¿Por qué El Jueves agoniza? De la sátira al panfleto
¿Qué ha sido de El Jueves, la revista que durante décadas fue termómetro del humor político español? La discusión pública sobre su estado roza el epitafio: acusaciones de sectarismo, pérdida de lectores, dependencia de subvenciones y un giro editorial que, según sus críticos, la ha convertido en un panfleto de propaganda en lugar de un medio satírico.
El giro que lo cambió todo
Quienes siguen la revista desde sus inicios señalan un punto de inflexión: la marcha de los dibujantes clásicos y la adopción de una línea editorial que, en lugar de repartir estopa a todos lados, centró sus dardos únicamente en la oposición política. «Antes se criticaba al poder, ahora se critica a Los Otros», es un argumento recurrente. La comparación con otras revistas históricas como La Codorniz o El Papus se vuelve inevitable: mientras aquellas marcaron una época, El Jueves habría mutado en un instrumento al servicio de una corriente ideológica.
Financiación pública y acusaciones de propaganda
Otro frente abierto es el económico. Se ha especulado con que la revista depende en gran medida de subvenciones del Gobierno, y que su línea editorial sería el precio a pagar por ese flujo de dinero público. Algunos llegan a vincularla con financiación internacional de forma directa, aunque estas afirmaciones carecen de pruebas firmes y se mueven más en el terreno de la conspiración que del análisis riguroso. Lo que sí es constatable es que la caída de ventas ha sido tal que hace unos años migró al formato digital, intentando sobrevivir a un entorno de medios hostil y una audiencia cada vez más polarizada.
El humor como arma arrojadiza
El debate trasciende a El Jueves y apunta a una crisis más amplia del humor gráfico en España: la dificultad de hacer sátira cuando cada bando exige fidelidad absoluta. «Cuando el objetivo nuclear es generar opinión, no es humor ni arte, sino propaganda», resume una de las reflexiones más citadas. La pregunta que queda en el aire es si esa deriva es inevitable o hay margen para el humor que desafíe a todos por igual. De momento, la revista agoniza, pero su epitafio aún está por escribirse.