China se queda en el 0,1% de IPC y Europa paga la factura energética
Septiembre de 2023. El IPC interanual de
China se queda en el
0,1%, exactamente lo que anticipaban las previsiones y muy por encima del
-0,3% del dato anterior. Sobre el papel, una economía que ha dejado de hundirse. En la práctica, la confirmación de que el país que fabrica buena parte de lo que se consume en el mundo ha perdido el impulso de los precios. Mientras medio Occidente se agarra al 2% como si fuera un mandamiento, Pekín produce y no infla.
¿Qué significa un IPC del 0,1% en China?
Un 0,1% interanual es, en la práctica, precios congelados. Hay quien lee el dato como un
aumento real del poder adquisitivo chino frente a una Europa que ve caer el suyo. Y hay quien lo descarta por insuficiente, porque no alcanza el objetivo del 2%, como si no llegar a esa cifra fuese una enfermedad en lugar de un síntoma. La discusión de fondo no es aritmética: si China tiene economía real —fábricas, acero, contenedores— y Occidente mueve papel, el diferencial de precios no es un accidente. Es una consecuencia.
Por qué los bancos centrales ya no pueden bajar la inflación
Porque llegaron tarde y con una década de artificialidad monetaria a la espalda. La subida de tipos ha sido
la mayor desde Volcker y el endurecimiento de balance, notable. Pero de nada sirve apretar el freno cuando el coche lleva años circulando sin ruedas: inflación sin crecimiento no arregla nada, destruye actividad.
El relato oficial sostuvo durante meses que el repunte era transitorio. Hoy casi nadie lo repite. Una corriente del análisis sostiene que el descontrol se limita a la macroinyección de la pandemia y que bastaba con drenar el sobrante. La contraria responde que el escenario se salió de cualquier guion antes de empezar. El desglose de tipos y balance, partida a partida, es lo que mejor explica por qué el ajuste siempre llega cuando el daño ya está hecho.
El shock energético que cambió el escenario
Una parte del análisis sitúa el punto de no retorno en la energía: la
destrucción del Nord Stream, la ruptura del suministro barato y una guerra en el este de Europa que reordenó el mapa. Europa no es soberana en energía y lo paga en cada factura industrial. Estados Unidos logró revertir la estanflación, al menos por el momento; el Viejo Continente se quedó descolgado, con la industria perdiendo competitividad y el consumo interno aguantando por inercia.
Sobre Reino Unido se discute si su papel es económico o simplemente militar, alineado con Washington. Lo único verificable es que su posición no se explica solo con la libra.
¿Serviría subir los tipos al 10%?
No, y aquí el personal coincide más de lo que parece. Con tipos al 10%, depósitos sin remunerar en consecuencia, salarios congelados y empresas ya arrasadas, el remedio haría
más daño que la enfermedad. El escenario que se dibuja no es una recesión de manual, sino una vuelta al medievo con teléfonos móviles: menos consumo, menos crédito y una clase media que descubre que su colchón era un espejismo.
Burbuja inmobiliaria y deuda: ¿a quién le interesa reventarla?
A nadie. Quien más patrimonio inmobiliario acumula son las élites; el Estado recauda en proporción a los valores y los bancos prestaron usando el ladrillo como garantía. Reventar la burbuja por decreto sería dinamitar el propio balance de quien firma la política monetaria.
Y ahí aparece el problema que nadie resuelve: la deuda crece a un ritmo mayor que la inflación. Licuar el pasivo con precios al alza solo funciona si la pelota no se hace antes más grande. De momento, se hace.
Japón: 3,1% de inflación y la puerta abierta a tipos positivos
La
inflación japonesa ya está en el 3,1%, un nivel incómodo para un país acostumbrado a décadas de precios planos. No parece que el Banco de Japón tarde mucho en llevar los tipos a terreno positivo. La diferencia con Europa es la composición de su deuda: enorme, pero en su propia moneda y en manos de sus ciudadanos y sus bancos, con un ahorro interno capaz de absorberla. El ahorro europeo no juega en esa liga.
Que a Japón le salga bien no significa que sea un modelo a imitar. En Europa, el episodio inflacionario responde sobre todo a un problema de oferta, no de demanda desbocada.
Estupidez o maldad, incompetencia o diseño. El objetivo del 2% sigue escrito en la pizarra de los bancos centrales y nadie ha firmado todavía por qué la inflación se empeñó en no bajar, por qué el ajuste llega siempre tarde y por qué el único que produce de verdad es el que menos inflación tiene. Ahí se atasca el análisis.