Tres jugadoras no firman el manifiesto y afrontan el fuego en redes
Tres nombres faltan en el manifiesto y ese hueco, en el
fútbol femenino español, se paga en redes.
Athenea del Castillo, Claudia Zornoza y Sheila García han decidido no suscribir el comunicado conjunto de las internacionales y centrarse en lo deportivo, una postura que les ha granjeado elogios y, a la vez, una campaña de presión digital que algunos califican de linchamiento. La fractura interna del equipo campeón del mundo ya no se discute en un vestuario: se dirime en abierto, con la federación en medio y con la próxima convocatoria como horizonte.
Qué piden las jugadoras y qué implica no firmar
El comunicado que las tres han dejado sin firmar recoge un paquete de exigencias sobre el funcionamiento de la Real Federación Española de Fútbol, incluida la pregunta de quién debe ocupar su presidencia. Firmar implica alinearse con esa hoja de ruta. No hacerlo equivale a quedar fuera del bloque.
Athenea del Castillo quiere centrarse en lo deportivo y pasar página de lo ocurrido desde la final del Mundial; Claudia Zornoza pone el foco en su club y en su futuro profesional más allá del fútbol. Sheila García, que estuvo en la prelista, tampoco ha firmado, lo que la dejaría disponible para una convocatoria.
Ahí está el nudo. No firmar no bloquea la puerta de la selección; firmar, según cómo evolucione el pulso, sí puede cerrarla a quien se desmarque. La decisión, por tanto, no es estética ni menor: es una apuesta sobre el propio futuro deportivo.
De extremo del Real Madrid a diana en redes sociales
Athenea tiene
22 años y juega como extremo. Bastó su falta de firma para que una parte de las redes la rebautizara con un apodo que la vincula al franquismo, una etiqueta que circula sin más prueba que su decisión de no firmar. Hay incluso quien rescata imágenes de su vida privada para fabricarle un perfil ideológico. El linchamiento, por llamarlo con precisión, no distingue argumentos: convierte una firma ausente en una declaración política completa.
Frente a eso, otra corriente sostiene justo lo contrario. Que la jugadora representa a quien se niega a plegarse al manifiesto y se centra en jugar, y que ese gesto merece más respeto que cualquier comunicado colectivo. También hubo respaldo desde cuentas de peso, entre ellas la de Iker Casillas, que escribió:
«Qué habrá pasado para llegar a tal punto! Qué pena! Mi apoyo total!». El doble rasero es elocuente: se aplaude la independencia cuando coincide con lo que uno piensa.
Las firmantes que luego se desdicen por correo
Según las informaciones publicadas, algunas jugadoras que sí suscribieron el comunicado remitieron después correos individuales a la federación para declararse seleccionables. El detalle, aireado por prensa, alimenta la tesis de que el manifiesto fue más una muestra de fuerza que una convicción sostenida. Si la firma pública va por un lado y el correo privado por otro, la unidad que se invoca se sostiene mal.
Conviene ser prudente: se trata de comunicaciones conocidas de forma fragmentaria, no de una retractación formal ante notario. Aun así, el efecto político es inmediato. La federación gana margen para convocar y las firmantes quedan expuestas a la acusación de doble juego, con el desgaste que eso supone dentro de un grupo que compite junto.
¿Es rentable el fútbol femenino profesional?
El foco económico del asunto es incómodo. Se argumenta que la primera división femenina apenas se sostiene, con sueldos que en la gran mayoría de los casos se comparan con los de una cajera de supermercado, una carrera profesional de unos diez años y dependencia de dinero ajeno. La conclusión de esa corriente es que el fútbol femenino profesional funciona como artefacto políticamente rentable pero económicamente inviable.
No es una tesis unánime ni se puede cerrar con un solo dato, y aquí conviene separar el cálculo grueso de la opinión. Lo que sí consta es que el conflicto se libra sobre una estructura que no genera el dinero que genera el fútbol masculino, y eso condiciona la capacidad de negociación de todas las partes. Cuando el pastel es pequeño, cada firma pesa doble y cada ausencia se lee como una traición.
Jugar o hacer política: las dos corrientes
Una parte del análisis defiende a las no firmantes como ejercicio de criterio propio: merecen respeto quienes no se pliegan a la masa, aunque se equivoquen. Otra responde que las jugadoras están para jugar e intentar ganar partidos, y que un pulso político con la federación de por medio es un terreno donde solo pueden perder. Entre medias circula la sospecha de que dos o tres cabezas visibles arrastran al resto y de que varias firmaron más por presión que por acuerdo.
El resultado es un grupo campeón del mundo dividido en tres bloques: las firmantes, las que matizan por correo y las que nunca firmaron. Ninguno puede ganar solo, y ninguno controla del todo el relato.
Con la próxima convocatoria como termómetro, es probable que el ruido baje y las aguas vuelvan a su cauce. Con reservas: si la federación llama a las no firmantes mientras el bloque mayoritario mantiene el pulso, el fútbol femenino español jugará cada jornada dos partidos, el del campo y el de la trinchera.