Gaza norte, convertida en un solar mientras el avance llega a Al Shifa
La franja de
Gaza lleva meses partida en dos. La mitad norte, según los datos que maneja el propio debate, está ya bajo control militar israelí en más del 70% de su superficie, y el avance ha alcanzado el entorno del hospital Al Shifa, el mayor complejo sanitario de la franja. El punto de partida de esta discusión es una tesis incómoda: «Lamento decir esto, pero creo que lo de Gaza está perdido; Israel ganará». No es una opinión aislada. Es la conclusión que se impone cuando se cruzan los números sobre el terreno con la geografía de los túneles.
El argumento central no es militar, es logístico. Israel vuela túneles de forma continua y ciega sus salidas y entradas, lo que, según quienes siguen el conflicto, implica un conocimiento detallado de la red subterránea. La comparación que se repite es con Avdivka, un núcleo urbano del Donbás que el ejército ruso lleva casi dos años intentando rendir sin conseguirlo. La diferencia, se argumenta, es que allí la defensa se sostiene en trincheras visibles y aquí en una red que el atacante ya conoce.
La comparación con Avdivka y el problema de los túneles
El paralelismo con el frente ucraniano sirve para medir la magnitud del avance. En Avdivka, un núcleo que se describe como un barrio de Donetsk, las fuerzas ucranianas mantienen posiciones atrincheradas desde hace casi dos años. Israel, en cambio, ha dividido Gaza en dos, ha concentrado a la mayor parte de la población en la mitad sur y ha ido desmontando la infraestructura subterránea del norte. Esa asimetría es la que sostiene la tesis de que la partida está decidida.
Hay quien va más lejos y sostiene que Hamás es, en la práctica, una criatura creada y mantenida desde fuera, con sus dirigentes instalados en Catar y, por tanto, en condiciones de informar a Israel de sus propios movimientos. La afirmación es polémica y no está verificada, pero circula con insistencia en el análisis que se hace desde la barrera. Si los cerebros de la organización están lejos del terreno, la capacidad de coordinar una defensa sostenida se reduce drásticamente.
Qué se juega Israel en el plano político, no solo en el militar
Militarmente, el desenlace parece escrito. Políticamente, no. Ese es el matiz que introduce la corriente más escéptica con el triunfalismo. Hace dos meses, el asunto no ocupaba portadas; ahora está en todas. Se han activado fuerzas diplomáticas, retiradas de embajadores y declaraciones en organismos internacionales que, en un momento dado, empiezan a pesar en la balanza. La presión de la opinión pública en Europa y Estados Unidos es un factor que ningún estado puede ignorar indefinidamente.
El cálculo más optimista para Israel asume que la superioridad militar basta para cerrar el asunto. El escenario pesimista parte de que cada día de operación añade coste diplomático y erosiona la posición internacional del país. Entre ambos extremos, la única certeza es que el relato ya no se controla desde un solo lado.
El factor energético que casi nadie menciona
Debajo del conflicto militar hay una disputa por recursos. Se apunta a un yacimiento de gas en el fondo del Mediterráneo, a menos de 70 kilómetros de la costa, como el verdadero premio de fondo. La bandera izada en un punto concreto se interpreta, desde esta lectura, como el acto inicial para reclamar como propio ese recurso. Es una hipótesis, no un hecho probado, pero encaja con la lógica de que las guerras en la región rara vez son solo por territorio.
La conexión con Europa y con China aparece en el mismo razonamiento. El control de rutas energéticas y comerciales, incluida la ruta de la seda, forma parte del tablero. Quien gane en Gaza no solo gana en Gaza.
La resistencia armada: pocos medios y mucha desventaja
Sobre el terreno, la asimetría es brutal. Se habla de unos 2.500 combatientes mínimamente preparados frente a un ejército con fuerza aérea, blindados y apoyo exterior. La comparación que se usa es con el levantamiento del gueto de Varsovia: armas caseras y determinación contra tecnología militar. Incluso los lanzacohetes anticarro de un solo uso, se argumenta, habrían sido letales en manos de quien supiera usarlos.
La cuestión de los blindados israelíes destruidos genera un cruce de versiones. Hay quien asegura que se han perdido muchos carros de combate a manos de las milicias, y quien responde que las imágenes que circulan no corresponden a Gaza sino a Líbano. La falta de verificación independiente, con los medios obligados a entregar su material al ejército antes de publicarlo, deja el asunto en un limbo informativo.
El escenario que nadie quiere nombrar
La hipótesis más sombría apunta a que el objetivo final no es solo militar. Se sostiene que, tras el norte, el paso siguiente sería Cisjordania, y que el desplazamiento de población forma parte del plan. Es una lectura conspirativa que no cuenta con respaldo probatorio, pero que circula con fuerza en los análisis más críticos.
Lo que sí es un hecho es que la población del norte se ha concentrado en el sur y que el norte se ha convertido, en palabras de quienes siguen el conflicto, en un solar. Si eso es el final de una operación o el principio de otra cosa, es exactamente lo que nadie sabe responder hoy.