El vídeo que normaliza el empobrecimiento: la propaganda del Gobierno que indigna
Un vídeo que circula desde hace meses ha reabierto el debate sobre la estrategia de comunicación del Gobierno. En él, una voz en off de tono paternalista invita a aceptar un futuro de menor consumo, renuncias y adaptación a la pérdida de poder adquisitivo. No es un anuncio de una ONG ni una campaña de concienciación: es material oficial. Y el malestar no es menor.
¿Qué dice exactamente el vídeo?
El spot, que algunos califican directamente de «orwelliano», presenta como deseable un escenario de contracción del nivel de vida. La narrativa apela a la solidaridad intergeneracional y al «reto demográfico», pero los críticos sostienen que en realidad busca adormecer a la población ante el deterioro económico. Se apoya en conceptos como eficiencia energética y sostenibilidad, aunque sin mencionar cifras concretas de ahorro ni planes de compensación.
La vivienda, el elefante en la habitación
El debate ha derivado inevitablemente hacia el mercado inmobiliario. Varios análisis apuntan que las políticas de eficiencia energética —como las normativas de aislamiento— han contribuido a encarecer la vivienda, mientras que la oferta no crece al ritmo de la demanda. «El precio se ha disparado en zonas donde apenas se construye, incluso en viviendas de los años sesenta que no han mejorado su eficiencia», señala un argumento recurrente. La conclusión implícita: el discurso oficial sobre el «reto demográfico» oculta la verdadera raíz del problema: la falta de construcción y la presión migratoria.
El clima como coartada
La campaña se apoya en la lucha contra el cambio climático para justificar recortes y renuncias. Quienes niegan la base científica (o al menos la urgencia) denuncian que se utiliza el medioambiente como excusa para imponer un modelo de empobrecimiento. En el extremo opuesto, hay quien sostiene que aceptar la realidad climática implica necesariamente asumir costes. El choque es total: ¿sacrificio necesario o propaganda para la resignación?
El dato que descoloca: mientras el discurso oficial pide austeridad y eficiencia, los pisos sin reformar se revalorizan sin que mejore su consumo energético. La contradicción está servida.