empresariales y de propiedad los que pusieron el punto final.

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Adiós a Opium Madrid: la discoteca de los futbolistas echa el cierre este jueves tras años de declive​

Sandra Sánchez
Cinco historias diferentes, por tanto, pero una fotografía común. Joy cambia de gestor; Oh My Club y Opium, de manos; Barceló permanece precintado y Fortuny desapareció. Mientras tanto, los nuevos conceptos se multiplican y el tardeo le roba horas a la madrugada. No es el fin de la fiesta, sino una transformación acelerada de quién la organiza, dónde empieza y hasta qué hora la gente sigue en la calle.

Y quizá ahí esté la verdadera historia detrás de todos estos movimientos. Los clásicos no están cayendo porque Madrid haya decidido quedarse en casa. Están cambiando o desapareciendo mientras una nueva generación de empresarios, locales y formas de salir pelea por una clientela que ahora tiene muchas más puertas donde llamar.

Madrid no se ha quedado sin noche. Todo lo contrario: probablemente nunca tuvo tanta. Lo que empieza a quedarse sin sitio es la noche que conocíamos.

van a abrir Mercadona y Carrefour "easy nights" tipo happy hour en donde puedes comer en sus comedores más barato.
vaya país, prolifera el concepto de comer en los supermercados y hablamos de que somos el país que más crece y más trabajo tiene
 
Pues a ver

Diría que son dos factores

-Precio de las copas y espectáculos nocturnos disparados. Cuando yo era joven te tomabas un combinado (cubata, gin-kas, malibú con piña) por 300 pesetas. Ahora cuando cuestan? 10 euros en los sitios normales y 20 en los pijos.

-Encima de pagar esos precios, las posibilidades de ligar han bajado dado que las mujeres ya tienen 100 pretendientes haciendo cola en Tinder mas guapos que tu. Y si te propasas un poco aproximándote a una si tienes suerte te va a echar el gorila del local a patadas y si no la tienes vas a acabar en la comisaría.
 
No olviden el Real, Cleofás, o Gayarre.

Ahora la movida se reparte por los parques públicos con canastas de baloncesto, donde algunos montan sus redes para jugar. Música machacona sin parar, orines y heces entre los setos, bolsas, papeles, y envases de bebidas tirados por todas partes. Toda una delicia para el vecindario.
 
Esta noticia me causa exactamente tanta pena y preocupación como si me contaran que han desalojado y desinfectado la Cañada Real y el barrio de Orcasitas.
 
Lo mejor es quedar con los colegas a farmear aura y dejarse de salir hasta tarde y gastar en copas.

Unos monster, unas batallas de farmeo de aura y tienes el fin de semana hecho.
 
Archy, Oh!, Xenon, Baby Q, Empire, Barnum, Disparate, Ke! mandaban cuando viví en Madrit, que tiempos nanos, que tiempos.................. 🙄
 
Última edición:


Los palacetes conectados creo que era el Palacio de Gaviria en el 9 de Arenal.

Joy Eslava está en la misma calle más abajo hacia Ópera, al lado de la iglesia de San Ginés.
 
Lo mejor es quedar con los colegas a farmear aura y dejarse de salir hasta tarde y gastar en copas.

Unos monster, unas batallas de farmeo de aura y tienes el fin de semana hecho.

En vista de lo que os molesta a los boomerazos eso de farmear aura, empieza a sonar como algo que mola y todo.
 
"nuevas formas de ligoteo" = pasar la pantalla del Tinder y optimizar tu perfil desde tu casa intentando acceso no autorizado el algoritmo/ estar posicionadito, bien enchufado en el lugar correcto

"el ocio está cambiando" = más caro y por lo tanto menos para el populacho y más para las élites

Claro que hay más noche que nunca, pero no para el tieso al que le han cerrado el garito donde tomaba un tercio por dos euros
 
Tampoco eran nada bueno.

Lo bueno de la pobreza y la oleada turística es que va a obligar a la gente a entender qué es lo importante
 
Lo mejor es quedar con los colegas a farmear aura y dejarse de salir hasta tarde y gastar en copas.

Unos monster, unas batallas de farmeo de aura y tienes el fin de semana hecho.
Al fin y al cabo era lo mismo, moverte de forma llamativa delante de la gente para intentar ligar. Lo único que te ponías fino, era lo mismo pero con doping.
 

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