La sospecha: pagan menos interés del pactado y nadie sale a la calle
Los bancos estarían cobrando menos de lo que les corresponde en las hipotecas variables. La afirmación circula con insistencia entre profesionales que manejan recibos de préstamos —abogados, contables, asesores— y se apoya en una sospecha incómoda: que la subida del euríbor se aplica en una cuantía inferior a la firmada para que el golpe no se note en la cuenta corriente. Si fuera cierto, estaríamos ante un fraude de dimensiones considerables. Lo que hay, de momento, son testimonios y ninguna prueba documental publicada.
Qué se está denunciando con las hipotecas variables
El relato se repite con pocas variantes: el banco debería recalcular la cuota con el euríbor disparado y, en su lugar, aplica una corrección más suave. El efecto buscado sería doble. Por un lado, que el hipotecado no perciba el alcance real de lo que paga y no haya
alarma social. Por otro, que la cartera no se llene de créditos en mora y la entidad no tenga que aprovisionar capital por posibles impagos.
La objeción jurídica es inmediata: modificar unilateralmente las condiciones de un préstamo hipotecario equivale a cobrar una deuda que no mengua y unos intereses que se eternizan. Cualquier afectado podría denunciarlo, porque se estarían aplicando condiciones no firmadas en el contrato. Es, en palabras de quien lo plantea así, una estafa en toda regla.
¿Por qué un banco cobraría menos de lo que marca el contrato?
El argumento económico tiene su lógica, y precisamente por eso conviene manejarlo con pinzas. Si las cuotas subieran lo que marca el euríbor, una parte relevante de la cartera entraría en mora. Con un escenario de impagos de dos dígitos, la banca tendría problemas serios de solvencia y el conjunto del sistema financiero se resentiría. Hay quien va más allá y sostiene que la instrucción no habría partido de las entidades, sino de instancias superiores con interés en que nada se mueva.
Las consecuencias macro no serían inocuas. Si el mercado de crédito deja de reflejar el precio real del dinero, la política monetaria pierde su transmisión habitual y la inflación se enquista. En ese escenario, el euríbor tendría margen para escalar todavía más, con el coste añadido de que el ajuste llegaría después y más brusco. Nadie ha aportado, en cualquier caso, un recibo minorado que lo demuestre: es justo lo que reclama la parte escéptica.
El caso canadiense: cuotas que no cubren ni los intereses
Existe un precedente real de cuotas que no amortizan nada. En Canadá, alrededor del
20% de las hipotecas tendrían pagos que no alcanzan a cubrir los intereses generados: después de pagar, el deudor debe más que antes. El mecanismo es conocido en la banca española con otro nombre: la carencia.
Hay casos descritos con precisión. Una hipotecada desde
2007 a 30 años[/B> ha pactado una carencia de cinco años en la que abona solo intereses, con un diferencial de euríbor menos 0,10, cuando su contrato original fijaba euríbor más 0,75. El capital adeudado no baja un euro. A cambio, le han alargado el plazo hasta 35 o 40 años. Con semejante combinación, prorrogar el calendario cada vez que aprieta la cuota lleva a un producto nuevo en el mercado: la hipoteca eterna, la que acompaña de la cuna a la tumba.¿Por qué no ha estallado la calle con la subida de hipotecas?
Porque el grueso del stock hipotecario español se firmó a tipo fijo, y eso amortigua el golpe. Los préstamos variables que iban a petar ya lo hicieron en su día, cuando el euríbor se movía en otra dirección. La consecuencia es una foto incómoda: mientras los tipos estaban bajo mínimos, quien había firmado a fijo soportaba cuotas más altas y escuchaba que era un ignorante por no aprovechar el dinero regalado.
Ahora la tortilla se ha dado la vuelta y el reproche cambia de bando. Una parte de los afectados alega que nadie les explicó las consecuencias posibles de una crisis, que el banco vendió sin advertir. La respuesta desde el otro lado es cortante: un préstamo a 30 años con el euríbor al 0% obligaba a preguntarse qué pasa si los tipos suben al 5%, al 6% o al 10%. Y aquí entra el cálculo que muchos hicieron mal: una vivienda de 300.000 euros puede acabar costando más del doble en intereses al final del plazo.¿Es legal que el banco no aplique el tipo pactado?
No, y ahí está el punto débil de toda la teoría. La revisión se aplica cuando toca, que en la mayoría de contratos es una vez al año, no de forma inmediata. Si el deudor deja de pagar, el banco le llama y empieza a negociar antes de dar el préstamo por fallido. Existe además un marco de buenas prácticas pactado con el Gobierno que permite articular carencias y ampliaciones de plazo para quien las solicita y cumple requisitos: una puerta legal que se confunde con la irregularidad.
De ahí que las supuestas rebajas de cuota puedan explicarse mejor por esta vía que por una conspiración bancaria. La otra hipótesis sobre la mesa es igual de simple: que alguien esté confundiendo una novación pactada con un recibo mal calculado.Fijas contra variables: el reproche que no se va a olvidar
El daño colateral del episodio es político. Quien pagó diez años a tipo fijo, con cuotas más caras, contempla ahora cómo se discute rescatar al que se benefició de un variable barato. La pregunta que sobrevuela es si los considerados responsables acabarán pagando la fiesta de los que se arriesgaron, y si eso no desincentiva para siempre la prudencia financiera. La gasolina y el diésel ya vivieron un guiño parecido en el pasado.
Queda una predicción con reservas, y conviene dejarla con reservas porque el ciclo manda. Cuando el euríbor toque techo y las bajadas se acerquen, los bancos irán llamando a los hipotecados más ahogados para ofrecerles pasar a tipo fijo con una cuota menor. Muchos picarán. Y volverán a pagar por no entender el producto que firmaron, esta vez con la firma del banco como aval moral.