Cambiar el motor de tu coche dejará de ser legal: será irreparable
¿Qué se hace con un coche cuyo motor ha dicho basta? Hasta no hace mucho, la respuesta tenía dos palabras: desguace y recambio. La nueva legislación que se está discutiendo cierra esa salida. Un vehículo al que se le estropee el motor quedará convertido, en la práctica, en chatarra con ruedas. La norma apunta a los
coches de combustión y deja fuera, sobre el papel, a los eléctricos. Y vuelve el interrogante de siempre: ¿esto reduce emisiones o empuja a comprar un coche nuevo?
Qué cambia con la nueva normativa de cambio de motor
El planteamiento es de una simpleza brutal. Si un vehículo necesita un cambio de motor, se considerará irreparable. No porque sea técnicamente imposible —cualquier taller ha hecho decenas—, sino porque no se va a permitir. La sustitución completa del bloque queda fuera de la ley y tampoco se contempla instalar una unidad de segunda mano llegada de un desguace.
Hay quien afea que la norma ni se moleste en justificarse. Hay quien contesta que ya no hace falta justificar nada:
es lo que hay. Y hay un tercer grupo, más pragmático, que sospecha que el texto se ha redactado a sabiendas de que nadie lo va a aplicar tal cual.
Qué pasa con los desguaces y los motores de segunda mano
El golpe no es solo al conductor. Toca de lleno a desguaces, talleres de chapa, reconstrucciones mecánicas y vendedores de piezas usadas. Si los coches que entran en un centro autorizado se tienen que achatarrar, el circuito legal del repuesto se seca. Y el otro florece.
La cadena de sustitución que se describe tiene su lógica. Si no se pueden comprar motores sueltos, el taller tendrá que buscarse uno de forma discreta; el desguace lo venderá de tapadillo; el mecánico lo montará como si fuera el original. Todo funciona mientras nadie compruebe nada, y aquí conviene recordar que separar un motor cambiado ayer del que se cambió hace tres años es prácticamente imposible.
¿Se libran los coches eléctricos de esta regla?
El texto, según cómo se lee, se aplica a los térmicos. Ahí está el doble rasero que más chirría. Un eléctrico con cientos de miles de kilómetros puede haber cambiado ya su motor, y si llega el día en que falle, ¿se le obligará a chatarrar el coche y a deshacerse de una batería que aún sirve? La respuesta que circula es que no: la regla se pensó para los de combustión.
Fabricar un coche nuevo —y si es eléctrico, peor— contamina del orden de varias magnitudes más que reciclar y reparar el viejo. Es lo que sostienen quienes ven en todo esto una operación comercial disfrazada de ecología.
Del propietario al usuario: el fin de la propiedad del coche
Debajo del asunto hay un cambio de modelo. La propiedad del coche se diluye en favor del uso: flotas, alquiler, plataformas. El vehículo eléctrico autónomo encaja en ese guion sin apenas esfuerzo. El analista Marc Vidal lo resumió en un programa de
Cuarto Milenio con una frase que se cita mucho: «Vamos al fin de la propiedad. Vamos a usuarios del todo y propietarios de nada».
Alemania, la industria y la resistencia del diésel
La industria europea no es un bloque homogéneo. Una parte de las marcas va alineada con la agenda, pero hay quien sostiene que el peso del motor alemán acabará pasando factura, y se señala el giro de Alemania al volver a apostar por el diésel como prueba de que nada está cerrado. Renault, por su parte, aparece en la conversación como ejemplo de fabricante que asume la norma sin rechistar.
Qué pasa si tu coche se queda sin motor
En corto: o pagas un coche nuevo, o te buscas la vida fuera de la ley. Los conductores con un diésel viejo y bien mantenido son los primeros en notarlo, y algunos ya avisan de que piensan aguantar el vehículo hasta que se caiga a cachos. El mercado de segunda mano, que sostiene a buena parte de las familias con menos margen, es el que más tiene que perder.
El que quiera seguir conduciendo su coche de siempre hará bien en ir pensando dónde guardar el motor. O en confiar en que, dentro de unos años, conducir siga siendo una decisión propia y no un permiso que alguien le concede. Total, todo esto es por nuestro bien.