Beneficios récord y más pobreza: la brecha que no deja de crecer
Mientras el Banco Santander repartía
840 millones de euros en efectivo entre sus accionistas, cuatro de las mayores entidades españolas —Santander, Sabadell, BBVA y CaixaBank— sumaban
14.759 despidos pactados. Los resultados se acumulan: 3.675 millones de beneficio atribuido para el Santander en el primer semestre de 2021, 832 millones para Endesa, 727 para Mercadona, 383 para Naturgy, 1.911 para BBVA. También Inditex firmaba un máximo histórico en ventas, beneficio y caja, y Aramco duplicaba sus beneficios en el tercer trimestre. Y en paralelo, millones de personas para las que una ducha con agua caliente es un lujo. La pregunta no es si el dato es cierto, sino por qué ocurre una y otra vez.
El negocio de la crisis: menos plantilla, más margen
La lógica es vieja y funciona: cuanto peor le va a la mayoría, mejor le va a la cuenta de resultados. La pandemia sirvió a la banca española como excusa para una reestructuración que llevaba años deseando: menos sucursales, menos prestaciones y despidos masivos. El recorte de plantilla se traduce casi de inmediato en beneficio, y como la concentración bancaria es altísima, al cliente le da igual que el servicio empeore. No hay dónde elegir.
A eso se añade una estructura de propiedad que reparte el resultado entre muy pocos. Las grandes compañías funcionan como cartas en manos de un puñado de patrimonios que juegan a todos los números: un accionista relevante de una teleco lo es también, directa o indirectamente, de un banco; y ese banco, de una tecnológica; y esa tecnológica, de una farmacéutica o de una industria militar. Cuando una carta pierde valor, las otras compensan.
La tesis del mérito: ahorrar, invertir y no tocar el principal
Aquí aparece la otra mitad del argumento, la que señala hacia abajo. La receta se repite hasta el cansancio y tiene cuatro pasos:
- Ahorrar y poner ese dinero en algo que reparta dividendo.
- Reinvertir cada dividendo como si fuera un ahorro nuevo.
- Dejar pasar el tiempo hasta que ese dividendo cubra una parte o el total de los gastos.
- No tocar nunca el principal.
Es la misma mecánica que comprar un piso, alquilarlo y vivir de la renta. La referencia cultural es «Padre rico, padre pobre», y su versión más dura sostiene que quien no sale de pobre es porque no ahorra, gasta en lo que no necesita o se endeuda. Se llega a afirmar que el
80% de los premiados en loterías acaban en la ruina en tres años: la cifra se lanza sin fuente y funciona como opinión con formato de dato.
Frente a la objeción de que invertir no compensa, hay quien responde que existen fondos con comisiones bajas y que lo que de verdad muerde es la fiscalidad del ahorro, con tipos que van del
19% al 26% sobre el rendimiento del capital. El desglose completo de la bola de nieve, con sus plazos y su reinversión año a año, es lo que separa la teoría del resultado real.
¿Se nace inversor o se aprende?
La anécdota más repetida es doméstica: dos hermanos, misma casa, misma educación, misma paga. Uno ahorraba cada peseta; el otro se la fundía en la primera cosa que se le cruzara. Años después, el primero tiene prácticamente todo invertido y sigue ahorrando; el segundo no llega a fin de mes y pide dinero. De ahí se extrae la conclusión de que la mentalidad inversora no se enseña, se trae de fábrica.
El contraargumento es el punto de partida. Los grandes patrimonios rara vez empiezan de cero: vienen de familia rica o acomodada, con educación financiera temprana y con margen para asumir riesgos. Un sueldo medio, ahorrado con esfuerzo, no llega muy lejos por mucho que se invierta. Y cuando ya hay patrimonio, cada euro trabaja más y mejor que el primero.
Cuatro desarrolladores, un PIB pequeño y una tonelada de trigo
El otro eje del asunto es la productividad. Hay quien sostiene que cuatro desarrolladores pueden levantar en unos meses un producto que se convierte en un éxito mundial: producirían como países pequeños. Antes hacía falta una fábrica y una plantilla; ahora haría falta un buen equipo y escala global. De ahí que, según este argumento, la riqueza se concentre en menos manos.
El ejemplo que se repite es el de
Jeff Bezos, con una fortuna estimada en 200.000 millones de dólares. No controla solo Amazon: se le atribuyen una quincena de empresas, entre ellas Blue Origin y «The Washington Post». Ocho multimillonarios —de Bill Gates a Amancio Ortega, de Warren Buffett a Mark Zuckerberg— acumulan más dinero que la mitad de la población más pobre del planeta, y 25 familias mueven cerca de
1,1 billones de dólares.
También hay quien rebaja el entusiasmo por la productividad con un argumento de sentido común: si el PIB crece mientras el consumo real de bienes y servicios cae, parte del crecimiento es una ficción contable. Un rico no puede comerse una tonelada de trigo al día, por mucho dinero que tenga. Y el ciclo abierto en 2008 se lee así: sueldos que bajan, desempleo que sube y una crisis que, a diferencia de las clásicas, no vació los supermercados.
El desvío: inmigración, voto y cociente intelectual
Cuando el diagnóstico resulta incómodo, la conversación se va por las ramas. Una parte de las intervenciones traslada el problema a la llegada de población migrante y a cómo votan los barrios donde se concentra. Enfrente se responde con el dato demográfico: se sostiene que España lleva dos décadas sin aumentar población de forma relevante y que quienes llegan prosperan en cuanto tienen ocasión; se cita el caso británico, con puestos de trabajo que quedan vacantes tras la salida de trabajadores migrantes. Otros mensajes, sin aportar ninguna fuente, descalifican directamente al electorado y especulan con el cociente intelectual de la población.
¿Mérito, estructura o las dos cosas?
Los números no admiten discusión: beneficios récord por un lado, brecha creciente por otro, y una banca que despide mientras reparte dividendos. Lo que sigue sin respuesta es el reparto de responsabilidades. ¿Es la
desigualdad el resultado de miles de decisiones personales, de una estructura que concentra el capital en cada vez menos manos, o de la mezcla inevitable de ambas? Con los datos delante, la pregunta sigue sin una respuesta que conforme a todos.