Un café de hasta 3,92 euros y una pensión de 350
¿Cuánto cuesta realmente vivir en la Argentina de Milei? Las cifras que se manejan —desde un café de 1,60 euros hasta otro de 3,92— no cuadran con ninguna media, pero tampoco son invenciones. Un reportaje de
El Mundo sirvió de pistoletazo de salida; según el comentario que reprodujo un forero, quien lo firma, Sebastián Fest, toma café en los lugares más caros de Buenos Aires, y de ahí la imagen de una capital con precios europeos. La respuesta llegó rápido desde dentro del país: según ese mismo testimonio, el café, en la mejor cafetería de una ciudad media, ronda los 2 euros. El salario, en cambio, no se parece al español ni de lejos.
Ahí está el nudo del asunto. Argentina ha entrado en una fase en la que algunos precios medidos en euros se acercan a los de París o Nueva York, mientras la renta media sigue anclada muy por debajo de la europea. No es que todo sea caro ni que todo sea barato: es que el país se ha partido en dos velocidades que dependen de si uno cobra en pesos o mira la etiqueta con la calculadora del tipo de cambio en la mano.
La horquilla real del café: de 1,60 a 3,92 euros
Los datos que se manejaron dibujan una horquilla amplísima. En la zona centro de una ciudad, un café con leche se mueve entre
1,60 euros (2.000 pesos) y 3,15 euros (4.000 pesos), según el testimonio de un forero que dice recoger lo que le contaron allí. Una fotografía tomada el 10 de mayo en el norte del país mostraba una taza a
3,92 euros, la cifra más alta de las que aparecen en el debate. La conclusión es incómoda para quien busca un número único: el precio del café mide más el barrio que el país.
Lo mismo ocurre con la cesta de la compra. El coste de los alimentos se sitúa, según los testimonios recogidos, un poco por debajo del español, con horquillas que llegan al 25% o al 50% de diferencia en algunos productos.
Cuánto se cobra en Argentina frente a lo que cuesta la compra
Aquí es donde el relato se rompe. Según uno de los participantes, la
pensión media argentina se queda en menos de 350 euros al mes, una cifra ridícula comparada con la española incluso en sus tramos bajos. Según el mismo forero, una trabajadora que limpia casas y cuida niños entre diez y doce horas al día reúne
entre 1 y 1,2 millones de pesos mensuales. Quien tiene un empleo mejor habla de 1,5 a 2 millones. Un conocido con trabajo en Ezeiza, en el manejo de maletas, ronda los 2,5 millones. El salario mínimo, siempre según ese relato, se sitúa en torno a
2 millones de pesos más complementos de zona fría, y de ahí hacia arriba.
El problema de fondo, como resume otro participante, es que en Argentina no existe un salario promedio que signifique nada. Según su descripción, conviven universitarios con empleos precarios por 500 euros, personas que trabajan por 200 o 100 euros al mes y quien gana varios miles de euros con un negocio propio. La estadística se rompe por los extremos, y por eso cada conversación sobre precios acaba en una pelea sobre qué porcentaje de la población representa cada caso.
La cesta de la compra: del asado barato a la electrónica imposible
Hay ejemplos que ilustran bien esa dualidad. Dos milanesas con patatas fritas, seis empanadas y un alfajor por
12.000 pesos (menos de 10 euros para dos personas) en Mendoza. Vivienda a una cuarta parte del precio español. Gasolina por debajo del euro el litro. Asados, buen vino y restaurantes llenos. Frente a eso, máquinas, electrónica, medicamentos y muchos alimentos procesados son más caros que en Europa, con cadenas como Carrefour o Disco situadas en la parte alta de la tabla según quién mida; hay quien considera que Carrefour es de las más caras y quien sostiene lo contrario.
Luego está el factor que distorsiona cualquier comparación: el tipo de cambio. Con el
euro cerca de 1.700 pesos y el dólar en torno a 1.440, hay quien advierte que medir todo en moneda europea engaña, porque el euro está altísimo, y quien sostiene que los precios locales están referenciados a un dólar de 1.800 como mínimo. De ahí que los turistas encuentren gangas mientras el residente que cobra en pesos no ve ninguna.
El balance político: entre las luces y las sombras
Pasado más de un año y medio de gobierno, el juicio sigue dividido. Una parte defiende que el país está más ordenado, con menos piquetes y calles más tranquilas, y que el esfuerzo merecerá la pena. Otra sostiene que las reformas han sido mínimas, que Milei ha pedido un préstamo al FMI y que los precios nunca bajan en Argentina. El cálculo más optimista asume que el ajuste terminará cuajando; el escenario pesimista parte de que 70 años de desequilibrios no se arreglan en apenas dos años.
Con estos diferenciales entre precios y sueldos, la conclusión que saca cualquier observador es que el país no se mide por una taza de café, sino por quién puede permitírsela sin mirar el precio. Y eso, en Buenos Aires como en Madrid, sigue dependiendo de dónde vives y cuánto cobras.