El Santander se para en 1,50 y reabre el pulso por el suelo
El suelo del Santander se escribió rozando los 1,50 euros y quien compró algo por encima de ese mínimo llegó a anotarse cerca de un 90% de revalorización. Contado así parece fácil. No lo fue. Durante semanas, la pregunta que sobrevolaba cualquier conversación sobre banca española era dónde diablos dejaba de caer el valor: unos situaban el piso entre 1,40 y 1,50, otros lo bajaban a 1,60 y no faltaba quien lo mandaba al entorno del euro. Los más tajantes zanjaban el asunto con una frase: en un banco, el suelo es siempre cero.
Esa respuesta, que suena a boutade, tiene munición de sobra. Banco Popular y Abengoa se citan como recordatorio de lo que pasa cuando un valor deja de valer. La sombra de Bankia y de Deutsche Bank se proyecta sobre cualquier cálculo optimista. Y una cifra que lanzó un forero pesa en el debate: quien compró banca española en 2008 arrastraría alrededor de un
95% de patrimonio diluido. Con ese historial, mirar una gráfica con desconfianza no es pesimismo, es memoria.
¿Dónde está el suelo de una acción de banco?
En cero, y no es una forma de hablar. Es el nivel al que apuntan quienes recuerdan que ningún banco es demasiado grande para hundirse y que el accionista es el último de la fila cuando la entidad entra en problemas. Frente a eso se alinean dos lecturas que no se parecen en nada. Una es la del valor y la liquidación: un participante sostiene que los accionistas podrían liquidar la empresa y llevarse
5,50 euros por acción, muy por encima del precio al que cotizaba entonces. Otra es la de quienes firman el análisis más duro, que asignaban al valor
89 céntimos, una cifra que uno de ellos calculaba tres años antes y que nunca se llegó a ver en pantalla.
Entre esos dos extremos cabe casi todo. Lo que nadie discute es que el Santander llegó a esa zona después de una caída prolongada, con el covid y un ciclo político adverso encima del sector español. La comparación que se hizo fue la del Sabadell: quien se posicionó en una sola sesión se anotó un 10% casi inmediato. Quien llevaba desde 2008, en cambio, seguía con pérdidas que no arregla un rebote.
De 1,92 a 3,30: los niveles que marcaron la operación
El guion técnico fue más simple de lo que parece. Por debajo de
1,92 euros el escenario era bajista con objetivo en 1,60; por encima, el radar cambiaba de signo. La entrada se planteó en la zona de 1,50 y acabó ejecutándose un poco más arriba, con la punta inferior de una vela rozando los 1,50 justo antes del giro. Dos sesiones después llegó la subida. Ahí se tomó la primera decisión: vender algo más de la mitad, recuperar lo invertido y dejarse un
7% de propina, manteniendo el resto con la vista puesta en el siguiente techo.
Ese techo era
2,90 euros, una resistencia que se rompió con poco volumen —detalle que obligaba a esperar confirmación— y que abrió la puerta a 3,30 y, más allá, a 3,80. El valor pasó los 3,30. La revalorización desde la entrada de octubre se acercó al 90%, un recorrido que deja la duda clásica: cerrar y dormir o dejar correr la posición con un tope de protección por debajo. En un activo que llevaba dos años cayendo como una piedra seca, las dos opciones se defienden.
Banca barata frente a tecnológicas caras: el pulso entre dos escuelas
La discusión de fondo no era el Santander, sino qué se compra. Una corriente sostiene que un banco de un país con problemas estructurales, con exceso de oficinas, digitalización tardía y un modelo que pierde monopolio, no merece el dinero ni a 1,50 euros. Su alternativa son compañías de calidad y en tendencia alcista aunque coticen más caras:
Amazon, Microsoft, Alibaba, L'Oréal. Se puede uno comer una corrección, argumentan, pero no se arruina comprando buenas empresas.
La contrarréplica tiene dos patas. La primera es de sentido común: por qué elegir entre buena y barata cuando existen bancos de más calidad o tecnológicas que crecen con fuerza y no están caras. La segunda es más incómoda: si la tesis es que la cúpula de BBVA y Santander no sabe lo que tiene entre manos, conviene recordar que llevan años preparándose para un mundo que ya no se parece al actual. La banca comercial tal y como la conocemos va a encogerse, y quien está dentro lo sabe antes que quien mira el gráfico desde fuera.
El futuro del negocio: CBDC, fintech y el libro de un exgobernador
Hay un hilo argumental que va más allá del precio. Los tipos a cero, la presión regulatoria, Basilea y el empuje de las fintech dibujan un sector obligado a transformarse. El escenario que plantea un participante a diez o quince años es el de la hipoteca concedida por un banco nacido de una gran tecnológica, con concentraciones para cerrar oficinas y recortar plantilla. Y en el horizonte, según el relato de otro forero, las monedas digitales de banco central interoperables a nivel mundial, una idea que un exgobernador del Banco de España dejó caer en un seminario patrocinado por el BBVA. Otro participante recuerda además un libro de un expresidente del Banco de España titulado
«Adiós a los bancos».
Ese material admite dos direcciones. Para unos confirma que el negocio tradicional está sentenciado y que invertir en él es comprar una máquina de escribir. Para otros significa justo lo contrario: solo unos pocos bancos sobrevivirán y encajarán en esa nueva constelación, y el precio actual no descuenta ese escenario. El mercado sigue sin resolverlo.
Con el valor ya por encima de los 3,30 euros, la pregunta abierta no es si el Santander tenía suelo, sino si el recorrido está agotado o si los 3,80 son solo la siguiente estación. Nadie lo sabe. Quien compró cerca de los 1,50 ya tiene su respuesta en la cuenta y quien sigue mirando desde la barrera se enfrenta al problema de siempre: entrar tarde o no entrar. La apuesta más razonable, si acaso, es no confundir un buen rebote con un cambio de ciclo.