LinkedIn funciona para encontrar trabajo en tecnología y poco más
LinkedIn se presenta como la red profesional imprescindible. La experiencia de quien la usa a diario es otra: en el sector tecnológico opera, según varios usuarios, como un mercado laboral real, con reclutadores que escriben sin que el candidato haya movido un dedo, mientras que fuera de ahí el retrato más repetido es el de un escaparate. La
conversación que lo puso a prueba sigue sin cerrarse. Nadie ha fijado la frontera exacta entre lo que sirve y el ruido.
¿Sirve LinkedIn para encontrar trabajo?
Sirve, pero no igual para todos. La coincidencia más repetida es que la plataforma rinde en perfiles técnicos y en
cargos medios y altos, donde están los contactos de recursos humanos y los cazatalentos que mueven vacantes que nunca llegan a publicarse. Hay quien lo resume así:
si se sabe usar, pone en contacto con personal de selección y con headhunters para oportunidades serias.
Los casos concretos se acumulan en tecnología.
Un exempleado de IT asegura que casi todos sus excompañeros de equipo encontraron buenos empleos por esta vía, y el último contrato de uno de ellos salió de apuntarse a varias ofertas: le llamaron para entrevistarse en casi todas. Otro caso citado es el de un amigo que encontró trabajo como desarrollador en GitHub tras un contacto en la plataforma.
Para los perfiles junior el cálculo cambia. Hay ofertas, desde luego, pero nadie va a buscar a nadie a casa. La recomendación práctica es peinar la herramienta a menudo, enviar el currículum a las consultoras tecnológicas y esperar a entrar en su base de datos, que es lo que acaba generando llamadas cuando aparece un hueco.
La burbuja de sueldos que se mueve por la plataforma
70.000 euros anuales. Esa es la retribución que, según un exempleado del sector, acaba de conseguir un antiguo compañero de equipo tras encontrar
empleo por esta vía. En tecnología hay
una burbuja de salarios considerable, y eso explica que muchos profesionales miren la red con otros ojos.
El contacto directo es la otra gran baza. Hay quien recibe mensajes de reclutadores sin haber enviado una candidatura y ha terminado contratado en una empresa grande del sector. El perfil cuidado, con foto, estudios y experiencia al día, funciona como escaparate pasivo: la empresa busca, encuentra y llama. Para muchos es el uso ideal, porque no exige publicar nada.
Entre quienes buscan activamente, un profesional cifra en el 60% el peso de esta vía en su carga de trabajo, y sostiene que mejoraría todavía más si inflara el perfil.
El ruido corporativo: perfiles inflados y vendedores de humo
El reproche duro no va contra las ofertas, sino contra el ambiente.
Un 1% del contenido merece la pena —congresos, inversiones, movimientos del sector— y el 99% restante es autobombo, según el cálculo que circula. La plataforma se describe como un escaparate donde cada cual presume de carguito con nombre en inglés, y como red social, dicen, no vale gran cosa.
El perfil engordado es la norma. Un participante en una formación para desempleados relata que
toda la clase se puso nivel alto o perfecto de inglés; cuando el formador cambió de idioma, la cosa se descompuso en el aula. Otro ejemplo: de 24 personas que figuraban como inscritas en un mismo local,
solo una había trabajado realmente allí. Y hasta se recomienda mentir en el perfil para pasar el filtro inicial, con una advertencia sensata: que sea en algo que luego se sepa hacer.
¿Es mejor Infojobs para buscar empleo?
No hay consuelo.
Infojobs se describe como una plataforma caduca, sin opción de borrarse de una oferta apuntada por error, llena de cazadores de datos, de ofertas falsas firmadas por una «empresa puntera en su sector» y de consultoras y empresas de trabajo temporal. Uno de los avisos más repetidos: que el portal podría acabar pasando tus datos a tu empleador actual mientras buscas en otro sitio.
Los usos que nadie admite en voz alta
Ligar no funciona. Quien lo ha intentado asegura que los contactos no le aceptan, y alguno ha acabado con la cuenta suspendida
dos semanas por responder a una oferta con material que no venía al caso. Para cotillear, en cambio, rinde: sirve para saber por dónde andan las exparejas y para comprobar cómo han envejecido los compañeros de instituto.
También se usa como escaparate profesional puro. En inmobiliaria, un profesional asegura recibir de media
una entrevista por semana. Un profesional independiente reconoce que le salen clientes de ahí: es, en la práctica, publicidad barata. Y hay usos que rozan el absurdo: una entidad financiera llegó a pedir el perfil de LinkedIn para abrir una cuenta, y una cuenta desconocida intentó pedir dinero para apoyar a un ejército en guerra; la plataforma dictaminó que no era spam.
Hay un uso intermedio que casi nadie menciona y resulta útil: antes de meterse en un proceso de selección, consultar por dónde ha pasado gente conocida permite descartar empresas sin gastar una tarde en entrevistas.
Con todo esto, la utilidad de LinkedIn queda bien definida en los extremos y difusa en el medio: nadie discute que ha cerrado contratos y nadie defiende su conversación pública. Dónde está exactamente la línea que separa el sector donde funciona del que no, sigue sin acordarse. Quizá porque la respuesta depende menos de la herramienta que de la profesión de quien la abre.