Letonia llama a filas a los varones de 18 a 27 años
Letonia ha decidido que la defensa del país es, de entrada, cosa de hombres. El Ministerio de Defensa letón anunció el servicio militar obligatorio para todos los ciudadanos varones de entre 18 y 27 años, una decisión que convierte el reclutamiento en política de Estado durante los próximos cinco años. Ellas quedan fuera de la obligación: el ministerio se limita a ofrecerles «las mismas oportunidades de forma voluntaria». La letra pequeña importa, porque el texto todavía no está cerrado.
Qué incluye el servicio militar obligatorio que prepara Letonia
El planteamiento oficial no es un uniforme y un fusil sin más. Cada varón de esa franja de edad tendrá que elegir entre
cuatro vías: el Servicio de Defensa del Estado, la Guardia Nacional, un Curso Universitario de Comandante de Sección o servicios alternativos en el Ministerio del Interior, Salud o Bienestar. Es decir, la obligación se abre a destinos no estrictamente castrenses, lo que suaviza el relato pero no la obligación.
El despliegue será gradual. La primera fase arrancaría en enero, con una segunda tanda en julio, y en ese primer año podrían ser reclutadas hasta
1.000 personas, según el diario letón
Diena. El horizonte declarado es de cinco años para tener el sistema completo funcionando. La medida, eso sí, necesita el visto bueno del Parlamento, previsto para otoño; hasta entonces es un plan, no una realidad sobre el terreno.
¿Por qué las mujeres no están obligadas?
Porque el ministerio ha optado por dejarles la puerta abierta pero sin empujarlas a cruzar. Las ciudadanas de esa misma franja de edad recibirán, dice el comunicado, las mismas oportunidades
de forma voluntaria. La asimetría es el punto que más ampollas ha levantado: si el servicio es necesario para la supervivencia del país, cuesta explicar por qué la carga recae solo en la mitad de la población.
Hay quien recuerda que llevan años vendiéndose mensajes de igualdad y que, a la hora de repartir sacrificios, la balanza se inclina siempre del mismo lado. El resultado, de momento, es el mismo: ellos obligados, ellas invitadas.
El argumento de Pabriks: sobrevivir o ser atacados «a su antojo»
El ministro de Defensa, Artis Pabriks, no ha maquillado el motivo. Sostiene que «la población letona debe darse cuenta de que, para sobrevivir, simplemente debemos aumentar la proporción de población que ha recibido formación militar y está preparada para entrar en combate». Y añade que eso «debería reducir el riesgo de que Rusia ataque a Letonia a su antojo». Traducido: disuasión demográfica.
Pabriks sitúa el giro en
2014, cuando los países bálticos, según su relato, empezaron a centrarse más en el rearme y en la preparación para el combate. Asegura que esos objetivos se han cumplido «con éxito». Lo llamativo es que un país asuma que necesita ciudadanos formados militarmente como quien necesita bomberos o médicos: una capacidad más de la administración.
Lituania mira de reojo y el calendario sigue abierto
La medida llega con un efecto dominó previsible. Hay quien sostiene que Lituania ya se planteaba algo parecido a principios de año y que, si Letonia da el paso, es probable que la vecina vaya detrás. No es una coincidencia: comparten frontera con Rusia, comparten miedo y comparten el paraguas de la OTAN, que estos días se lee a la vez como escudo y como correa.
Ahí está el nudo del asunto. Parte del análisis desconfía del relato oficial y ve en el reclutamiento una forma de reparto de costes dentro de la Alianza: los países pequeños ponen los ciudadanos y el armamento lo factura otro. Enfrente, la lectura defensiva es que sin población entrenada no hay disuasión posible. Las dos cosas pueden ser verdad a la vez, y eso es lo que nadie quiere decir en voz alta.
Con este calendario, Letonia tendría miles de jóvenes con instrucción militar antes de que acabe la década. Si eso disuade a Moscú, está por ver. Si reordena el mercado laboral, la natalidad y la conversación sobre igualdad, es casi seguro.