Sudán suma más de 150.000 muertos según las cifras que circulan en el debate
Mientras en el Mediterráneo se organizan flotillas para Gaza con cobertura mediática global, en Sudán se acumulan, según las cifras que se manejan en el hilo,
más de 150.000 muertos y 14 millones de desplazados desde abril de 2023. La pregunta que recorre los mentideros digitales es incómoda: ¿por qué nadie fleta barcos para El-Fasher? La respuesta corta es que no hay mar. La larga tiene que ver con quién decide qué tragedia merece un telediario.
El material que circula por redes muestra escenas de violencia extrema en Sudán, con civiles enterrados vivos y familias atacadas. Los vídeos son duros y la conversación derivó rápido hacia un asunto que trasciende el conflicto:
la selectividad de la indignación occidental. Hay quien sostiene que si las víctimas fueran de otra confesión, la reacción institucional sería otra. Es una tesis que se repite en cada crisis y que rara vez se somete a verificación empírica.
¿Qué está pasando realmente en Sudán?
El conflicto sudanés enfrenta al ejército regular contra las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un grupo paramilitar. Según el análisis que circula,
no es una guerra por territorios ni por religión, sino una disputa alimentada por potencias extranjeras que buscan controlar recursos estratégicos. Irán, Rusia, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos estarían financiando y armando a los bandos enfrentados. Lo que está en juego: el oro, las rutas comerciales y posiciones geopolíticas clave.
La cifra de víctimas mortales supera las 150.000, con 14 millones de desplazados, según las estimaciones que se citan en el hilo. En un solo ataque a un hospital materno murieron 460 personas, entre médicos, pacientes y niños, según un mensaje difundido en redes. Son datos que apenas ocupan minutos en los informativos, si es que ocupan alguno.
La doble vara de medir que nadie quiere admitir
La comparación con Gaza es inevitable y explosiva. Hay quien señala que
la ONU se horroriza con 100 narcotraficantes muertos en Brasil pero guarda silencio ante los más de 120.000 fallecidos en Sudán. La crítica no va contra las víctimas de ningún conflicto, sino contra la maquinaria mediática que decide qué dolor merece portada.
El Vaticano también entra en el punto de mira. Se le reprocha no haber alzado la voz con la misma celeridad que en otras crisis. Es una acusación recurrente que apunta a una hipotética dejación de funciones de la Iglesia católica en la esfera pública.
El papel de Israel y la confusión terminológica
En el intercambio se cuela un matiz lingüístico que conviene aclarar:
israelíes son los ciudadanos del Estado de Israel; israelitas, los del relato bíblico. La distinción importa cuando se habla de opinión pública israelí, donde hubo manifestaciones multitudinarias por la liberación de rehenes y también protestas contra la operación en Gaza, aunque de menor tamaño y con distinto encaje legal, según un participante.
La confusión entre ambos términos alimenta no pocos malentendidos en redes. Y de fondo, la sospecha de que el interés por unas víctimas y no por otras responde a cálculos geopolíticos, no humanitarios.
¿Qué pasa si los cristianos sudaneses huyen a Europa?
Aquí el tono se agria. Una parte del análisis sostiene que si los cristianos de Sudán llegaran a España en pateras, recibirían el mismo trato administrativo que cualquier otro migrante. Otra corriente ironiza con que
la solidaridad selectiva tiene fecha de caducidad cuando el refugiado llama a la puerta.
El debate sobre política migratoria se cruza así con el conflicto sudanés, aunque nadie aporta datos concretos sobre cuántos cristianos sudaneses han solicitado asilo en Europa. La discusión se mueve en el terreno de la hipótesis.
La flotilla que nunca salió de Barcelona
La pregunta original —si la flotilla ya salió de Barcelona hacia Sudán— tiene una respuesta obvia: Sudán no tiene costa mediterránea. La flotilla que sí existe es la que se organiza hacia Gaza, y su existencia misma alimenta la comparación. Quien pregunta por qué no hay una equivalente para Sudán ya conoce la respuesta:
porque no hay un puerto al que llegar.
Lo que queda es una crisis humanitaria de escala histórica, con más de 150.000 muertos según las cifras que se citan, que no genera ni una fracción de la cobertura mediática de otros conflictos. El dato que descoloca no es la cifra de víctimas. Es el silencio que la rodea.